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Cultura //// 07.07.2019
Volver a Inés

El próximo lunes 8 de julio se presentará la reedición de “Si es puñal que me mate”, de Inés Manzano, y en APU queremos recordarla a través de conocidos poetas que dejan ver en sus versos por qué es necesario volver a su poesía.

Por Norman Petrich
Ilustración: Leo Olivera

 

Volver a Inés siempre será una fiesta. Porque ella llevaba la poesía apretada en un puño (el izquierdo) como quien lleva un ladrillo bajo el brazo para que a todas partes lo acompañe su casa.

La imagen puede contener: 1 persona, textoY es una casa sencilla la poesía que era Inés,  siempre con las puertas y ventanas abiertas; donde la mesa no es ostentosa pero hay espacio para todos.

Eso era lo que conseguía esta chamana, que tenía el fueguito de la palabra prendido para que los poetas del interior arrimáramos la nuestra; siempre mujer puente y no deja de asombrarme el ver cómo nos fuimos acercando, cruzados por su existencia.

De leer a Roque Dalton aprendí eso de que la poesía no está hecha sólo de palabras pero fue en Inés que esos versos se transformaron en realidad.

Resulta que esta persona generosa, lejana a los carteles luminosos y del yeso de las esculturas, también escribía y lo hacía muy bien. Eligió ir por el camino contrario al que está de moda; ese que, como dice Rogelio Ramos Signes, invita a publicar ahora y escribir después. Como centraba la poesía en la oralidad (no sólo les brindaba ese espacio a la voz de otros sino que todos tenemos grabado en nuestros sentidos la suya recitando sus versos de memoria), costó lograr que editara. Fue así como en el 2011 apareció “Si es puñal que me mate”, con un prolijo trabajo hecho por Papeles del Boulevard, de Rosario. Edición que se encuentra agotada.

Por suerte, La Mariposa y la Iguana tomó el testigo y este Lunes 8 de julio, a las 18 hrs, en Bartolomé Mitre 1984 de CABA, se presentará la reedición de este libro y el fuego de Inés nos estará esperando, esta vez en las voces de sus presentadoras, María Negroni y Lidia Rocha, y en la de Ingrid Pelicori que leerá sus poemas.

Ya en este suplemento cultural, Fractura le dedicó a Manzano un dossier (http://www.agenciapacourondo.com.ar/fractura/dossier-fractura-ines-manzano-el-silencio-un-espacio-sagrado, http://www.agenciapacourondo.com.ar/fractura/dossier-fractura-los-libros-de-la-buena-memoria-biblioteca-ines-manzano, http://www.agenciapacourondo.com.ar/fractura/dossier-fractura-una-vida-dedicada-la-poesia-y-la-lucha-por-un-mundo-mas-igualitario, http://www.agenciapacourondo.com.ar/fractura/dossier-fractura-no-queda-mas-que-viento-la-poesia-de-ines-manzano) e inclusive se habló sobre la reedición de “Si es puñal que me mate” (http://www.agenciapacourondo.com.ar/fractura/dossier-fractura-la-mariposa-y-la-iguana-reedita-ines-manzano) así que me tomé el atrevimiento de invitarlos a esta celebración a través de conocidos, queridos y queridas poetas que pensaron y le escribieron a Inés. Así de importante es para nosotros. Porque, como ella nos dijo, indefensos y frágiles sabemos que el único suceso que nos torna invencibles es tenernos a mano.

Y arrímese el lunes. Quédese tranquilo, que hay Manzano para todos. Es tan noble que nunca deja de dar frutos.

 

manzano insomne (Alfredo Luna)

igual que tú la noche no duerme

está chaguando tus penas de fuego
y ángeles hambrientos

la luna tiene los ojos descoloridos
y nunca será patrona del cielo

tampoco los pájaros si alguien les apunta
al centro del abismo

cuando el planeta era flor
una luz egoísta dialogaba con tus pedazos de intemperie
que guardo como un tigre de humo

ahora sueñas a contragolpe

y no tengo abril más tremendo.

 

 

… (Gabriela Yocco)

sin saber de dónde la cosechadora cosechaba sin saber ya más de dónde ni de cuando ni entender siquiera que ya nunca más saber ni de dónde ni de cuándo.
pero sí saber que esta lluvia obedece a algo más cierto que mis ojos. a algo más cierto que lo que no puedo siquiera decir.
saber que la cosechadora se ha ido a vendimiar vaya a saber dónde uno vaya a saber dónde. la vendimiadora de palabras en el aire, así, con la mirada como colgada de dios, ella. la que le sacaba una leche cósmica al verbo. ella, sí ella, la que no sabía o sí sabía desde un otro lugar sabía alguna otra cosa. 
ella sí. ella sabía.
cazaba innumerables estrellas con sus manos tan abiertas de la generosidad más pura, más real.
ella, la que se quedó colgada de la ubre de dios madre todopoderosa.
para siempre jamás.

