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Cultura //// 01.12.2019
Una pequeña reunión reincidente

El cantito “Ole olá, sólo te pido que se vuelvan a juntar” únicamente se lo merecen dos bandas en este país: Los Redondos y Pequeña Orquesta Reincidentes. Esta es una crónica de la breve reunión de este grupo. Se llevó a cabo, junto a un montón de otros artistas, el martes 19 de noviembre en el Salón Pueyrredón por un motivo solidario y afectivo.

Por Boris Katunaric
Foto de tapa: Rodrigo Uriel González
Fotos de interior: Fernando Salerno

 

Correría algo así como el año 2005 o 2006, no habría escuchado más que el eco de su nombre, un rumor de algo interesantísimo, de algo distinto. También algún que otro tema suelto, aunque no puedo decir con firmeza que lo haya escuchado realmente. Trabajaba repartiendo volantes para una inmobiliaria que estaba en Venezuela y Entre Ríos y cobraba $15 por día, tiempos duros de un tímido kirchnerismo que ascendía muy lentamente. Me enteré que iban a tocar en el ND Ateneo y me dio curiosidad verlos en vivo. Se lo comenté a mi amigo Emiliano Diez, (quien me había conseguido el trabajo), y él se lo comentó a algunos amigos más, nos citamos en La Giralda para tomar unas cervezas y después sacar las entradas. Cuando dos de ellos fueron a sacarlas. estaban agotadas, nos lamentamos bastante, en particular me quedó la vena hinchada. Ipso facto la noche se convirtió en un paseo por bares de la ciudad y uno de los tantos pedos antológicos que me he agarrado en la vida, sin dar muchos detalles puedo decir que fue inolvidable. Luego de la frustración, no mucho más que ese lejano eco siguiéndome como una cuenta pendiente en toda mi formación musical o melómana: Pequeña Orquesta Reincidentes.

Cuando estaba en el trabajo de edición de mi primer libro charlamos con mi editora sobre ellos, me dijo que era su banda favorita. Le pedí que me pasara la discografía en un pen drive y ahí sí, muy lentamente, pude empezar a escucharlos, a entenderlos, a disfrutarlos.

Resultado de imagen para pequeña orquesta reincidentes miguita de panLo primero que me pegó fue el disco y, en particular, la canción homónima “Miguita de pan” (2003), la construcción melódica, con tantas variaciones, con la oscuridad que despliega esa secuencia de acordes que se repiten como un mantra, y la letra que desborda poética, nostalgia y frustración “y contame de todo lo que como vos / se derrumbó”. Algunos años después escribí una nota en base a esa letra, una interpretación política relacionada al 2001, con tan mal tino que pifié el nombre del cantante, puse a Pesoa y era Fernández (qué sé yo, todes tenemos un blooper en el placar). Por suerte se pudo corregir y nadie salió herido (sobre todo yo que era el que realmente lo merecía).

En 2017 arrancó mi fanatismo por Acorazado Potemkin, la banda de Juan Pablo Fernández junto a Fede Gazharossian y Lulo Esaín. Mi gen rockero se reactivó furiosamente luego de un letargo de varios años de intrascendencia. Se convirtieron casi en una obsesión y en un modo de pensar otra vez la música y la estética por fuera de la gran lista de bandas del under que me resultaban laxas, planas, y/o directamente anémicas. Encontré refugio a mi disgusto por el rock mainstream que no hace más que reproducir una berreta fotocopia de lo peor de Los Redondos o, peor aún, de Calamaro, también derechizada y llena de una arrogancia injustificada. Encontré en ellos algo genuino que no encontraba más que en el Indio Solari; una referencia.

Escuchar Acorazado me hizo volver a POR con mucha intensidad. Ahora las tardes y las noches se me llenaron de POR, se convirtió en la una parte importantísima de mi banda de sonido cotidiana, mis compañeros de trabajo me odian porque les quemo la gorra con cada disco, me puse a sacar canciones en la guitarra y hasta tengo una corbata que sorteó Oui Oui Records, con el arte del disco Traje, una belleza.

Pero toda esta pelotudez autorreferencial que a nadie le importa no viene a decir otra cosa que afortunadamente tuve revancha. Que ese frustrado recital de 2005 o 2006, que me dejó un hueco en mi historia personal vino a llenarse, y qué afortunado me siento al poder ver, al menos una única vez y sólo algunas canciones, a Pequeña Orquesta Reincidentes.

