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Fractura //// 28.09.2019
Amores bajo tratamiento de ausencia

En Así estamos, su nuevo libro, Fernando Caniza despliega su voz poética para desenmascarar el discurso vacío de estos tiempos y dar una respuesta precisa a ese balbuceo.

Por Norman Petrich

“Esta es la tierra muerta, esta es la tierra del cactus” dice T.S. Eliot en Los hombres huecos y ese parece ser el marco en que Fernando Caniza nos avisa que nos vamos a mover al leer Así estamos, libro de reciente aparición, editado por Alción.

Desde el primer poema que le da título al libro deja en claro que no se llega a ese espacio si no es a través de un tiempo, un corto pero poderoso tiempo en el que se nos invitó a la resignación, desde ese qué se le va hacer, las cosas son así que dice el jefe, donde se nos impulsa a que recibamos los golpes, a afrontar un derrumbe que no ha existido pero se nos indica que nos pertenece.

Y en la total comprensión del terreno por dónde se va a mover, Caniza elige entre el muestrario de posibilidades que la cita de Berger le deja a mano (La gente protesta (monta una barricada, toma las armas, se va a la huelga de hambre, se toma de las manos para gritar o escribe) con el fin de salvar el momento presente, sin importar lo que traiga el futuro.) aquella que le es más afín: la palabra.

Su posición está definida: No ayuda la mansedumbre, pasarse al bando de ganadores, tampoco ser el primero de la lista en el reparto de migajas. Porque diría, a riesgo de quedar atrapado en la lectura sesgada que prevalece en mi mirada, que Fernando llena de poesía (y de una que va de puños cerrados) esas tierra baldía creada por el discurso de esos “hombres huecos”, un discurso al que nos vemos arrastrados a reconocer como irrefutable por aquellos que imaginan palos, gases y balas de goma/ aún en los momentos más calmos y glamorosos.

La imagen puede contener: 1 persona, sentado y gafasNo se le escapa a esa palabra que Este presente demanda escucha atenta una respuesta precisa al rápido balbuceo y se empeña en deconstruirlo para dejar en evidencia lo que no se dice en lo que se dice. Forma parte del núcleo duro arremetiendo sin tregua para ser la risa que detiene los graznidos.

Es así como la voz poética deja en evidencia que el “crecimiento invisible” no parte desde los bolsillos, desde esos Ojos que no ven los rumores del éxito/ que no sienten el derrame de la copa/ la distancia entre el objeto y lo que resuena, sino desde un discurso que nos con-vence de que habíamos errado el camino y una vez asimilada la derrota comienza el odio sobre sí mismo, para ser Ojos que ya ven y sienten el crecimiento invisible.

Ser un “emprendedor” Cuando hace ruido la panza es encontrar un rebusque con el grito pelado o con una manta. Es también estar atento Cuando se escuchan las botas hacemos un gesto, una rápida carrera evita el precinto en las muñecas.

Pero a no quejarse porque estos grandes hombres huecos nos aleccionan que no es la queja lo que nos hará ricos y que en el riesgo está el valor lo que repetimos como si fuera un mantra. Confiar en lo que hacemos, en la astucia que nos caracteriza, algo que no puede fallar. El resto, que se arreglen como puedan.

Es un terreno donde Pararse frente a un escaparate/ concentra una vasta hilera de dudas, porque aprender el arte del equilibrista no es tarea sencilla cuando Se puede aunque no está claro si se debe y descubrir allí, entre los números rojos y azules que zurcen los bolsillos que tal vez sería mala una/ rendición de cuentas/una rendición/a secas. Es que así, al igual que el personaje de Vallejo que se preguntaba cómo hablar del noyo sin dar un grito, es imposible liberarse de culpas, es imposible elevarnos/hasta la cúpula disfrutando/ de un buen paseo de compras.

Arremete contra la asepsia, esta voz; contra esos vecinos negadores del Tao/ que blanquean su desprecio, tapan con pintura ideas sembradas en muros.

Pero no todo es desesperanza en este lugar donde el amor está bajo tratamiento de ausencia, un indicio nos ubica /en las proximidades de otro comienzo,/ la certeza de que podremos reconstruirnos, porque Lo que incita a la desobediencia/ no es la llegada del hombre nuevo/ ni las promesas celestiales sino las manos firmes que empujan/la incansable vuelta al principio/ cada vez más cerca de otro/ advenimiento liberador.

Y de repente descubrimos que, en ese lugar donde cualquier afirmación en derrota representa un salto al vacío/ un paradigma cuestionado/una verdad en segundo plano/que pocos escucharían, se resquebraja el discurso vacío ante la incursión de la palabra poética y la mirada se detiene en los ojos del resto que empiezan a ver un final predecible/ como si fuese un guión escrito/para la industria del pochoclo.

Se redescubre el silencio reparador en cuya profundidad hay algo que nace mientras algunos/ imaginan aplausos en otra parte.

Se desvanece el discurso hueco ante el pueblo que le quita el cotillón la alegría reparadora, hasta que ocupan/ cada espacio, cada rincón emancipado/donde se levanta un triunfo.

Nos queda averiguar hasta dónde se quiere/ que el límite se desplace cómo se hace para que el esfuerzo signifique/ preguntas inesperadas, señales para/mezclarse con el viento,/aire fuerte que no sea un afuera.

Biografía:

Fernando Gabriel Caniza nació en la ciudad de Buenos Aires. Es licenciado en Ciencias de la Comunicación. Como periodista ejerció en diarios y revistas, también es docente universitario, escritor y gestor cultural. Publicó el libro Así estamos (Alción, 2019, Córdoba, Argentina), A nadie le importa (La Gran Nilson, 2016, Buenos Aires, Argentina) y Luces de hospital (Araña Editorial, 2004, Valencia, España). En gestión cultural está a cargo de la curaduría del ciclo de lectura Transpolar poesía+narrativa (2013, hasta la actualidad).