Cultura //// 09.09.2018
Todo canto es político oh oh

"Esta época no necesita metáforas. La calle se expresa con su propio lenguaje, que va al punto, sin paradas previas". Ramiro Gallardo hace un recorrido reflexivo sobre las canciones populares a través del tiempo y por tanto, sobre los distintos movimientos y coyunturas que las motivan.

Por Ramiro Gallardo

 

Una amiga me contaba que cuando iba a ver una banda en tiempos de dictadura, los recitales estaban plagados de milicos. Era difícil para los músicos. Uno de los que más se la bancaba era Charly. Esquivaba la censura a pura poesía: Yo creo que los recitales de Serú Girán en Obras -hicimos una seguidilla muy grande- eran lugares de resistencia. La gente iba ahí y se expresaba. Una vez se iban a llevar a una chica en cana. Paré el concierto y le dije al iluminador: “Iluminá ahí”. Entonces, estaba el tipo ahí con la mina, y le digo: “¡somos 5.000 contra uno eh!”. Cuando sonaba “Alicia en el país” se denunciaba lo que estaba pasando, sin mencionarlo.

 Charly García sobre Alicia en el país. Qué fue de tu vida, programa en la TV pública conducido por Felipe Pigna. 19 de enero de 2012.

 

De adolescente empecé a seguir a los Redonditos de Ricota, una banda que engendró, sin pretenderlo, una enorme cantidad de rituales. En el bondi, en el tren, en la calle y en los lugares donde tocaban, antes de que arrancase el concierto, se cantaba. Como en la cancha. Exactamente igual que en la cancha porque, aunque no había público visitante, las canciones iban contra el equipo contrario. Soda. Sonaba mucho un cantito que, tras la muerte de Cerati, todos recordamos con dolor. Había personajes que se repetían, como el falso indio que colocaba la mano sobre su boca y pegaba unos tremendos alaridos, o el paralítico heavy metal en silla de ruedas que estaba en medio de todos los pogos. Antes de arrancar no faltaba, nunca, el paredón paredón, paredón paredón, para todos los milicos que vendieron la nación. En los 90, después del asesinato de Walter Bulacio, el cantito fue otro. Sonaba religiosamente: yo sabía, yo sabía, que a Bulacio, lo mató la policía. Pero el himno ricotero no tenía un tinte político: olé olé olé, olé olé olé olá, olé olé olé, cada día te quiero más. Oh, soy redondo, es un sentimiento, no puedo parar… Lo lindo era que la banda se prendía. Era un tema más, y sonaba varias veces en una misma noche.

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Ruta a Olavarría. Marzo de 2017. 

 

Decir que este canto no estaba atravesado por la política es un error. Todo canto es político. En Olavarría, el año pasado, fue evidente: había personas de todas las clases, pero se trató a todas luces de una fiesta popular que, literalmente, copó la calle. Incluso, el límite entre lo público y lo privado se convirtió por momentos en una línea ancha y difusa, con gente acampando en las plazas, salones y jardines, o vecinos que extendían el espacio de sus casas sobre la vereda para vender choris o cerveza. El espacio público es un lugar de disputa, siempre. En la penumbra de sus formas se desenvuelven todo tipo de intereses contrapuestos: Branca Coca $300 Macri gato era una de las tantas promociones ofrecidas los días previos al concierto.

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Olavarría, marzo de 2017.

 

El movimiento feminista tiene varios cantos. Me gusta el ¡alerta, alerta! Por el poder popular. Ahora que estamos juntas, ahora que sí nos ven... Suena raro, porque es de cancha pero no es de cancha. La Academia usaba una melodía muy parecida en 2001: se viene el Racing Campeón, Racing campeón, Racing campeón. Era lo único con buen ritmo aquel diciembre, cuando el compás de los bombos devino en una batucada cacerolera infernal: oh, que se vayan todos, que no quede ni uno solo. Hace unos días volví a escucharlo, en la esquina de Entre Ríos y San Juan. Temí por un momento que aquel hit pegadizo regresara. Prefiero el olé olé, olé olá, los estudiantes vamos a luchar, por presupuesto para la Universidad que retumbó durante la Marcha Universitaria del 30 de agosto pasado. El que se vayan todos, que por aquel entonces yo también cantaba, me recuerda que “política” era una mala palabra.

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Clase pública en la Galería del Cabildo, 24 de agosto de 2018.

 

El Mauricio Macri la putá que te parió no suena tan bien, pero es expresivo a más no poder. La letra, poesía pura. No recurre a imágenes alusivas al estilo de las que necesitaba Charly, es más Atahualpa: dice directamente lo que quiere decir, y es bien popular. Esta época no necesita metáforas. La calle se expresa con su propio lenguaje, que va al punto, sin paradas previas.

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1 de septiembre de 2018. Kermesse redonda. Fotografía de Edgardo Kevorian

 

Los recitales de los Redonditos de Ricota anticiparon en mucho la versión popular del Himno Nacional Argentino que se corea en los Mundiales. Todo tema ricotero tiene su propio oh oh oh, me di cuenta de esto el sábado pasado en la Kermesse Redonda. Tocaron varios ex-Redondos, músicos invitados, y hasta hubo performance de Enrique Symms en la pantalla. (Cuando ni siquiera hay lobos aullándome en mi alma, me gustó la frase, la anoté en el momento). Con cada tema, aunque el sonido era bueno, se oía más el coro del público que la voz de los cantantes. Se escucharon canciones para todos los gustos, se cumplió con el ritual final de Ji Ji Ji, y por supuesto, no podía faltar el hit del verano, que fue de otoño, de invierno, y está por completar el ciclo de las cuatro estaciones. Por un momento pensé que los músicos se iban a prender, pero me quedé con las ganas. Me parece que ellos también.