Motivos de la Pequeña Reunión Reincidente

La imagen puede contener: 1 persona, barbaEl día martes 12 de noviembre, Alejo Vintrob, baterista de POR, publicó un flyer con el anuncio de un montón de músicos y solistas entre los cuáles se encontraban todos los grupos actuales de los ex POR con la leyenda “a beneficio Muhammad Habbibi Guerra (el Rodra) y su familia”. El Rodra, contrabajo, tuba y voces de esta joya escondida de la música argentina. Eso es todo. Y fue suficiente para poner fin a la angustia que había dejado aquel mail intempestivo de 2008 que decía que Pequeña Orquesta Reincidentes dejaba de existir.

La manija de la previa

Tiene algo de verdad esa leyenda que construimos las personas que vivimos en provincia sobre la puntualidad. La lejanía nos convierte en seres obsesivos del horario, salimos con anticipación, llegamos temprano y esperamos a les que llegan tarde. La ocasión ameritaba para reafirmar en la praxis. A las ocho menos cuarto ya estaba tomando una lata de cerveza en la puerta (con la cara de Santiago Maldonado) del Salón Pueyrredón, los primeros diez o quince que estábamos ahí teníamos una ansiedad que se nos veía a la legua. Cayeron amigues escritores con les que esperamos a que abrieran. Nos abrazamos, comentamos expectativas de lo que vendría, cómo será, qué temas tocarán… ¡cálmense pendejos!

La imagen puede contener: 1 persona, en el escenario, noche y conciertoLos primeros en sonar fueron los ya mencionados Acorazado Potemkin, con la ausencia estelar del cumpleañero Lulo Esaín. Las palmas de los que estábamos entre el público fueron insuficientes para reemplazarlo, aun así, las tres canciones que sonaron, “Las cajas”, “La mitad” y “La carbonera” conmovieron con la fuerza intrínseca de Juan Pablo Fernández y Fede Ghazarossián.

Como la velada ameritaba mucha dulzura, Florencia Lestani, Más conocida como Flopa, también tocó tres canciones bellísimas, “No queda más de mí” fue el hermoso cierre de la cantautora.

También se destacó la presencia de Guillermo Piccolini, con una canción acústica y luego al piano, con Alejo Vintrob, baterista de POR, haciendo una canción súper psicodélica, muy al estilo Gong, divertidísima.

Un nuevo intermedio y apareció el grupo del homenajeado, Muhammad Habbibi Guerra, dos reggaes súper enérgicos. El saludo final del Rodra fue conmovedor, solamente alzó una mano hacia el cielo y la otra cerca de su pecho, la cabeza apenas inclinada hacia el suelo y una sonrisa de emoción difícil de borrar para los que lo vivimos.  

La imagen puede contener: 1 persona, en el escenario, tocando un instrumento musical, noche e interiorSala de máquinas es el más reciente proyecto de Alejo Vintrob, Baterista de POR y ahora guitarrista y cantante de esta experiencia. A diferencia de sus primeros dos discos solistas, más introspectivos, SDM desplegó tres temas a pura fuerza, “Maldonado” abrió esta triada y cerró con una cumbia oscura y al palo.

De todos los desprendimientos de POR, El Viento, quizá sea el más reciente. Santiago Pedrocini y Guillermo Pessoa lideran este cuarteto de canciones bellas, cristalinas. Pessoa cambió el piano y el acordeón de su primer disco solista Lunes, por una Telecaster. Su lírica sigue intacta y conmovedora. También con tres canciones hicieron su magia; “Frágil”, “Soldados” y “8 bit”.

Ahora sí, POR fin

El telón del Salón Pueyrredón se cerró, después de un rato se empezaron a distinguir algunas siluetas que, de seguro conectando cables y pedales. La ansiedad se agudizaba cada vez que alguien gritaba un “Vamos Pequeña Orquesta” o improvisábamos algún cantito.

Pasan los minutos. No se produce silencio en la sala, seguimos alentando, nos reímos, hacemos chistes, tomamos cerveza, estamos contentos.

Se abre el telón y ahí están, después de doce años, Pequeña Orquesta Reincidentes. O casi, porque sorprende la presencia de Fede Ghazarosian en el contrabajo (bah, no sorprende nada, era obvio, pero lo mismo nos emocionamos). En la guitarra Santiago Pedrocini, en la batería Alejo Vintrob, en el acordeón (suponemos que por algún tema técnico o logístico no estaba el piano) y voces Guillermo Pesoa y en la guitarra y voz Juan Pablo Fernández que presenta “Somos pequeña orquesta reincidentes” y agrega, “preparamos un montón de canciones”.

