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Cultura //// 28.04.2019
Vastey, el teórico de la Revolución Haitiana

Entrevista a Juan Francisco Martínez Peria, especialista sobre la Revolución Haitiana. "Tanto en la Revolución Francesa, como en su repercusión en Haití, hay una lucha por el reconocimiento como humanos". Por Adrián Dubinsky.

Por Adrián Dubinsky

 

La edición de "El sistema colonial develado" (primera traducción al castellano), a cargo del Dr. Martínez Peria, es un rescate de uno de los más lúcidos y ocultos pensadores anticoloniales de América Latina.

En tiempos en los que editar un libro se transforma en una patriada intelectual, el Centro Cultural de la Cooperación -con una precisa y muy trabajada traducción de Laura Léger- edita una obra de un pensador anticolonial que hay que reivindicar. Es decir, que el pensamiento anticolonial es el que nos tiene que llevar a leer a un pensador anticolonial sepultado en el olvido por varios motivos que quedan de manifiesto en el estudio preliminar a cargo del editor.

Para desentrañar los motivos por los cuáles este pensador fue desterrado al olvido y para conocer más sobre el libro, entrevistamos al responsable de la edición y especialista sobre la Revolución Haitiana, el Dr. Juan Francisco Martínez Peria.

APU: Aquella/os que estudiamos Historia o que leemos a pensadores nuestramericanos, nos llama la atención como se nos pudo escapar un intelectual tan agudo. ¿Cómo llegas a Vastey y por qué es importante darlo a conocer?

Martínez Peria (MP): Se te escapó porque estaba tan velado como su obra, como el sistema colonial que él tan bien supo describir. Yo me topé con este intelectual comprometido mientras estaba realizando mi tesis de doctorado y estudiando a la Revolución Haitiana. Quedé muy impactado por su clarividencia y veía que ahí había un intelectual de fuste que no estaba trabajado. Jean Louis Vastey escribió 11 libros entre 1814 y 1820. Cinco son libros grandes, complejos, y el resto ensayos más cortos. En su época se traducen tres libros, no éste. Una edición de El sistema colonial… se publicó en 1814 y no se volvió a editar, en Haití, hasta 2013.

En 2012 tuvimos un proyecto de hacer una editorial. En aquel momento Laura Léger se puso al hombre la traducción y realizó un trabajo magnífico y veloz. Luego la editorial no se constituyó, con lo cual el libro no salió; y si bien yo venía estudiándolo y dándole difusión, lo cierto es que no me daban mucha bola, hasta que en 2014 salió este libro en una traducción al inglés hecho por la Universidad de Liverpool -editada por Chris Bongie y con estudios de Marlene Daut, Doris Garraway y Nick Nesbitt- y, colonialismo cultural mediante, se pudo constatar que estábamos ante un intelectual quirúrgico. Luego lo propuse al Centro Cultural de la Cooperación y pudimos realizar esta edición.

APU: Algo que llama la atención es escaso material teórico producido durante la Revolución Haitiana. ¿A qué se debe?

MP: La Revolución de Haití fue una revolución política y social que, paradójicamente no tuvo intelectuales durante la primera parte del proceso revolucionario, pero sí líderes, sobre todo Toussaint Louverture, que plantearon una revolución cultural. Pero sí aparecen en medio del proceso revolucionario y el más destacado es Vastey. Él teoriza la Revolución y desde la Revolución.

APU: ¿Qué lugar ocupa en dicha Revolución? 

MP: Cuando toma el poder Henri Christophe llega a ser canciller y es el principal intelectual a la hora de justificar la monarquía de Henri I y el decurso que tomaba la Revolución Haitiana. Había otros pensadores procedentes del norte, como Juste Chanlatte y el Barón Dupuy, pero el lugar de Vastey es descollante. Es interesante dejar en claro que no es un mero propagandista, no está haciendo un panfleto de Christophe o de Haití, sino que hay un trabajo muy profundo de teorizar la revolución, de teorizar en contra del racismo, de la esclavitud, en contra del colonialismo. Darle una carnadura teórica a ideas que habían surgido en la propia revolución.

APU: De entrada, en tu introducción al libro, utilizás un epígrafe en el que se ve que hay mucho más que una revolución social en discusión1, sino que también hay una lucha por el reconocimiento como humanos. 

MP: Tanto en la Revolución Francesa, como en su repercusión en Haití, hay una lucha por el reconocimiento como humanos. Ellos dicen, si todos los humanos tienen derechos republicanos, los negros y negras también somos humana/os, ergo tenemos los mismos derechos. Él tomo esa idea y la profundiza, la amplía y se codea con grandes popes intelectuales de la época.

