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Economía //// 01.11.2010
Cristina tiene una economía muy diferente de la de 1974

Capital Federal (Agencia Paco Urondo, publicado en El Cronista Comercial) La muerte de Néstor Kirchner ofrece una imagen de desamparo a una militancia que creía en su proyecto, cuya máxima expresión es el actual gobierno de Cristina Fernández, sus esposa y compañera en todos los diseños y arquitecturas de poder político. Esta desaparición y los interrogantes que abre pensando en el futuro, obliga a rastrear antecedentes o semejanzas en el pasado argentino. ¿Existen procesos parecidos, momentos de tristeza y de incertidumbre como los que estamos viviendo?

Es en el interior del peronismo donde podemos encontrar algunos rasgos que para algunos podrían igualarse, pero que nada tienen que ver. Quizás habría que rastrear el momento en el que falleció el líder máximo, Juan Domingo Perón, el 1 de julio de 1974. Su viuda, Isabel Martinez, mostró entonces un rostro mezcla de angustia y parálisis, de desconcierto y soledad. La rodeaban seguidores fieles, pero en medio de un sangriento enfrentamiento entre los mismos peronistas, las manipulaciones siniestras de José López Rega, la impunidad asesina de las Tres A que encontraban un techo protector en el Ministerio de Bienestar Social, la ruptura definitiva del Pacto Social, una profunda crisis económica, el ataque enceguecido de las agrupaciones guerrilleras y la mirada inquisidora y vigilante de los jefes de las Fuerzas Armadas.
En 1974 la ‘Inflación Cero’ de José Gelbard estaba agonizando. La corrida de los precios del petróleo importado había consumido dos tercios de las reservas en divisas argentinas disponibles. Ese mismo mes de julio el Mercado Común Europeo impuso la veda a la entrada de carnes argentinas, perdiendo el país un mercado consumidor de primer nivel. Se sobrefacturaban importaciones, se subfacturaban exportaciones, crecía el mercado negro y el desabastecimiento, se multiplicaba la evasión impositiva. Todo impactaba en los precios y crecían las presiones sindicales por mejoras salariales. El Ministerio de Economía detectó en esas semanas una evasión de capitales muy importante en los valores de entonces: 2.000 millones de dólares, que se sumaron a los 10.000 millones de dólares de argentinos depositados en cuentas en el exterior antes de 1973. La realidad económica era calamitosa: la industria denunciaba descapitalización, el agro cuestionaba porque se sentía excluído, los obreros reclamaban incrementos de salarios y el rojo de las cuentas fiscales era significativo. La deuda externa del país bordeaba ya a fines de 1974 los 8.000 millones de dólares (capital e intereses), un 14 por ciento más que en 1973. Economistas y empresarios clamaban por una urgente ayuda del Fondo Monetario Internacional para salir del atolladero.A don Alfredo Gómez Morales, reemplazante de Gelbard, le sucedió Celestino Rodrigo, un candidato de López Rega. La noche del 4 de junio de 1975 Rodrigo anunció un paquete de medidas ( cuyo ideólogo había sido Ricardo Zinn y equipo) que concluyó en un terremoto político. El ‘Rodrigazo’ implicó una devaluación del 100 por ciento, un incremento de los combustibles del 175 por ciento, aumentos de 80 al 120 por ciento en la luz y en los transportes. La tasa de interés se elevó al 50 por ciento en los créditos de corto plazo. Por supuesto: fue el derrrumbe de parte de la clase media y el empobrecimiento vertiginoso de vastos sectores de la población.Hoy por hoy, la presidenta Cristina Fernández está en una situación ideal. El nivel de reservas supera los 50.000 millones de dólares, hay capacidad política para destruir todos los factores de riesgo que puedan existir: inflación, cuentas públicas desequilibradas, entendimiento social. El país creció a ritmo sostenido entre 2003 y 2008 y bien podría recuperar la mecánica que permitió aquel proceso de optimismo. Por eso mismo, de ahora en más se requerirá ecuanimidad, diálogo entre los representantes de la clase dirigente y planes de largo plazo, con el mayor consenso posible. (Agencia Paco Urondo)