No llamó la atención para nada la falta de los trajes, vestimenta característica del grupo durante toda su carrera. Ellos hablaban, en esa época, que era su ropa de tocar, la ropa de laburo. En este caso era muy coherente no llevarlos, estaban en otro plan, la de ayudar a un amigo, a un hermano y disfrutando de estar juntos. Aun así, todos con remera negra, siempre oscuros.

El inicio del show no lo preside la música si no un sorteo, un fallido sorteo de vinos. Juan Pablo saca números y nadie se acerca, nadie los tiene, no sabemos cómo sigue la cosa. Marcelo “el Saico” Araujo apareció para poner orden. Desde el escenario repartió al azar los tres vinos entre el público (no me tocó ninguno lamentablemente) y ahora sí. Basta de boludeces.

La imagen puede contener: 2 personas, incluido Fede Ghazarossian, personas en el escenario, personas tocando instrumentos musicales y nocheEl riff de contrabajo y la batería arrancan con la introducción de “Negro” y empezamos a saltar, el acordeón se mete con sus acordes oscuros que llenan de fulgor y la voz rabiosa y áspera de Juan “¿Acaso no ves?,  ¿acaso no ves? / qué feo que suda en la calle / la trampa del hambre”. Y el estribillo “Negro sacame esta gente de casa / negro llenaste las ollas de miedo / negro no metas los pibes en esto / negro me asusta tu cara, me asusta tu cara”  y explota el solo de guitarra acompañado de pogo.

El segundo tema, con ese riff melancólico que nos trae algún lejano perfume de Starless de King Crimson, en manos de Santiago Pedrocini, es “Siempre”. Nos balanceamos con el ritmo como en una balada romántica y coreamos el riff que se va poniendo más rabioso con el pasar de los compases. Los versos finales nos terminan de conmover “Creo que se me olvidaba un beso / un beso igual a los de siempre”.

Hace su aparición la voz de Guillermo Pesoa en “El atajo”, con ese ritmo popular de algún lugar de europa, una polka o algo que trascurre por el Volga. Y el coro final al que acompañamos con ternura “Ella es el atajo que me lleva al cielo / sobre su mirada gris / ya no quiero despertar de este sueño azul”, coreamos abrazados.

Y ahí la cosa se puso en serio, cuando empezó a sonar “En el oeste” los saltos no se hicieron esperar, empezaba a transmitirse ese gen balcánico punk tan característico de Pequeña Orquesta, y el quilombo arrancó. Arrancaron los coros a los gritos y el pogo. Sobre el intermezzo en el que queda la guitarra de Juan Pablo quedamos todos a la expectativa por unos segundos hasta que arrancó e hicimos mierda todo otra vez.

Cuando terminó ahí se produjo, de manera completamente premeditada y deliberada, el cantito que sólo dos bandas se merecen en este país: Los Redondos y POR. “Ole olá, sólo te pido que se vuelvan a juntar”.

La imagen puede contener: 1 persona, tocando un instrumento musical y en el escenarioPesoa volvió a tomar la posta de la voz en “El egoísta” junto con el acordeón. Una canción un poco irónica “si cuando yo me muera lo he de hacer por ti / entonces quien se muere, quién se morirá por mí” que remata con el poderosísimo  tresillo de Alejo Vintrob.

Pedrocini agarra la trompeta y ya sospechamos lo que va a venir. Se corea ese trino al unísono entre la guitarra, el acordeón y la trompeta, oh oh oh. “El camión”.  Canción de caminos,  fronteras, trabajadores y rutas. “Mañana mama voy vender/ dame un beso y no me esperes / las cajas ya las entregué / la lona se la dejo al Rober”.

Por si no quedaba claro, fue un recital muy punk, hablé con gente que los iba a ver en los 90 y los primeros 2000. En los teatros no era más que sentarse a disfrutar, en los lugares de la gente estaba parada, a los sumo, se bailaba. Por eso, al presentar el siguiente tema Juan Pablo nos alertó “Esta es una letra del Rodra”. El arpegio de banjo de “Gallo rojo, gallo negro” dejó todo en suspenso. Era sólo esperar al estribillo para empezar a romper todo otra vez. “un cotillón de plumas y dinero / uno está rengo, el otro ciego, / y nadie sabe cuál va a caer primero / los dos son rojos los dos son negros”. Las caras de los que estaban arriba del escenario desbordaron asombro, tal vez incredulidad.

