fbpx Willie Campins: un jardín de colores | Agencia Paco Urondo | Periodismo militante
Cultura //// 12.01.2020
Willie Campins: un jardín de colores

Formó parte de Oveja Negra, aquel trío que integró junto a Aníbal Forcada y Osky Amante a comienzos de los ’80 y participó en bandas que acompañaron a artistas como Mercedes Sosa, León Gieco y Nito Mestre, entre otros. Hoy sigue mostrando “El color de este jardín”, su nuevo y primer disco en solitario. Por Mariano Nieva.  

Foto portada: Iván Acosta

Por Mariano Nieva

 

Willie Campins es músico y compositor. En una entrevista concedida al programa radial El Jardín de los Presentes (FM Zoe 107.1) y Agencia Paco Urondo, contó detalles de su nuevo álbum de estudio y primero en plan solista “El color de este jardín” dónde además participaron como invitados Gustavo Santaolalla, Hilda Lizarazu y parte de su familia. Recordó sus comienzos en la música y la formación Oveja Negra, su proyecto de toda la vida.

Agencia Paco Urondo: Club Congo en el barrio de Palermo fue el lugar donde hace poco tiempo elegiste para presentar “El color de este jardín”. ¿Cómo se gestó este material que además es el primer trabajo tuyo en solitario?

Willie Campins: Este álbum es un proyecto que me llevó dos años poderlo terminar y la verdad que desde que salió tuve increíbles devoluciones. Es un trabajo completamente independiente que edité por Floresta Discos que vendría a ser mi sello. Cuando falleció mi querido compañero de Oveja Negra Osky Amante, con Aníbal Forcada decidimos tomar caminos paralelos, no separados porque siempre estamos en contacto, y así en un momento determinado cuando me di cuenta que tenía un montón de temas para hacer un álbum, me dije voy a hacer el propio.

Afortunadamente, recibí el apoyo del programa de mecenazgo del Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires y pude tener unos mangos para arrancar con las grabaciones. Comencé a trabajar las bases con Uriel Tordó hijo de mi querido amigo Juan Carlos Tordó baterista de La Mississippi, con quien nos conocimos hace muchos años en una cueva donde compartíamos equipos y ensayos mi banda de entonces Rayuela y Soluna, aquel grupo que formó Gustavo Santaolalla luego de su salida de Arco Iris y en donde además estaba mi hermana Mónica en coros y órgano y Osqui Amante en guitarra.

 

APU: Por otra parte, hoy existe la posibilidad de utilizar herramientas como redes y portales de internet que se trasforman en correas de trasmisión y que son muy importantes para las producciones independientes.

WC: Claro, hoy están las redes sociales y la tecnología que nos dan muchas más libertades y todo es más democrático para los artistas al momento de mostrar sus materiales. Años atrás eran las discográficas las que decidían todo. Recuerdo una vez cuando con Oveja Negra tuvimos presiones del sello para grabar un tema de un grupo español que era una porquería. Ahora, eso no pasa y es saludable que así sea.

 

APU: Un disco que entre muchos y destacados invitados tiene la voz de Hilda Lizarazu.

WC: Sí, Hilda es una grande entre las grandes, nos conocimos en los ‘80 de cruzarnos en los escenarios, aunque no teníamos una amistad. Un día estando en la Sociedad Argentina de Autores Intérpretes y Compositores (SADAIC) me la encuentro después de muchos años, nos pusimos a conversar y cuando le conté que estaba haciendo un disco ella sin dudar me dijo que si llegaba a necesitar unas voces que la llame.

Pasó el tiempo, yo seguía avanzando con la grabación de “El color de este jardín” y me la vuelvo a cruzar, este vez en el Teatro Colón la noche que Gustavo Santaolalla hizo un espectáculo allí, y volvimos a hablar de lo mismo, así que cuando llegó el momento de meter las voces me comuniqué y se vino ese mismo día a casa a escuchar los temas, grabó y terminó haciendo un gran trabajo. También participaron Juan Cruz de Urquiza en trompeta con sordina, Alejandro Treviño en guitarra que además tuvo la generosidad de abrir las puertas de su hogar para grabar algunas tomas y otro violero increíble como es Alex Faide que ahora está en EEUU y que es una máquina de tirar ideas.

Desde un comienzo tenía claro que quería grabar con gente con la que me lleve bien y que naturalmente sean buenos músicos. Y yo que soy bastante obsesivo siento que esta vez estuve muy abierto y me felicito por haber dejado de lado algunas manías que tengo con respecto a mi manera de trabajar ya que por un lado tenia mis ideas bastante claras y cuando no sabía que hacer me habría a la colaboración externa.

 

APU: Me imagino, además, lo movilizante que habrá sido para vos editar un primer disco solista en compañía de parte de tu familia. Contanos de esa experiencia.

