Cultura //// 07.10.2018
Turner, el romántico

Se ha escrito mucho estos días sobre la muestra de Turner que visita la Argentina, y todo lo sucedido en un momento crítico para la cultura en nuestro país. Aquí, una semblanza para todos aquellos que quieran acercarse a visitar esta interesante exposición que tiene los días martes entrada libre y gratuita.

En la exposición “J. M. W. Turner. Acuarelas”, organizada por el Museo Nacional de Bellas Artes y la Tate Gallery, se pueden observar obras de gran formato y bocetos espontáneos, estos últimos expresan el ímpetu experimental del artista. En las salas del pabellón se exhibe la variedad de temas explorados por Turner: paisajes, arquitecturas, interiores, escenas históricas. Un total de 85 piezas seleccionadas de todos los periodos de su vida, desde los 17 años hasta producciones más cercanas a sus últimos días, es también ese sentido una exposición didáctica para recorrer.

La obra de Turner es tan peculiar e innovadora como clásica y académica; en la confluencia de su variedad y virtuosismo se condensa su real importancia. Pocos clásicos pueden ser innovadores, y pocos innovadores pueden considerarse clásicos, siendo el clasicismo un canon y la innovación la real enemiga de la tradición. Sin embargo, en Turner conviven felizmente esas variables, y ese complejo cóctel de maestría lo hace único. Como buen representante del romanticismo el pintor hará suya la intensa necesidad de observar la naturaleza, lo ideal, inalcanzable, lo sublime frente a la insignificante existencia del ser humano,  pequeño pero no empequeñecido sino absorto frente a ese gran escenario en el que le toca; navegar y naufragar.

Los fenómenos naturales como tormentas, vientos y atardeceres son su obsesión pictórica, la que algunos leen como afines a las turbulencias históricas en las que vivió el pintor, nacido en la antesala de la revolución francesa. En su condición de romántico por excelencia, Turner hace hincapié en un núcleo que me permito destacar, donde enmarca el rol de los hombres como patriotas, en un marco colectivo sobre la gran causa de un estado nacional que en su caso es Inglaterra. Verán obras donde flamean banderas y manifestantes, como en La elección de Northampton, 6 de diciembre de 1830 (c. 1830-1831), donde se observa parte de la manifestación popular y los aires de tensión social en una épica colectiva. Sus personajes no son mayúsculos sino pequeños ante la historia que les toca, sólo fortalecidos en lo colectivo, lo social y lo político.

Un romántico con el paisaje, la arquitectura y los navíos que van significar también lo nacional; el progreso de la ciencia y la técnica sobra la historia y el pasado melancólico e irrecuperable, sin marcha atrás. Su virtuosismo sobre la acuarela nos permite apreciar los cielos, los mares, la luz, las transparencias, las texturas, el agua, la brumosa atmósfera, el temperamental clima de la vieja Inglaterra. Todo este acervo pictórico y experimental será recuperado por los impresionistas a fines del siglo XIX.

A modo de invitación para visitar a la exposición dejo algunos detalles destacados de la vida del artista, y prometo para el próximo texto adentrarme en  los seis núcleos que propone esta exhibición. Turner fue el hijo mimado de un padre barbero, su madre perdió la razón y terminó sus días en un hospicio. Un joven prodigio que ingresó a los 14 años a la Real Academia de Bellas Artes, su padre fue su gran compañero y asistente del taller para la provisión de materiales y telas. Fue profesor de perspectiva para arquitectos en la Real Academia, le gustaban los viajes y tenía su interés puesto en la observación de la naturaleza. Uno de los núcleos de la exposición lo describe como el turista, y como buen académico también se ocupó de temas históricos, como lo denota La Batalla de Marengo, realizada entre 1827-1827, y una larga lista de motivos, por lo cual espero que visiten la exposición de Turner en el Bellas Artes.

“J. M. W. Turner. Acuarelas”, organizada por el Museo Nacional de Bellas Artes y la Tate Gallery. Del 27 de septiembre hasta el 17 de febrero de 2019, puede visitarse de martes a viernes de 11 a 20 horas, y sábados y domingos de 10 a 20 horas, en Av. del Libertador 1473 (CABA). El valor de la entrada es de 100 pesos, con entrada gratuita para jubilados, menores de 12 años, personas discapacitadas y grupos educativos. Los martes el ingreso es libre y gratuito para todo público, también de miércoles a domingos a partir de las 19:00h.