La imagen puede contener: 2 personas, personas en el escenario, personas tocando instrumentos musicales y nocheEl grupo paró un momento para presentar al homenajeado de la noche, El Rodra, Muhammad Habbibi Guerra, subió al escenario. Amagó con agarrar la guitarra pero Fede le cedió el contrabajo, entre cantitos alentadores y aplausos. Nuevamente el Banjo, esta vez con arco, hizo sonar la melodía de “Mi suerte” y arrancó el baile desenfrenado. Pesoa, en un gesto lleno de amor, le acercó el micrófono al Rodra para que pueda hacer los coros en la segunda estrofa.  “Fiesta de diez mil colores / antes que vuelva de la capital”. Un gráfico perfecto de lo que estábamos pasando en ese momento.

Más aplausos, gritos y cantitos bancando al Rodra, mientras que, ahora sí, agarraba la guitarra de Juan Pablo y Fede Volvía al contrabajo. Le pidieron unas palabras. “Sólo voy a decir…” y arrancó un Fa distorsionado. “Peluca” en una versión algo surf y súper power, como no podía ser de otra manera. “Y uso a mis hermanos como espejo”. Eso sucedía en el escenario, hermanados, reflejándose el uno en el otro, una vez más, Pequeña Orquesta Reincidentes.

Se abandonaron los instrumentos y dieron paso al saludo, se tiraron nombres: “Joselito”, “Tres deseos”, “Miguita de pan”, “Mudanza”,  pero fue inútil. Después de nueve canciones, se terminó uno de los recitales más simbólicos del año. “Ole olá, sólo te pido que se vuelvan a juntar”.

Pueyrredón y después

Algunas impresiones de lo que quedó de este evento se comentaron en el pos, mientras tomábamos birra y charlábamos con gente. “Fue casi como un sueño: no lo buscaste, no hubo plan ni estrategia alguna  sin embargo se presenta esa realidad, ese reencuentro” nos dice Alejo Vintrob. “Ensayamos un día antes y realmente no hubo mucha diferencia entre el pasado y el ahora. La misma energía, el mismo filo, el mismo humor”, agregó el baterista de POR.

En tanto Santiago Pedrocini nos comentó que “los que nos predispuso fue que era algo hecho con amor, por Rodra. Desde que nos enteramos de este plan fue mucho entusiasmo. Ayer nos juntamos un ratito a tocar, a repasar los temas que hacía doce años que no tocábamos, empezamos con negro y al segundo compás ya era un ría de emoción”.

La imagen puede contener: 1 persona, en el escenario, tocando un instrumento musical y concierto“Quedamos muy conmovidos por el encuentro de la Pequeña Orquesta, por suerte Muhammad Habibbi Guerra pudo venir, que él pueda tocar con nosotros fue un acto de amor y seguir sintiendo que hay algo muy lindo entre nosotros y que por suerte están las canciones”. Nos dice Juan Pablo Fernández luego del show y agrega: “la respuesta del público fue muy conmovedora, acompañarlo al Rodra y también sentir que las canciones siguen contando cosas que se pueden cantar y la gente las atesora y se cantó todo el show. Imposible contener las lágrimas en muchos momentos del recital”.

Llegó un momento en que nos echaron del Salón. Era hora de cerrar y casi no teníamos más plata para birra. Bajamos la escalera y los tres locos que éramos nos abrazamos, como en una victoria personal: “vimos a Pequeña Orquesta Reincidentes”.

Así que nos fuimos por ahí, comimos unos panchos y seguimos hablando de las canciones y de la “Necesidad” de una banda como POR en este tiempo político, donde hay alegrías que vuelven, y muchos desafíos. ¿Por qué carajo estuvimos cantando todos estos años “vamos a volver” acaso?

Y  por otro lado ¿quién nos puede prohibir soñar un poco? POR es símbolo de desafío y de alegría. Se demostró que hay un público que lo sigue, y no sólo los de aquellas épocas, alrededor de trescientas personas colmaron el Salón. Hay toda una generación que puede escucharlos y conmoverse, las letras son universales, pueden sostenerse en las problemáticas de hoy sin ningún problema y la fuerza de este quinteto sigue intacta. Falta nomás que se pongan el traje, la ropa de tocar, la ropa de laburo y arranquen otra vez. Si con solo un ensayo pudieron descoserla ni me imagino lo que pueden dar en un año de trabajo. Si ni me imaginaba verlos una vez, ahora que tuve mi revancha, que el tiempo me acomodó las cosas, podemos esperar tranquilos.

La imagen puede contener: 6 personas, personas sonriendo, personas de pie y noche