fbpx La familia del acusado de matar a un colectivero denuncia a la Bonaerense
DDHH //// 07.12.2010
La familia del acusado de matar a un colectivero denuncia a la Bonaerense

Capital Federal (Agencia Paco Urondo, publicado en Tiempo Argentino por Sebastián Hacher) Es un empleado de una empresa de cátering. El día del hecho iba a trabajar cuando un policía lo detuvo a los golpes. La justicia lo procesó por el crimen. La esposa asegura que “armaron la causa” y que no existen pruebas sólidas en su contra.

La que está al frente de la movilización es una mujer menuda, de 30 y pico de años. Se llama Susana Fleitas y es la esposa de Alejandro Bordón, el único detenido por el asesinato del colectivero Juan Alberto Núñez, que el pasado 5 de octubre paralizó al país. La víctima era chofer de la línea 524 y murió de dos disparos cuando iba rumbo a su trabajo en Monte Chingolo. Sus compañeros hicieron un paro que durante media jornada dejó sin colectivos a toda la Capital  Federal y el Conurbano. La medida se levantó cuando la Policía Bonaerense anunció que el crimen estaba resuelto. Los voceros policiales dijeron que había sido “un hecho pasional”, y que el autor –un marido despechado– estaba detenido luego de matar al amante de su esposa.Dos meses después, la que fue señalada como la mujer que originó la supuesta disputa, levanta un megáfono y habla. “Yo soy la esposa de Alejandro Bordón, acusado de asesinar a un colectivero. Mi marido es inocente. Dijeron que teníamos antecedentes y es mentira. Dijeron que yo tenía relación con el chofer y no lo conocía. Dijeron que mi marido era un asesino, y estaba yendo a trabajar como todos los días.”
 
(Agencia Paco Urondo)
Monte Chingolo es un barrio de casas bajas y varias calles de tierra. La vieja estación de tren –reconvertida en plazas, en corralones, en canchas de fútbol– marca la frontera entre un barrio y otro. Hacia allí marchan 40 vecinos. Alejandro Bordón fue detenido minutos después del crimen, a pocos metros de allí. Un policía del barrio que había escuchado disparos se subió al colectivo en el que él viajaba y lo redujo a golpes. Más tarde, ese agente –que a esa hora estaba volviendo a su casa– dijo que otros vecinos habían visto todo y que Bordón había intentado escapar cuando le dio la voz de alto.Para la familia del detenido, en cambio, lo que hubo fue una serie de coincidencias que cayeron sobre la suerte de Bordón y le sumaron una desgracia más a la muerte del chofer.
Aquella mañana, el colectivero Juan Alberto Núñez iba a trabajar como todos los días. Ya había sufrido un asalto antes y sus compañeros lo escucharon decir: “No va a haber una segunda vez.”  Una cuadra antes de llegar a la terminal de la línea 524 se cruzó con alguien que le disparó a quemarropa con una 9 milímetros y huyó sin robarle nada.Casi en el mismo momento, Alejandro salía de su casa rumbo a la empresa de catering del Aeroparque Jorge Newbery en la que trabajaba. Todas las mañanas repetía la misma rutina: se armaba un bolso pequeño con lo indispensable, tomaba unos mates, y a las 4:30 de la madrugada se iba a esperar el colectivo. Como a esa hora Monte Chingolo no es un lugar amigable, prefería no quedarse quieto y caminaba de una parada a otra. Si el 524 llegaba primero se iba en ese, pero si antes pasaba algún otro, subía igual. Lo importante era viajar rápido al centro de Lanús y no perder el micro de la empresa que lo llevaba hasta el aeropuerto junto al resto de sus compañeros.Según contaría luego Bordón, aquella mañana vio que venía el 524 y retrocedió hasta la parada. Llegó justo, casi con la lengua afuera. Cuando ya estaba arriba del colectivo subió un hombre armado y lo agarró a golpes. Pasaron unos minutos hasta que entendió que era un policía y que lo estaba deteniendo.
En los canales de noticias, en tanto, el crimen de Núñez se convertía en el hecho del día. “Hay más de 20 mil compañeros con sus familias en juego, los asaltos pasan y nosotros no estamos ajenos a esto”, dijo uno de los delegados de la Unión de Tranviarios Automotor (UTA) cuando convocó el paro. Esa misma tarde, el gobierno de la provincia se reunió con el gremio y anunció que se aceleraría la instalación de los “botones  antipánico” en los colectivos de circulación nocturna.
En paralelo, el jefe la Departamental de Lanús, Guillermo Britos, dio su versión de los hechos. “Todo lo que se ha investigado hasta el momento indica una hipótesis pasional”, dijo.  Más tarde,  relató que el colectivero “fue abordado por Alejandro Bordón, de 44 años, quien le impactó un disparo de arma de fuego en su región interzonal derecha”. Y agregó que en el lugar había un policía que vigilaba la zona y que, al escuchar el disparo, “persiguió al hombre y lo detuvo a tres cuadras cuando intentaba subir a otro interno de la línea 524”.
Entre las pruebas que en teoría incriminan a Bordón, la justicia señaló que tanto la víctima como el detenido se comunicaban al mismo número de celular, algo que según su defensa es mentira. La misma noche de la detención los vecinos se movilizaron hasta la comisaría 6ª de Monte Chingolo. Esas marchas se repitieron de distintas formas: gente que se ofreció para testimoniar en la causa, juntadas de firmas y otros que se organizaron para que al detenido nunca le falte comida. El jueves pasado, cuando su familia decidió cortar una de las calles del barrio, se sumaron varios de sus compañeros de trabajo y decenas de vecinos.
“Los conocemos desde siempre. Ella tenía 14 años cuando formaron la familia. Siempre nos preguntamos si iban a durar, y duraron un montón. No se los puede ensuciar así”, dijo Claudia, una mujer que se crió en la misma cuadra que Alejandro. Antes de movilizarse, la mujer del detenido –que se mueve con la prudencia de quién no conoce de expedientes y medios de comunicación– dio un paso que había meditado durante días: se reunió con los delegados de la línea 524.
La respuesta la sorprendió. “Nos preguntaron por qué no habíamos ido antes: entre los choferes se enteran de todo, y sabían que Núñez no tenía ninguna amante. Nos ofrecieron apoyo, porque ellos también quieren que el crimen se resuelva”, contó Susana. El jueves pasado, esos mismos colectiveros saludaban con bocinazos el reclamo que les hacía cambiar el recorrido y que, en cierta forma, pedía también por ellos.