Dossier //// 19.01.2018
"Fumar sapo": la experiencia que Patricia Bullrich cree estar combatiendo

A pesar de las persecución a usuarios de sustancias psicoactivas, el consumo de compuestos como el 5-MeO-DMT, presente en una toxina de una variedad de sapos, se torna más accesible entre sectores de poblaciones urbanas.

Por Jorge Giordano

En mayo de 2016, la ministra de Seguridad Patricia Bullrich anunció los resultados de la denominada "Operación Kambó". Nueve personas fueron detenidas, acusadas de ser integrantes de una banda que elaboraba alucinógenos en base a hongos y "veneno de sapo", dispuestos a venderla en una fiesta de música electrónica. Inclusive, uno de los detenidos era "un famoso DJ". Las palabras de la ministra intentaban echar luz sobre la novedad: "es una nueva forma de comercialización de estupefacientes, alucinógenos, hongos, que poco se habían conocido en la Argentina (...) con la utilización de animales como el sapo Kambó, conocido en el Amazonas, utilizado para extraerle, luego de un proceso de tortura, un veneno que saca como sistema de defensa frente a la agresión que sufre". 

Como sucede frecuentemente, lo que dijo Bullrich no es verdad. El Kambó no es un sapo, sino una rana. Los efectos de la toxina no son justamente los deseados para una fiesta: nadie quiere tener diarrea en una rave. La sustancia es utilizada a manera de purga, que también produce náuseas y vómitos. Es aplicada mediante quemaduras en la piel, y utilizada para mitigar molestias físicas. La sustancia que Bullrich podría haber incluido con los alucinógenos es otra, proveniente de México. Más precisamente, del desierto de Sonora: el sapo Bufo Alvarius.

"Estás en la mejor moto del mundo, acelerando. Sentís el viento en la cara y en los brazos, a una velocidad que nunca antes conociste. La conciencia del tiempo y el espacio se estira tanto que sentís que no podés respirar. De repente, te desintegrás y sos parte del universo."

La experiencia de "fumar sapo" es muy intensa, y también disponible en nuestro país. Junto a otras treinta personas y un facilitador, Matías inhaló la sustancia en una pipa de vidrio. "Conocía sobre la experiencia desde hace años, sé que es algo que tiene mucho poder. Me interesa la cosmovisión que hay alrededor del sapo". 

El viaje en sí duró unos diez minutos, un contraste importante respecto a los procesos disparados por sustancias más conocidas como la ayahuasca, que pueden extenderse durante horas. Durante todo la experiencia, Matías sintió una suerte de "hiperconciencia" de su propio cuerpo. Recuerda haber girado en círculos tirado en el piso, de manera frenética. Se sacó la remera, en coincidencia con uno de los efectos que causa la sustancia: el aumento de la temperatura corporal. Otros afirman sentirse "viajando en una flor de loto", sin noción de la distancia o dirección, o ver y escuchar relámpagos de colores. Cada viaje es tremendamente personal. Lo han definido como el LSD, pero multiplicado por un millón.

Una vez que el clímax terminó, en la "bajada" Matías se enfrentó con su facilitador. Se puso cara a cara, mirándolo intensamente. Luego procedió a masajearle la cabeza al guía. La nariz, las mejillas, la frente, el cuello. El guía se dejó. Cuando todo terminó, se abrazaron. 

Matías afirma que los efectos del sapo se extendieron más allá del pico místico que vivió, comportando un cambio más trascendental: "Sentí un reseteo en el cerebro. Después de eso no tomé más alcohol ni fumé más tabaco". 

Un Dios adentro

La variedad de sapos "Bufo Alvarius", al sentirse en peligro, secreta un líquido de sus glándulas parótidas. La recolección de esta toxina se realiza presionando la glándula y acercando un vidrio o un material rígido que se impregna con el líquido, para luego proceder al secado. Ese producto es el que luego se consume, usualmente fumado en pipas de vidrio. 

La toxina del Bufo presenta dos variedades de triptaminas: la bufotenina y el 5-MeO-DMT. Este último compuesto es clasificado cómo un enteógeno: una sustancia psicoactiva, que etimológicamente refiere a "llevar un Dios adentro", utilizado en contextos espirituales, ritualísticos o chamánicos.

