Debates //// 03.06.2019
El candidato es el trabajo

La autogestión se convirtió en una referencia del mundo obrero sobre todo desde la crisis de 2001. El sector mantiene férrea resistencia al neoliberalismo macrista y resulta en experiencias y demandas a incluir en el programa de un futuro gobierno popular.  

Por Francisco Martínez (*)

El escenario político que ha quedado luego del anuncio de la Presidenta Cristina Fernández sobre su candidatura a la vicepresidencia, eligiendo a Alberto Fernández como candidato a presidente, nos ordena para ir a recuperar, voto mediante, en plena democracia y muy a pesar de lo que muchas y muchos suponían, ni más ni menos que el Estado.

No me corresponden, y seguro a nadie le interesan, posicionamientos individuales sobre individualidades. Mucho menos el mío. Es una cuestión orgánica política tanto como una manera de pensar y de vivir. Pero algunas desordenadas impresiones quisiera compartir.

Soy peronista. Dentro de ese maravilloso espacio de amor e igualdad soy de la rama kirchnerista. Néstor y Cristina me han representado de la mejor manera. Cierto que no todas y todos en sus equipos de trabajo, pero por ahí lo que a nosotros podía fastidiarnos se resarcía con seis millones de puestos de trabajo generados por todos los ministerios.

Es muy emocionante recordar a Néstor relacionado a empresas recuperadas, como en el caso de los tractores Pauny/Zanello en Las Varillas, en Córdoba, o como lo actuado en la ex Gatic Adidas, hoy Textiles Pigüé, de la cual tengo el honor de ser socio fundador, presidente durante nueve años y su actual director.

Es gratificante recordar, y con el adicional de verla pronto nuevamente en acción, la postura de una mujer como Cristina, parada ante los hombres y mujeres más sobresalientes del mundo, poniéndose a la altura y, cuando no, superándolos en la defensa de los intereses de la Nación Argentina y su relación con el planeta.

Entonces está muy bien: es Alberto Fernández nomás, eso quiero decir simplemente.

Han pasado tres años y medio de la asunción de Mauricio Macri. No hice catarsis ni la hago porque por suerte estaba con las Madres ese 10 de diciembre nefasto para la historia de nuestra Nación. Ya desde el minuto cero se plantaron ante el poder real, ellas en su Plaza de Mayo, y como yo suelo hacerles caso a los organismos de derechos humanos, ni me hizo falta analizar cuál iba a ser la jugada de estos impresentables en el gobierno.

Entonces, ante el inminente peligro que nos acechaba, nos empezamos a organizar, con muchas discusiones internas en nuestras organizaciones de base. Todavía seguimos teniéndolas, nada más sano. Pero esta jugada ya la habíamos visto, hace poco tiempo nomás, de ahí surgieron las mayorías de las empresas recuperadas. Hablo del 2001.

Lo hicimos en el marco de seguir demandando al Estado políticas públicas para el sector mientras intentábamos producir. Lo hicimos pagando mil por ciento de aumentos en las tarifas energéticas: hoy, para mejor ilustración de ustedes, en la textil se paga más de un millón de pesos por mes entre luz y gas. Lo hicimos casi reciclándonos para seguir funcionando: incluso las empresas y fabricas sujetas de crédito, estábamos afuera del sistema de créditos con tasas de interés al 70 por ciento, entonces las inversiones en tecnologías y materias primas siguen esperando, lo logramos siendo la mayoría de las veces variable de ajuste los obreros y obreras. Así de doloroso se lee, así de doloroso se siente.

Lo conseguimos por sobre todas las cosas con mucha solidaridad y conciencia de clase, muchas veces ofrendando un día de trabajo de autogestión a la lucha de todos los sectores de trabajo, principalmente de nuestras queridas maestras y queridos maestros, sin preguntarle a ningún patrón ni a ningún sindicalista si podíamos ir. Pequeñas delicias de la autogestión obrera.

Pero muchas veces sentí y hablamos con los demás amigos y amigas del sector, que lo hemos hecho sin acompañamiento. La dirigencia política no ha sabido escuchar -o, para ser menos duro, tal vez no supo interpretar- nuestros pareceres sobre la economía, el trabajo y la producción.

Muchas veces he sentido que del otro lado del teléfono no solo a veces no había respuestas sino que además, ni preocupación por la suerte de muchas y muchos. Que una –por suerte- minoría de dirigentes se olvidaron de lo colectivo para preocuparse por cómo sostenerse en sus cargos, que deshonran por cierto, y caer parados o paradas por supuesto en las boletas electorales, sin que se le conozca la voz. Y mucho menos, imaginarán, de presentarse a ver qué onda con los compañeros y compañeras en las fábricas que pagan millones por año en servicios y sostienen los puestos de trabajo, con una dignidad y compromiso que es reconocida en el mundo entero.