APU: Marlene Daut, la principal especialista en Vastey escribió el prólogo del libro, y ella, en su propia obra, lo ve como un pionero del humanismo del Atlántico negro. ¿Qué implicaría eso? 

MP: Bueno, en principio dejame decirte que fue una gran alegría contar con su prólogo, porque ella ha trabajado muchísimo el tema, es la máxima especialista en Vastey y ha escrito el principal libro sobre este autor. En cuanto a tu pregunta, ella lo entiende como un precursor de una corriente sumamente crítica de pensadores de la diáspora africana que construyeron un pensamiento humanista universalista crítico de la esclavitud, del racismo y el colonialismo que trasciende el humanismo hegemónico, de cuño eurocéntrico, que habla del hombre, pero en realidad se refiere a una porción muy estrecha de la humanidad: el varón blanco, europeo/europeo descendiente y propietario2.

APU: Es sabido que hay dos etapas en la Revolución y varias clases sociales en pugna, con lógica racial y también social. En un determinado momento, en sus memorias, creo, Vastey cuenta cómo y por qué se suma a la revolución. El dice: “corrí a los pechos de mis hermanos contra los que había luchado infelizmente (…) [quienes] olvidando mi ingratitud o mejor dicho mi error me acogieron en su seno con una ternura verdaderamente paternal. A partir de estos momentos, tomé el juramento de nunca separar mi causa de la de mis semejantes y perecí en esos sentimientos”. Parece una epifanía, un momento de iluminación.

MP: En Haití se hallaban cuatro grupos sociales. Los Grand Blancs, blancos, conformado por 15.000 personas aprox., ocupaban la cúspide de la pirámide social. Poseían la mayoría de las plantaciones y esclava/os en la isla, que era la principal productora de azúcar del mundo. Y si bien tenían mucho dinero, no tenían poder político frente a la metrópoli. Pregonaban el autogobierno y el librecomercio. Luego estaban los Petits blancs que eran otros 15000. Este grupo era pobre pero extremadamente racista y demandaban mayor democratización del sistema. Hacían los peores trabajos, pero eran blancos, y eso los situaba por encima de otros, incluso, con más dinero. El tercer grupo eran los Affranchis, mulatos o negros libertos constituido por unas 30000 personas que tenían pequeñas y medianas plantaciones con esclavos, pero por otro lado sufrían la segregación racial. En la base de esa pirámide se encontraban mujeres y hombres esclavizada/os. Eran aproximadamente 480000, de los cuales solo un tercio había nacido en la colonia Saint Domingue, el resto habían sido esclavizada/os en África.  

Vastey nace en ese contexto de polvorín en 1781, nueve años antes de le Revolución. El tenía un padre blanco, francés, acaudalado y su madre era una Affranchis bien posicionada. El padre apoya a los Affranchis pero en 1791, se lleva a dos de sus hijos a Francia donde estudian. Vastey no está en la primera etapa de la Revolución Haitiana. Vive la revolución francesa en Francia siendo muy chico, y cuando vuelve a Haití se integra al proyecto de Louverture, tanto él como el padre. 

Comienza a administrar la riqueza familiar, ya no tenia esclavos, pero cuando comienza el conflicto con Francia, el padre apoya la invasión. En 1803 da un vuelco y no se sabe, ni siquiera, qué pasó con esa familia paterna, aunque lo más probable es que hayan viajado a Francia. Él se queda y se compromete muy activamente con la revolución. Hay muchos casos de Affranchis que han hecho lo mismo. El propio Petion había venido con Leclerc y luchó contra Louverture. Estos no imaginaban que iba a querer reimplantar la esclavitud y el antiguo orden, es por ello que giran su posición y luchan por la libertad de Haití. En ese contexto, Vastey se alinea con la posición de Jean Jacques Dessalines y Henri Chistophe, es decir los exesclavos, no los Affranchis, clase a la que pertenecía. Constantemente plantea, desde lo intelectual, que quien rija los destinos de la nueva patria tiene que ser un exesclavo, que es la clase social que tiene que representar a la sociedad ya que había sufrido en carne propia las calamidades de la esclavitud y era la abrumadora mayoría de la población). 

APU: Más allá de que sea un pensador político, también es remarcable que hace uso de una retórica pulida, incluso cuando se presenta como mal escritor, para reforzar la idea de que lo importante es lo que va a decir, y no cómo lo diga, pero inmediatamente se revela como un buen literato, con un uso de la ironía y el sarcasmo de manera ingeniosa.