Enzo Tagliazucchi es físico, neurocientífico y especialista en drogas de diseño, investigador del CONICET en el Instituto de Física de Buenos Aires. Afirma que el consumo de 5-MeO-DMT "resulta en experiencias mucho menos visuales que la ayahuasca, las cuales no pasan predominantemente por cambios en la percepción sensorial sino cambios más abstractos en la conciencia, que incluyen sensaciones de disolución, fragmentación, desplazamiento en el tiempo y en el espacio". 

El científico señala que "también genera sensaciones mas intensas en lo físico, que incluyen estrés corporal y alteraciones cardíacas. Frecuentemente se reportan convulsiones, espasmos musculares, desmayos, desorientación, cambios en la temperatura corporal y la respiración. Este tipo de cambios fisiológicos son muy poco frecuentes en otros psicodélicos como el DMT y el LSD y son típicos del 5-MeO-DMT".

Debido a su denominación, el 5-MeO-DMT es frecuentemente confundido con el DMT, otra especie de triptamina conocida por ser el núcleo de la experiencia de la toma de ayahuasca. Tagliazucchi advierte sobre esta confusión: los efectos de ambos compuestos son muy diferentes. "No es recomendable consumir 5-MeO-DMT de manera oral, ya que conlleva mayores peligros que el DMT y resulta en experiencias con más carga corporal y mas difíciles desde lo psicológico. El DMT usualmente resulta en experiencias altamente visuales y significativas desde el punto de vista personal o espiritual. Frecuentemente se citan experiencias que incluyen comunicación con 'entidades'. Las experiencias con DMT pueden ser difíciles pero generalmente resultan significativas e incluso agradables", señala.

Las vivencias que involucran Bufo Alvarius, ayahuasca y compuestos similares son organizadas de manera clandestina en nuestro país, con un costo económico para quien lo consume. Matías, por ejemplo, pagó 2700 pesos para fumar la secreción del sapo. Algunos de los grupos que comercializan estas sustancias las promocionan como "terapias sanadoras" o incluso como "último recurso" para rehabilitación de adicciones. 

Tagliazucchi es preciso al respecto: "El 5-MeO-DMT no es un veneno, es un fármaco, y es posible consumirlo en situaciones en las cuales sus riesgos se encuentran minimizados". Pero señala que "existen muertes documentadas por consumir 5-MeO-DMT en combinación con otros ingredientes que se encuentran en la ayahuasca".

Respecto a las presuntas virtudes sanadoras de estas sustancias, afirma: "No conozco hasta la fecha ninguna evidencia científica rigurosa de que el 5-MeO-DMT presenta posibles beneficios para pacientes con trastornos neuropsiquiátricos, incluyendo el tratamiento de adicciones. En cambio, sí existen reportes científicos de que el consumo de DMT por vía oral en ayahuasca puede presentar efectos antidepresivos y también ayudar en el tratamiento de adicciones".

Estas experiencias, antes reservadas a comunidades indígenas a lo largo y ancho del mundo, hace décadas que se han tornado cada vez más accesibles para ciertas capas de las poblaciones urbanas. Ya ni siquiera es necesario realizar un "viaje a la selva" para probarlas. 

Como planteó el crítico Mark Fisher: vivimos en un mundo en el que el surgimiento de una alternativa al cálculo hiper-racional del capitalismo resulta prácticamente impensable. En este contexto, muchos se vuelcan a un intento de conexión doble: con lo ancestral y proveniente de la tierra, y con el plano creativo y emocional, sofocado por las condiciones de absoluta inestabilidad que atraviesan todos los órdenes de la vida, desde lo laboral hasta lo afectivo. El teórico Fredric Jameson afirmó también que "ninguna sociedad ha estado nunca tan estandarizada como esta, y la corriente de temporalidad humana, social e histórica no ha fluido nunca de modo tan homogéneo". 

La disponibilidad de estos compuestos psicoactivos en contextos urbanos abre múltiples preguntas. ¿Estos nuevos consumos se producen como un escape a la homogeinización? ¿O la homogeinización posibilita que jóvenes de la ciudad fumen las toxinas de sapos mexicanos?

"Después de haber fumado me siento tranquilo, en paz", afirma Matías. En medio de esta encrucijada, brinda una conclusión sobre su experiencia, a contramano del creciente número de casos de trastornos de ansiedad que se registran en las sociedades modernas: ."Siento como que si me muero mañana, me puedo morir tranquilo".