WC: Estoy muy feliz porque en este álbum participaron mis dos hijos, Manu el menor que toca la batería y Lucia que canta divino. Y su novio Ignacio Virasoro, que se copó haciendo gran parte de las letras que es lo que a mí me cuesta un poco, en la que menos fe me tengo, aunque debo decir que tampoco está tan mal lo que escribí.

Aclaro que mi hija también hizo las fotos de todo el arte del disco donde se destaca la portada en la que estoy en la estación de subte Echeverría de la línea B que está cerca de mi casa y que es de donde salía con mi guitarra para ir a ensayar con Oveja Negra al estudio que tenía Osky Amante con León Gieco. 

Y, además, hay un tema en el que participa mi querida hermana Mónica que se llama “Como viaja el alma” y que tiene la característica de que ella lo comenzó grabando en los estudios que tiene en Estados Unidos Guillermo Bordarampé quien fuera bajista de Arco Iris, lo abandonó en un momento, lo retomó junto a Aníbal Kerpel, y después lo finalicé yo metiéndole algunas guitarras.

Por todo esto, tengo que decir que fue un placer enorme grabar esta placa y honestamente creo que se nota al escucharla.

 

APU: ¿Y de la participación de Gustavo Santaolalla que nos podés decir? ¿Cuál fue su aporte?

WC: Gustavo a quien conozco y somos amigos desde hace muchísimos años, fue otro gran invitado para el álbum. Incluso estuvimos viviendo muy cerca el uno del otro entre los años 2002 y 2004 en Los Ángeles, y con él cada vez que viene a la Argentina nos vemos y compartimos muchos momentos. Así que mientras se desarrollaba el proceso de grabación fueron apareciendo un par de canciones en donde quería que participase con un ronroco. Le hice la propuesta y Santaolalla me envió las pistas del instrumento desde el estudio que comparte con Aníbal Kerpel quien además metió un órgano Hammond en tres de los tracks que forman parte de “El color de este jardín”.

 

APU: ¿Tenés algún método o rutina que te inspire y motive para componer, o sólo estás atento y receptivo para cuando las ideas aparezcan?

WC: Justamente ahora estoy leyendo un libro de Paul Zollo que se llama “Songwriters on Songwriting” (2003) donde están citados David Crosby, Paul Simon y otros cantautores muy grosos y ahí ves como la cuestión de la inspiración es muy rara porque en el momento menos pensado aparece de golpe. En mi caso, las melodías me salen, fluyen, en cambio con las letras no me pasa lo mismo, me cuestan un poco más. Es como dice mi amigo Aníbal Forcada, la inspiración parece bajar de alguna parte.

Y con respecto a la composición las mejores épocas son cuando agarro mucho la guitarra sino no sale nada. Generalmente compongo primero la música con su melodía casi completa y después sale la letra. Por ahí me motiva estar escuchando un disco de Los Beatles o una melodía de Joni Mitchell que para mí siempre fue una fuente inagotable de inspiración. Amo la música folk aunque soy muy ecléctico en mis gustos musicales.

 

APU: Para esta placa también asumiste la responsabilidad no menor de la producción, ¿cómo fue el trabajo de producirte a vos mismo?

WC: Es paradójico lo que te voy a decir porque lo disfruté enormemente en un punto ya que cuando estás en un grupo más allá de que te lleves bien con tus compañeros siempre hay una tensión en ese tira y afloje que se da cuando no a todos nos gustan las ideas que trae el otro. Es decir, por un lado hice lo que quería y no le tuve que preguntar nada a nadie, pero por el otro al estar solo a veces te vienen las dudas de si no estaré haciendo algo mal.

En este sentido algo que me pasó con el último disco de Oveja Negra “Mientras vamos viajando” (2011) fue que yo sentía que mientras lo hacíamos era muy ecléctico, muy abierto en los estilos musicales que se iban presentando tema por tema. Entonces, en un momento recuerdo que les hice un planteo a Osky y a Aníbal de que quizás nos estábamos yendo demasiado de la idea original y ellos me decían que no, que dejara de lado esa preocupación.

Porque viste que existe por un lado la idea esa de que los discos tienen que ser homogéneos. Pero por el otro, hay que ser sinceros con que por más que la música sea buena si las canciones son muy parecidas entre sí a los pocos minutos te empezás a aburrir o a empalagar, entonces me parece que la variedad viene bien. Aunque tiene que haber también un equilibrio.

Además, yo no soy ingeniero de sonido pero más a menos manejo el pro tools y eso la verdad me sirvió de mucho.

 

APU: Un disco que más allá de ser en sí mismo una muy grata novedad me parece que viene a poner un poco de justicia con tu trayectoria y con los sonidos que te acompañaron desde pequeño.

WC: Mira, cuando Santaolalla lo escuchó me dijo que “El color de este jardín” es un reflejo de lo que yo escuché toda mi vida y es un poco cierto.