Bueno, aceptar que caigan parados a representarnos algunos y algunas otra vez, vaya y pase, es la política del acomodo que siempre pasa, a los empujones unos, haciéndose los distraídos otros. Esta vez, sí que les queremos escuchar la voz: no se preocupen, pasen y vean como resistimos, pasen si gustan compartir necesidades diría Larralde.

Solo pido que estos errores, a futuro, no se nos puedan volver a presentar. Esta vez, menos televisión y más calle. Menos foros y más fábricas. Menos ágapes y más empresas. Menos gritos y más paciencia. Menos lapicera para armar rosca y más para escribir proyectos.

Pertenezco orgullosamente a ACTRA (Autogestión, Cooperativismo, Trabajo), federación de empresas recuperadas y cooperativas con base en la provincia de Santa Fe, en Rosario. Todas las unidades productivas que la conforman están en efectivas manos de sus trabajadoras y trabajadores. Algunas, como La Cabaña, se dieron el lujo de inaugurar una nueva planta en General Lagos. Su presidenta, mujer valiente, Edith Encinas es su nombre, es además la presidenta de mi Federación, que dicho sea de paso, todavía espera su matrícula nacional para funcionar correctamente.

Todas, más allá de coyunturas o ciclos de mercado inestables, en estos quince años pudieron no caer en la tentación de olvidar las estrategias por sobre lo inmediato y entonces, con la plantas en pie y con su cronograma organizacional presente, esperarán los cambios de rumbo económicos en los que se deberá trabajar desde el próximo gobierno para definitivamente dar el salto de calidad esperado y crecer con inclusión generando más puestos de trabajo otra vez. El anuncio del equipo económico de la dupla Fernández-Fernández me entusiasma, por cierto.

Milito además con GESTARA (Grupo de Empresas Sociales y Trabajadores Autogestionados de la República Argentina) y soy parte de su organización. Me han acercado las nuevas formas de autogestión que representan y su seriedad ante el mercado de cada una de sus expresiones de trabajo y producción. Con muchas dificultades pero sin descansar sigue creciendo y las tiendas de la economía social que instalan en diferentes lugares del país ya dan que hablar por la belleza de los productos que las emprendedoras allí ofrecen.

Éstas y muchísimas otras organizaciones sociales deben ser escuchadas. Muchas han crecido en sus experiencias y han soportado en las calles, estoicamente, en una lucha desigual y cada vez que fue necesaria, esta persecución inaudita a la industria nacional. Deberán definitivamente ser tenidas en cuenta a la hora de diseñar los carriles por donde pasará en parte la recuperación del empleo a través de la economía de trabajadoras y trabajadores.

Porque es justo, ni más ni menos. Que los mejores hombres y mujeres de la economía social, solidaria, popular y feminista sean partícipes de aportar su experiencia para el proyecto nacional, será recibido con mucho entusiasmo por un sector que cuenta entre sus filas con la fuerza de trabajadoras y trabajadores y el acompañamiento también fuerte de profesionales de todas las ramas e intelectuales del saber académico popular. Tenemos demandas y deben ser atendidas. Pero tenemos proyectos y se los queremos compartir.

No es un espacio, éste de la gestión obrera, sencillo. Tiene muchas dificultades conocidas al detalle. No hay estatuto para el sector, no hay seguridad social importante, no hay caminos financieros lógicos, ni ahora ni antes, para producir. Entre varios ítems más. Hay que dar solución a estas demandas, necesitamos abrir caminos de diálogo para lograrlo. Necesitamos potenciar el cooperativismo para así poder recibir en bases sólidas a más compañeros y compañeras.

Por eso sostengo y me permito suponer por mis compañeras y compañeros que el candidato es el trabajo. Esperemos que Alberto Fernández represente justamente y ni más ni menos que eso, el trabajo.

Mientras tanto, sigamos llenando los espacios políticos, sindicales y gremiales de discusión. Llenemos de proyectos y reivindicaciones de trabajo a todos los equipos de gobierno de los próximos funcionarios, funcionarias y dirigentes, que tendrán la ardua tarea de reconstruir un país en llamas. Necesitamos de su ayuda. Necesitan nuestra ayuda.

Estuvimos, estamos y estaremos.

¡Siempre Venceremos!

(*) Francisco Martínez es socio fundador, expresidente y actual director de la Cooperativa de Trabajadores “Textiles Pigüé”, que recuperó en 2004 la fábrica que Gatic SA poseía en Pigüé, en el sudoeste de la provincia de Buenos Aires. La experiencia pigüense, que incluyó la escrituración de sus plantas, se convirtió en una de las referencias nacionales del sector de la autogestión.