MP: Su obra se caracteriza por una retórica no sólo incendiaría sino también muy irónica, que busca mostrar las tensiones y falacias del discurso colonial y racista. Varios interpretes actuales como David Nicholls, Marlene Daut, Doris Garrway, Chris Bongie y Nick Nesbitt ven la similitud con el lenguaje empleado por Frantz Fanon en su libro Los condenados de la tierra. 

APU: Sorprende que siendo un pensador anticolonial sea tan encomiástico con el Imperio Británico. ¿A qué se debe? 

MP: Eso se puede estudiar en dos niveles: uno es que Christophe, quizás por haber nacido en Granada, fue un gran admirador de Inglaterra y tiene una política de acercamiento para con el Imperio. Es un proyecto diferente al de Dessalines, que no busca acercarse a Inglaterra a pesar de haber recibido una propuesta de libre comercio concreta. Vastey admira a Inglaterra por que sí: pero también porque abolió el tráfico esclavista y porque presionaba al resto de las potencias a hacer lo mismo, y además es enemigo de Francia. Pero no es solo coyuntural, él admiraba al Imperio Inglés. 

APU: ¿Que críticas se observan en los textos de Vastey?

MP: Él critica un aspecto de Europa y un aspecto de los europeos. Él no tiene una perspectiva antieuropea o antiblanca. Trata de discernir entre aquellos de tradición humanista y aquellos que son “enemigos de los hombres”, de la humanidad. 

De forma pionera, muestra que Europa tiene dos caras, una civilizada y otra bárbara, por su relación con los otros pueblos. Al esclavizarlos y colonizarlos Europa barbariza a otros pueblos y se barbariza a si misma. Él busca develar y denunciar esta lógica. Este análisis es muy importante porque prefigura mucha de las ideas que van a plantear Fanon, Césaire y los autores descoloniales mucho tiempo después.
 Vastey podrá tener mucha admiración por Inglaterra, pero el faro de la humanidad, para él, es Haití. Es la opción superadora de todas las revoluciones atlánticas, la verdadera Revolución Universal es la Haitiana. 

APU: En algún momento se señala que el análisis decolonial que hace Dussel, al hablar de la “Inversión de la culpa” para legitimar la opresión, lo hace Vastey muy tempranamente

MP: Vastey hace un análisis crítico del saber colonial. Los autores poscoloniales han mostrado las tensiones, las falacias y una critica al saber colonial. El libro está escrito en 1814 y se constituye como una respuesta a la restauración en Europa. En 1814 los Borbonones vuelven a Francia, y asume como primer ministro Victor Malouet -aunque muere ese mismo año-. No obstante, manda una expedición a Haití para neocolonizar la isla. Automáticamente Vastey escribe dos textos. Notas sobre Malouet, y este libro. En ese libro discute con Malouet. Hace un análisis de los periódicos de la época, de los libros. Hay un nivel coyuntural, en el cual discute con Malouet; pero luego hay un discurso más amplio, en el orden de la batalla de ideas, contra el colonialismo que sostenían personas que estaban vivas y querían volver a establecer el status quo anterior.

APU: ¿Qué le aporta a la caracterización del colonialismo Vastey?

JF: Vastey toma muchos textos y fuentes de pensadores críticos de Europa. Él lee a Montesquieu, a Condorecet, a Clarckson y a Abbe Gregoire, pero no los copia textualmente. Usa algunos argumentos, otros no. Se apropia de la ilustración, pero le da un giro inesperado que tiene en cuenta su propia historia. Los abolicionistas, por ejemplo, criticaban la esclavitud, pero eran gradualistas; es decir: primero la libertad de vientres, el fin del comercio de esclavos y que la dinámica debía darse desde arriba hacia abajo. La mayoría de los abolicionistas creían que la Revolución Haitiana había sido un proceso sumamente cruento, aunque se hubiese acabado con la esclavitud. El mismo Bolívar, que tras su paso por Haití cambia su manera de ver la esclavitud, tiene un enfoque paternalista sobre el tema. De hecho, cree que hay que abolir la esclavitud, precisamente para evitar lo que ha pasado en Haití. Vastey no tiene esa mirada, sino que se plantea la posibilidad de que el fin de la esclavitud sea eliminada de raíz, de una, y de abajo hacia arriba. 
Otra diferencia con los demás pensadores radica en que desde Europa se defiende el colonialismo como vehículo civilizatorio. Están en contra de los horrores del colonialismo, pero no del sistema en sí. Vastey echa una luz sobre el colonialismo que lo expone como un problema sistémico, multidimensional, que funciona en varios niveles e incluye a la esclavitud y a la deshumanización. Y encima, visto desde abajo. 
Vastey, si se quiere, es el autor que da una idea acabada de lo que es el colonialismo mucho antes que llegase el pensamiento decolonial, y deja en claro que el colonialismo es sistémico, deshumanizador, violento y monstruoso, que se hallaba ligado de manera inescindible al racismo, al eurocentrismo y la esclavitud. De hecho, el subtítulo de la obra, un gran acierto, es el siguiente: “Helo ahí conocido por fin el secreto lleno de horror: el Sistema Colonial, es la Dominación de los Blancos, es la Masacre o la Esclavitud de los Negros”.

