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Cultura //// 01.03.2020
Una banda de chicas: un film de Marilina Giménez

Existe una relación histórica entre la industria musical y el corazón mismo de los procesos de acumulación. Relación que pone al descubierto la directora, música y sonidista Marilina Giménez en su ópera prima "Una banda de chicas". Por Victoria Albornoz Saroff.

Por Victoria Albornoz Saroff

 

En febrero continúa Una banda de chicas en el MALBA, la ópera prima de Marilina Giménez, un tour por la escena underground de Buenos Aires donde mujeres músicas se unen bajo una misma premisa que las atraviesa: acabar con los estereotipos que dominan la industria. La película tuvo su estreno en la 33ª edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata y  y su estreno Internacional  en el 48 Festival Internacional de cine de Rotterdam y reúne música, testimonios y presencias de Miss Bolivia, Kumbia Queers, Las Taradas, Las Kellies, Kobra Kei, Ibiza Pareo, Liers, She devils, Sasha Sathya, entre otras.

Próxima función (última del ciclo): sábado 29 de febrero a las 22:30hs en el MALBA, Av Figueroa Alcorta 3415. Para más informacion: https://www.facebook.com/unabandadechicas/

La industria musical, al igual que todos los sectores económicos, pese a tener características particulares que las diferencia de otros sectores industriales, no es una isla. Existe un imaginario en torno a la figura del trabajador asalariado, varón cis, blanco y heterosexual (no por sus preferencias sexuales sino como padre de familia) que ubica esa figura como motor de la economía. Dentro de esta segmentación, todas las identidades que no son constituidas por esa combinación de características, tales como mujeres, lesbianas, trans, no binaries, como así también infancias, migrantes, adultes mayores, afrodescendientes, originaries, fueron ubicades en el lugar de figuras no productivas y a la vez, devaluades socialmente.

Este orden de las cosas que planteaba una división histórica entre trabajo y vida a partir de la segmentación: trabajo asalariado en las fábricas, confiriendo al varón proveedor a la vida pública y política; y el trabajo no remunerado dentro de la esfera privada del hogar, como el lugar natural de la mujer y del resto de identidades. División que hizo invisible la organización social del trabajo de cuidados junto a sus trabajadores: madres, abuelas, hijes, vecines. Toda una maquinaria de redes sociales que se activa para la gestión de los traslados de les chiques al colegio, la compra y preparación de alimentos, la administración de la medicina a les enfermes y adultes mayores del hogar. Esa invisibilidad era requisito indispensable para que el sistema siguiera adelante volcando ahí todos los costes de mantener y reproducir la vida bajo condiciones impuestas por una ley que no prioriza la vida, sino que la utilizaba su propio funcionamiento mercantil, estratificado, patriarcal, heteronormado.

Las relaciones sociales de hoy en día se encuentran en un nuevo momento de reorganización, debido a conflictos en otros órdenes de la vida, tales como el modelo de crecimiento urbano; el cambio climático; o la precarización del mercado laboral. En el mundo del trabajo remunerado, también entra en crisis la figura del trabajador asalariado a la cual hacía referencia, y pese a que las mujeres cis desde hace un buen tiempo estamos inmersas; nuestra inserción se da de manera desigual. Ingresamos en un contexto de debilitamiento de las organizaciones sindicales, con salarios a la baja, flexibilizaciones no pactadas y quita de derechos en lo que respecta a la seguridad social y previsional. Además, la velocidad con la que mujeres, lesbianas, travestis, y otras identidades no hegemónicas ingresamos al trabajo remunerado no se da con la misma velocidad en la que varones cis ingresan al trabajo de cuidados. Todas esas transformaciones ponen en crisis al modelo de masculinidad, a un mandato de ejercer la autoridad patriarcal como forma de poder político.

Pensar la noción de trabajo desde un punto de vista no esquemático, es decir, integrando formas de trabajo no tradicionales, considerando al trabajo productivo, al reproductivo y al trabajo creativo, también es poder pensar en el trabajo como constitutivo de la identidad. Entonces el trabajo creativo no solo es un medio de opresión o exclusivamente una manera de sustento económico, también puede ser una actividad de disfrute, de exploración estética, articulador de relaciones sociales. La cualidad distintiva del trabajo creativo y técnico-creativo, reside en la personalidad que sus trabajadores le imprimen a los bines y servicios culturales. Dotando a los productos culturales un valor simbólico, indisoluble de quienes lo realizan y a la vez, son productos propensos a ser bienes públicos. Pero esta cualidad simbólica del trabajo creativo no implica necesariamente no convertirse en trabajo alienado. Muy por el contrario, si no cambia el sistema de concentración de la propiedad, la distribución de la riqueza y también de las tareas de cuidados, lo que perpetúa es una subordinación de la cultura y los cuidados al mercado.

Entonces ¿Qué sucede cuando las mujeres hacen la música que ellas eligen?, ¿Qué pasa cuando sus cuerpos sobre el escenario son agresivos y sensuales? Se pregunta Marilina Giménez en su film. La organización de las relaciones laborales para estas trabajadoras no escapa al orden imperante que venimos dilucidando. Lo que implica que no va a existir una "mano invisible" que equilibre las relaciones de poder en el trabajo creativo, por más que sea un trabajo asociado a la satisfacción y sensaciones de autorrealización personal o profesional. En los ámbitos laborales de las industrias culturales hay trabajadores con mayores niveles de exposición pública que en otros ámbitos. Las mujeres e identidades no hegemónicas que desoyen el mandato que históricamente les asignó la industria, como explica desde su testimonio Paula Maffia: el rol de las mujeres en la industria de la música es el papel de musas inspiradoras o coristas. Del mismo modo en labores no tan visibles como el trabajo de mujeres que se desarrollan en ramas técnicas, sectores que desde los estereotipos de género son asociados a la fuerza y al trabajo masculino, las sonidistas de la Red de Mujeres en el Sonido que asistieron a la función del sábado pasado comentaban cómo vienen construyendo sus propias formas de hacer en esta actividad, promoviendo la capacitación profesional, la evaluación colectiva de sus trabajos y estrategias para que mujeres y disidencias accedan al mercado laboral.

El documental trae experiencias de poblaciones laborales que desobedecen los mandatos, se asocian y se defienden porque todo acto de rebeldía es leído como amenaza a ese modelo heteronormativo de acumulación por desposesión. Una banda de chicas organizando su deseo y abriendo paso en la escena musical.