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Dossier //// 19.01.2018
¿Por qué vuelve la psicodelia?

El movimiento contra-cultural que tuvo origen en los 60, se vió potenciado por el descubrimiento de Albert Hoffmann. Aquel primigenio viaje en bicicleta sería también el punto de partida para manifestaciones anti-belicistas, movimientos pacifistas y la música de fondo de la revolución sexual, cultural y política que muchas décadas después sigue influenciando nuestra cultura. ¿Por qué insiste en volver?

Por Rodrigo Lugones

El consumo de ácido en Argentina y el mundo subió en los últimos años y, con él, reapareció la psicodelia. Una nota publicada en Clarín, basada en un informe de la ONU, sostiene que la Argentina es el país de Latinoamérica donde se incauta mayor cantidad de LSD, La Nación hace lo propio reavivando viejas polémicas alrededor de los usos terapéuticos de las sustancias alucinógenas y la nunca olvidada y siempre patética: “Guerra contra las drogas”.

Actualmente hay en circulación un nuevo tipo de ácido. Sintetizado en el 2003, el 25-i NBOMe (derivado de la feniletilamina, de la cual se extraen las anfetaminas), nos devolvió el furor de la experiencia hippie, aunque no sin una peligrosa factura que analizaremos en una interesante entrevista a Enzo Tagliazucchi, (físico, neuro-científico y especialista en drogas de diseño).

La pregunta es: ¿Por qué, hoy, estamos viviendo el auge de la nueva psicodelia? Entendemos que el gran movimiento político-cultural que dominó la escena de los 60 retorna porque sintomáticamente, al repetirse, busca ser re-pensado. Siempre que los sacerdotes y policías del yo juzgaron el uso de sustancias alucinógenas fueron categóricos: “Las drogas son para escapar del mundo o para autodestruirse”.

Esta idea impide pensar al ácido como motor de una búsqueda subjetiva trascendental. Como una experiencia que nos pone cara a cara con nuestro propio ser (con toda la oscuridad y la luz que emana de su interior). No asombra la defensa sistemática del orden de realidad del pensamiento dominante. Cualquiera que busque cuestionar la realidad, cualquier disidente subjetivo, en éste sistema punitivo, será castigado (lo sabemos).

 Un mundo que avanza en su propia autodestrucción al ritmo frenético del desarrollo del tecno-capitalismo, por definición, no tiene nada que ver con los estados alterados de conciencia que nos invitan a ser uno con la tierra, a encontrarnos en el otro y experimentar nuevos órdenes de verdad, justicia y amor (las ideas que fundaron la cultura rock).

Es conocida la anécdota (nunca sabremos si es verdadera o puro mito de orígenes) en la que Bob Dylan les convida el primer porro a los Beatles (allí, se supone, florecieron los primeros acordes de lo que terminó siendo la música psicodélica). A partir de ese momento, retroactivamente, escuchando la música de hoy, podemos decir que todo rock contemporáneo es new-psicodelic, aunque no lo sepa (el post-rock puede dar cuenta de ello).

La aparición histórica de una nueva droga suele tener relación con el nacimiento de una nueva manifestación artística. En la música popular, cada género encontró su sustancia. Hoy, amparados en una gran tradición ideológica que sostiene autores como Aldous Huxley, Timothy Leary y Terence Mckeena (cuando no a novelistas como William S. Burroughs, Ken Kesey, Tom Wolfe, Hunter Thompson, y muchos otros hedonistas de la decadencia o lúcidos filósofos de la percepción y los estados alterados de la conciencia) los jóvenes buscamos las llaves químicas que pueden liberar un espacio misterioso, siempre enigmático y no poco complejo, como la mente humana.

 Una cultura que promovió la paz, la no violencia y el reencuentro del hombre con la tierra (en un sentido muy similar al que proponen Evo Morales y la sabiduría de los pueblos originarios latinoamericanos), retorna para hablar de lo que es preciso que no olvidemos. La necesidad de recuperar un entorno menos hostil para el espíritu humano, un espíritu que acepte la vibración de la vida, el sonido de la tierra y la serenidad que transmite el pulso solar cuando proyecta sus rayos contra la rugosa piel del mundo, resurgen. Llegan, una vez más, a un planeta donde la máquina parece haberle ganado al hombre, un mundo donde se produce, diariamente, una tecnológica orgía de muerte. La calma, la reflexión introspectiva, la posibilidad de pensar(nos), vienen a chocar contra las ideas dominantes presentes en ésta, nuestra época.

Vienen a disputar ideológicamente el sentido a un mundo arrasado por la aniquilación, el hambre y la desigualdad, donde el hombre es devorado por el disparo de mil novedades, y donde un ritmo maquínico destruye la vida y marca los cuerpos con una tiranía subliminal: aquella que sella la muerte del afecto. El rock and roll (que nació para ser salvaje) aunque fue adoctrinado por la maquinaria perversa del mercado, propuso otra vida. Propuso abandonar los estándares del confort, propuso “activar, sintonizar y desertar” de un sistema donde las garantías son ofertas para vender el alma y las certezas son un enjambre de sueños derrotados. No volvamos a olvidarlo.

Los 5 discos de Nueva Psicodelia que recomiendo para un buen brevet:

In Rainbows – Radiohead

The Empyrean – John Frusciante

De-Loused In The Comatorium – The Mars Volta

An Awesome Wave - Alt – J 

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The Wilderness - Explosions in the Sky