 

Árbol de Inés       (Adrián Campillay)

“Pienso / nada me puede suceder / Entonces /
una violeta / nace / y el mundo / tiembla.”
Inés Manzano
 

 

 

Inés 
Manzano
intentaba
cruzar la calle
con el poema en la boca
llevaba entre las manos
el corazón de los transeúntes
como hacía siempre al amasar las palabras
para convertirlas en pan / en agua / o en desiertos
de su lluviosa ciudad / ese día
cuando la muerte / pública
la detuvo sin una pregunta
para que se alejara / según le dijo
de todo cuanto la había conocido
cosa que hizo
quiero creer 
sólo 
para despistarla / y de esa manera protegernos
de algo todavía más horroroso que su ausencia
por eso / ya no se puede respirar sin tristeza
ni decir el poema sin su nombre
y comentan los árboles 
de Buenos Aires
que sea lo que sea
lo que se la haya llevado
creyendo
tal vez 
engañarla
ella lo engañó primero
porque
todo cuanto la ha conocido
cruza con el poema 
de boca a boca 
las calles
y
las
puertas.

 

…(Gerardo Curiá)

 

Hay seres capaces de amar en lo sutil
sus ojos
se vuelven cielo
atraviesan la sombra engarzada de luz
y cantan lo fugaz de la belleza
para siempre.

 

 el inesperado corazón de Inés Manzano (Alejandro Schmidt)

hace días murió
se dice
me entero ahora mismo
Inés Manzano

sí yo también fui invitado a Interiores
alguna vez otra

recorro  homenajes en la red

el homenaje es la poesía
servir

en cierta ocasión me invitó a leer 
en un centro cultural o algo así 
enfrente de un barcito histórico de Buenos Aires

nos juntamos algunos amigos

(Susana Villalba se enojó porque 
no recordaba su nombre, cara ni nada parecido
Susana Villalba se retiró
parece
porque no se le ocurre
servir)
en fin... que pasó el tiempo y el local o centro cultural o lo que sea
no abría
Inés salió a la calle y al ratito regresó
bien contenta
había descubierto el patio de un club donde
supo
podía leer
había diez, quince personas
en total
y hacia allí...
era un patio como de luz pero más grande
(se oían exhalaciones, inspiraciones de algunos muchachos practicando karate
muy cerca
en otro salón)

la lectura duró dos horas
bajo la noche
se podía fumar, se podía tomar vino,
se pudo...
fue la lectura más larga que hiciera alguna vez
para los oyentes
acaso fue más larga...

hace un mes compartimos un rato en el festival internacional de poesía de Córdoba
Inés iba con Celia Fontán
viajaba al ir
de la poesía

charlamos
poco

después la vi por 27 de abril con Celia
(seguramente hacia la Biblioteca Córdoba)

estaba sentado en El Ruedo
(un bar detrás de la catedral)
después
me parece
 no la vi más

(qué ocurre en los ruedos
y qué en la catedral)

lo que pueda decirse de aquellos
poquísimos
poquísimos
que sirvieron a la poesía
es medio... ¿no?

siempre íntima de lo distante
siempre dulce
y siempre pero siempre
con su inesperado corazón

recuerdo su trabajo en la edición de Susana Thenón

su atenta sonrisa que
se distraía
sin embargo

casi nos íbamos a juntar
en mayo
para evocar a Cayetano Guzmán
(poeta colombiano argentino colombiano con quién fundó y cumplió una parte del ciclo Interiores)
y casi nos juntamos el año pasado 
no pude
porque
casi nunca llego a Buenos Aires (prefiero no viajar al extranjero)

vivía envuelta Inés
tengo la sensación
en esos rescates de la muerte

lo más importante de morir
es volver.

 

… (Lidia Rocha)

Volvíamos. Por el olor a casa de su entorno, la sensación (falaz) de estar a salvo, la estampida del sentido y, a cambio, ese aire vagamente excitado, la borrachera sin ton ni son. Por verla desaparecer en un remolino de hojas, bajo una ceniza lloviznada, reaparecer en la penumbra del árbol, en el borde de los muebles. Para que el mundo se nublara. Porque clavaba la mirada directa a nuestros sueños. Por lo que hacía con su voz, con el aire, con el moverse de las manos, posible lo imposible: aquí y ahora decía frío y temblaban. Para que desarmase las leyes naturales y nos diera a cambio esa moneda hexagonal. Y con los restos de la lógica del aire del verano nos tejiese en la piel cristales blancos y ateridos. Para que nos golpease el encaje de la espalda y se soltara la cuerda de la razón, estrujado el miedo en pañuelitos húmedos. Si tiritábamos, cegaba nuestros ojos, decía pino, eucalipto y nos ahogaba en perfume. Si teníamos hambre, nos alimentaba de palabras, llenaba el sentido de imperceptibles que preferíamos, por mucho, a lo real.

 

Hierro a la intemperie (Jotaele Andrade)

ni un rumor en el pétalo

que se ha desprendido

del tallo

 

digamos: es otoño

y todo cae

blandamente

 

tu voz

también

se cayó del aire

de la existencia oral

en que cantamos y maldecimos

 

y nombramos:

 

tejido

muro

mariposa azul

sobre fondo azul

 

digamos más: es otoño y todo es triste

 

las calles toman un color

de hierro a la intemperie