Yo no tuve una formación de típico rockero de Floresta, empecé escuchando sólo música clásica a los cinco años por mi viejo que tocaba ese estilo en el Teatro Colón hasta que escuché por primera vez a Los Beatles y me dije esto es de otro mundo.

Por otra parte, te confieso que estuve varios años sin hacer nada entre los ‘90 y los 2000, me dediqué a otras cosas y me alejé de la música sin siquiera componer. Estaba un poco enojado para ser franco con la vida y conmigo mismo.

Sin embargo, ese impasse me sirvió para ver y comprender que en verdad lo que estaba poniendo por delante eran las dudas que sentía sobre la música que estaba haciendo hasta ese momento. Me preguntaba sobre el éxito y de si podría volver a vivir de esto. A estos cuestionamientos se le sumaron las angustias económicas, que muchos músicos hemos sufrido y sufrimos todavía. Hasta que me volví a amigar con la idea de hacer música por la música misma. Lo que venga después se verá, uno se termina preocupando por estupideces y se termina olvidando de las cosas realmente importantes.

Los comienzos. Rock y rebeldía.

 

APU: Tus comienzos con la música se van a dar durante los ’70. Años que estuvieron atravesados por la presencia de una juventud con sueños de rebeldía, pero también con la amenaza que suponían los militares en el poder ¿cuáles son los recuerdos de aquel tiempo?

WC: Recuerdo un edificio de oficinas ubicado en la Avenida Corrientes entre las calles Libertad y Cerrito a la altura del Obelisco donde creo que el portero alquilaba por su cuenta el sótano a los grupos para ensayar. Era un verdadero aguantadero en pleno proceso en donde a veces caía la cana para ver que pasaba (risas).En ese lugar puedo decir que empezó mi carrera profesional en la música y en el mundo del rock.

Por aquel tiempo también y en una de las salas, ensayaba Beto Satragni con su grupo Raíces en donde estaba un muy pendejo Andrés Calamaro que venía a mi casa a escuchar por ejemplo a Steely Dan porque yo trabajaba por esos días seleccionando música en radio Rivadavia y entonces conseguía discos importados. Después por el lugar empezaron a caer tipos como Alfredo Toth y Oscar Moro que estaba por aquel entonces sentado a la batería de La Máquina de Hacer Pájaros y nos poníamos a zapar todo el día. Y la verdad, me costaba creer que estaba tocando con semejantes músicos. Así que para mí fue una cosa paradójica porque por un lado era una época jodidísima, pero al mismo tiempo había pequeños actos de resistencia como andar con un un fasito en el bolsillo mientras en la calle pasaban camiones con soldados. 

En aquel tiempo el rock realmente era rebelión, quizás porque no era masivo como ahora y porque éramos realmente unos pocos y nos reconocíamos. Como dice León Gieco, en el tema “Del mismo barro”, “se saludaban los pelos largos cuando en las calles se cruzaban” que está en su disco Mensajes del Alma (1992).

Después, a fines de los ’70 ya comenzó un período de mucha actividad artística primero con un grupo que tuve que se llamaba Rayuela con el cual hicimos un álbum homónimo en 1978. Oveja Negra con quienes grabé dos placas, Orsay (1983) y Porque Cantamos (1984) un disco en vivo en colaboración con Juan Carlos Baglietto, Celeste Carballo y Nito Mestre. Y más tarde participaciones junto a Raúl Porchetto, León Gieco y Mercedes Sosa.

 

APU: Mientras te escuchaba hablar de aquellos primeros pasos, pensaba también, que buena parte de esa juventud de la que formabas parte y que estaba alcanzada por un clima de época, pertenecía a grupos revolucionarios que no simpatizaban con el rock porque lo veían como algo foráneo y hasta te diría como una intromisión por medio de la música de parte del Imperio.

WC: Es muy interesante lo que decís, la otra vez un tipo un poco mayor que yo me lo explicaba muy bien. Yo por aquel entonces simpatizaba con ideas más bien de izquierda como ahora, pero no militaba y si bien yo estaba ideológicamente cerca de alguna tendencia más revolucionaria me daba un poco de impresión la violencia armada, aunque entendía que era una forma de lucha que a algunos les parecía que estaba bien. 

Por otro lado, la izquierda también estaba dividida en cuanto al rock, había una más moderna que simpatizaba con nosotros porque se daba cuenta que era un movimiento contracultural y había otra como bien vos explicás, que nos tomaba como que hacíamos música foránea interpretando los sonidos del enemigo que eran los Estados Unidos, aunque en ese país por aquellos años también era la música de la juventud y la rebelión.

De todos modos, personalmente deseo que esas sean etapas de violencia que no vuelvas más ni aquí ni en ninguna parte del mundo, y que el rock empiece a tener también una postura más firme con algunas cosas que están pasando y de las cuales no está diciendo demasiado.