fbpx ¿Viva Viva?, por Griselda Casabone
Cultura //// 17.05.2010
¿Viva Viva?, por Griselda Casabone

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) La revista dominical de Clarín le dedica la edición del 16 de mayo al bicentenario.
A través de sus luminosas páginas seguramente alumbradas por el patrio fervor, VIVA le cede casi todo su espacio a temas como los túneles de 1810, a los objetos de la vida cotidiana de “ayer y de siempre”, a las figus que existieron o si no se inventan, a los vestidos de ayer y la moda actual. Bien para una revista de domingo, me consuelo. Pero este aporte profundo y singular a la reflexión pública sobre nuestro país y su destino– la manera que VIVA, encuentra de informar a una ciudadanía cautiva, acorralada por la Ley de Medios Audiovisuales, esa zancadilla a la libertad de expresión de los medios independientes-, este aporte, decía, llega a su clímax cívico cuando aborda lo que la VIVA entiende “las argentinadas que avergüenzan” y, cuando ya en pleno trance filosófico, indaga entre diez compatriotas sobre la crisis de este Nación que VIVA intuye “injusta”.
 
Me impulsa a escribir la impunidad mediática, las maneras que tiene de armar una ficción y que todos andemos repitiéndola obedientes y acríticos, dándole sustento, por omisión al menos, a este relato de la derrota que se presenta como sentido común, certeza, en el medio de una sarta de intrascendencias en donde nos perdemos, nos ganan. Yo aprendí que el periodismo debe dudar de todo, incluso –especialmente- de sí mismo, que no es profesional instalar un prejuicio como certeza y hacer caer en la estratagema a ciudadanos distraídos, no entrenados en las trampas del monopolio de la palabra pública. VIVA  dice, se pregunta, como el bienudo de 1910, ya que estamos, cómo es que “teniendo todo vivimos de crisis en crisis”. Pregunta decadente y de mala leche. ¿Qué crisis VIVA? ¿Qué crisis? ¿La tuya, la de tu multimedio, la que impide que la tv digital salga con la norma que tu grupo pretendía? ¿Qué crisis: la de legitimidad periodística que fuiste empeñando cuando perdiste el rumbo de vocero de los intereses ciudadanos por los más poderosos de los grupos que te sostienen, integrás? ¿Qué crisis?
 
Vamos; el país – esta abstracción que llamamos ligeramente Argentina- seguramente podrá –y se merece- estar mejor, brillar en el contexto internacional, ser más en todo, como quería Sarmiento, quiere hoy VIVA. Pero fue menos, y eso no debemos olvidarlo. Fue menos y peor.  Y a mí, que soy nadie, se me hace que esta abstracción merece que cuando VIVA – es decir, LA revista dominical del “mejor diario argentino”, es decir, la revista que compran millones de compatriotas- dice crisis, desagregue: informe la índole de la crisis actual, que dé cifras, que ofrezca fuentes calificadas, que nos ayude a pensar y crecer, no a repetir y temer. Y me da por preguntarme de qué le sirve a VIVA – y la propia crisis que porta, pobre, ya desde su contradictorio nombre- esta prédica procrisis, por qué este regodeo perverso en la historia del desastre perpetuo, inventado a fuerza de armar verdades como vidrieras a medida de acaparadores de todo. 
 
Y es entonces que de a poco va surgiendo la otra verdad, filtrándose entre los huequitos de la mentira escenificada, no dejándose aplastar. Los testimonios de los invitados por VIVA a explicar la crisis refutan la teoría conspirativa y son más justos, agradecidos y esperanzados con el país – y los países que lo integran- que VIVA. Tal vez porque como invita Barbero “la escritura es la forma de salir de la impotencia, el modo de asumir la palabra, de hacerla real. Esa apropiación de la palabra tiene una función clarísima en términos de tomar posición frente a la palabra pública que son los medios masivos”. Entonces decido asumir la palabra y me comparto, multiplico lo que a VIVA se le escapa, no alcanza, no puede ver, ha perdido de vista obstinado, quién diría, en mirar para un solo, único lado: el país que resiste, que cree, que espera, alerta y crítico, pero con alegría, sí, con brava alegría.
 
Y me siento menos sola, como saliendo de la crisis. (Agencia Paco Urondo)