APU: Ese es un factor fundamental y revolucionario en su obra. Que su perspectiva es desde los oprimidos y metodológicamente hace un uso del testimonio inusitado para la época. 

MP: Es fundamental hacer hincapié en eso. Amílcar Cabral, el revolucionario y pensador africano decía que una de las herramientas de dominación que tenían los colonialistas radicaba en que “se robaban la historia”. Negaban la posibilidad de desarrollarse a partir del conocimiento histórico. En Vastey existe la posibilidad de contar la historia desde las víctimas, haciendo un trabajo metodológico en el que la voz de los oprimidos es revalorizada. 

APU: Y también hace un trabajo historiográfico profundo. 

MP: Si, claro. Hace un recorrido no solo por la historia de los pueblos originarios de Haití, sino que ubica el nacimiento de la historia en Egipto, en África, y el momento cúlmine de la misma, la etapa superadora, en Haití. En el mundo moderno, Haití es un nuevo amanecer. En este sentido, es un profundo crítico de la historia eurocéntrica, expresada por autores como Hegel, y presenta un relato donde se provincializa a Europa y los africanos pasan a jugar un rol clave en el desarrollo de la humanidad.

APU: ¿Cómo fue la resistencia de las mujeres esclavizadas y como caracteriza Vastey su condición?

MP: Vastey remarca, subraya, pone énfasis en describir el sufrimiento de las mujeres, las violaciones y los abusos y aberraciones de las que fueron víctimas están en un lugar central. Ya en otros libros habla de la necesidad de la educación para las mujeres. No era un feminista, pero sí habla de las necesidades de educación en la mujer. No es un militante del feminismo, pero la mujer está presente. No solo en Vastey, sino en otros autores negros, africanos, está presente el rol de la mujer en el derrotero de sus pueblos. 

Por otro lado, en su recorrido histórico, el hace una analogía, expresa una continuidad entre la experiencia que están viviendo los negros y la experiencia de los pueblos originarios. No nos olvidemos que el nombre que elige la revolución haitiana para denominar a Saint Domingue es Haití, el nombre que utilizaban los pueblos originarios para denominar a la isla. Y descubre que los horrores -similares a los que sufren ellos- a los que fueron sometidos los arawacos, son de orden sistémico y que, además, hay una culpa compartida entre todas las potencias coloniales. 

APU: Llama la atención que en la crítica de Vastey no haya una perspectiva que eche mano de la religión para discutir el colonialismo. 

MP: Sí en parte es así. Hay un autor africano que fue esclavizado en el caribe, Ottobah Cugoano, que en 1787 ( ya siendo libre) escribe un libro que podríamos traducir como “Pensamiento y sentimientos sobre la maldad de la esclavitud”3, y que también visibiliza la característica global de la explotación colonial y la responsabilidad de todas las potencias coloniales, pero lo hace desde una perspectiva fundamentalmente religiosa cristiana, confrontando las contradicciones que la doctrina cristiana tiene con la práctica de la esclavitud. 

Vastey no le da demasiada importancia a la religión, aunque también se apropia de algunos elementos del cristianismo para construir su obra y también muestra las contradicciones de los europeos en este punto. Asimismo, paradójicamente, no utiliza al vodú como fuente de su pensamiento. Su posición es más secular que religiosa y su obra se construye a partir de una apropiación del discurso ilustrado. Una radicalización de la ilustración, desde la perspectiva de las víctimas. Una ilustración muy diferente a la de los europeos.

Y a diferencia de Cugoano, separa del resto de las potencias coloniales a Inglaterra. Eso es algo que incomoda, pero lo cierto es que en 1815 Inglaterra no solo había abolido el tráfico -aunque mantenga esclavos hasta 1838-, sino que presionaba a los otros imperios para que acabasen con la esclavitud y mantenía barcos operando en el Atlántico que capturaban barcos esclavistas y liberaban a hombres y mujeres. Sin embargo, por otro lado, también inauguraba paralelamente un neocolonialismo, de otro tipo, pero neocolonialismo al fin. 

APU: Hacia el final del libro de Vastey se hallan una cantidad de nombres propios de plantadores y se lo denuncia. Vastey da nombre y apellido de los dueños de las plantaciones, narra las iniquidades que cometieron y reconstruye el relato de las víctimas y sus padecimientos. ¿Es como un Nunca más haitiano? 

MP: A veces suelo usar ese ejemplo, aunque sea un poco anacrónico. La mayoría de las personas que denuncia, las barbaridades que cometieron, las atrocidades que busca develar, estaban vivas en ese momento. Es una denuncia contra personas reales. Es un recorrido doloroso, pero necesario para mensurar la tragedia que significó para millones de personas el colonialismo esclavista.

APU: Juan: ¿qué te deja Vastey? ¿Qué puertas abre y en qué nos interpela?

MP: Primero y principal, lo que nos deja es la necesidad de reescribir nuestra historia. Por supuesto que esta edición, contextualizada, con un prólogo y un estudio preliminar que resaltan la importancia de recuperar a un pensador americano como Vastey, está discutiendo con el eurocentrismo y lo hace desde un lugar situado, desde América Latina. Por otro lado, Vastey no está dentro de las tradiciones historiográficas en las cuales debería estar, él no está en la tradición latinoamericanista. En América Latina conocemos mucho a otros autores y tenemos una perspectiva muy criollocéntrica. Autores como Vastey no suelen entrar.  Incluso a partir del bicentenario de la revolución de Haití y la revisita al hecho, se la aborda como un proceso político y social, pero no intelectual. Este libro nos obliga a releer la historia del pensamiento latinoamericano y a ubicarlo como un pionero, como un pensador central de nuestro pensarnos y conocernos.

También nos obliga a revisar nuestra tradición antiimperialista y tercermundista. En Haití hay un proto-tercermundismo. Ellos no hablan solo desde la isla, tampoco lo hacen solamente desde América Latina, no hablan solamente de negros, sino que hablan de los pueblos originarios y de África, con lo cual trazan un eje Sur-Sur con mucha más anterioridad que le tímidamente esbozada a principios del Siglo XXI. Directamente habla de los 500 millones de rojos, amarillos y negros luchan por los Derechos Humanos que les han sido negados. En ese sentido, para los independentistas latinoamericanos no existía una totalidad, una real universalidad como la hay en Vastey. 

Y, por último, también nos deja ver que fue un pionero en la tradición panafricana. Obviamente, y por error, en América Latina no se lo incluye mucho al Panafricanismo, pero paradójicamente, Vastey tampoco está en el panteón intelectual de esa corriente, que es un lugar en el cual no puede, bajo ningún concepto, no estar. Una excepción es la mirada que tiene Senghor, quien lo ve como un precursor de la Negritud4.

Ello nos obliga a repensar las historias que existían, las que se han escrito, las historias generales, las conexiones historiográficas y nos obliga a realizar una genealogía diferente. Es un clásico olvidado que no fue periférico, sino que ocupó un rol central. A pesar de haber existido intentos de recuperación -Schomburg, Du Bois, Vaval, Trouillot-, hubo una operación de ocultamiento. Vastey es el pensador que plantea ideas que luego son retomadas por otros autores, pero él se encuentra a la vanguardia de esos pensamientos. Cuando uno compara a Vastey con otros autores de Haití, vemos a uno de los más prolíficos, profundo, con una retórica muy interesante, el más teórico, el que hace un desarrollo más histórico y el que desarrolla la obra más densa y sólida. En Vastey nace una teoría anti-imperial, que, aunque es nacionalista y panafricana, elude las posiciones chauvinistas y racistas en espejo, constituyéndose en un humanismo cosmopolita crítico, post-racista y post-colonial elaborado desde la experiencia de ser parte de una periferia. Las mujeres y hombres de Nuestra América nos debemos una lectura de Vastey. 

1 - “Defensor de mi propia causa y de la de mis semejantes, no pude resistir el deseo de cortar el nudo gordiano, probando a los excolonos, moral y físicamente, mediante la pluma y la espada, que no somos inferiores a su especie” (Vastey. 1816: 13
2 - Daut, Marlene : Baron de Vastey and The Origins of The Black Atlantic Humanism, Nueva York. Palgrave Macmillan. 2017.
3 - El título original es Thoughts and sentiments on the evil & wicked traffic of the slavery & commerce of the human species.
4 - Senghor, Léopold: Ce que je crois. Editions Grasset & Fasquelle. 1988. Pag. 138.