Cultura //// 03.02.2019
Tierra prometida: poesía de Tamara Padrón

Las voces de poetas mujeres que llevan en sus versos el reclamo, el íntimo y el externo, se hermanan en la historia bajo la resonancia. Un eco donde los huecos del sonido se van llenando de murmullos hasta ser un canto. Por Carolina Biscayart.

Por Carolina Biscayart

Sylvia Plath aúlla poemas en los silencios de la noche. Dice la perfección es terrible, ella no puede tener niñosY hay poetas que saben eso antes de su primer verso y apuestan a que en la imperfección el grito sea cierto y cada vez más claro, que el grito busque su forma hasta ser el mejor de los destinos de este viaje. Sylvia afirma en versos pensé que la cosa más hermosa del mundo debía de ser la sombra, el millón de formas animadas y callejones sin salida de la sombra. Hay poetas que buscan en ese lado, el oscuro, el modo de situarse en el sitio justo, deambulan hasta pararse debajo de la única claraboya posible, y le dan al poema el peso del instante y a la vida el camino de la poesía y viceversa. La oscuridad es la clave y la única llave hacia la propia voz, y así cada poeta tiene su grito cuando la luna asoma. Sylvia nos susurra ahora tomé una respiración profunda y escuché el viejo rebuzno de mi corazón: soy yo, soy yo, soy yo. Hoy: Tamara Padrón

Tamara llega a su voz desde sus noches, sin ambigüedades, tampoco es difusa sobre lo que desconoce: camino sin saber qué es una casa/apenas conozco las formas del viaje. Su lengua se busca y es filosa, no quiere edulcorantes: ¿Por qué una mujer llora?/Nunca pude hacerlo del todo bien, /un par de lágrimas no quitan la nada de este mundo. Una mujer que se enuncia en la poesía en forma original y profunda: He crecido en la lengua,/puedo reconocerme en aquellas nubes/que miramos hace tiempo.

La poeta busca en la palabra una casa, un arma: necesito poder encontrar una lengua/ una que ampare/ una que hable de lo que sucede mientras tanto./mientras pasa lo importante. Tamara es una poeta que le pone el cuerpo a la poesía, y la escasez hace de su poema un hecho colectivo cuando enuncia la sed me devuelve a este mundo, y le pone el cuerpo cuando se permite mutar, ser materia moldeable, asible; para tomar la forma del inconsciente, del momento, de lo urgente cuando afirma: Me llamo barro

Recomiendo esta autora potente que tiene ya un estilo que reclama, a paso firme, arisco y comprometido, su lugar en la poesía a través de su decir particular.

 

Poemas de Migraciones (2018)

 

Copular feroz

Hay algo indestructible en el lenguaje

algo que no me es conocido del todo,

una pelea perdida de antemano, tal vez.

Pienso que pertenezco a ninguna parte

ni siquiera esta lengua surca

me pertenece.

 

Vuelvo a ciudades imposibles,

círculos concéntricos en el desierto,

camino sin saber qué es una casa,

al final de cuentas,

soy un bulto más en la calle

o en el relato,

apenas conozco las formas del viaje.

 

He crecido en la lengua,

puedo reconocerme en aquellas nubes

que miramos hace tiempo,

también pude haberlo imaginado

manía de cubrir los espacios en blanco.

 

Mi patria es poco más que un mapa

mi lengua, apenas un gesto,

imperceptible pero feroz

como el copular de dos insectos sobre una hoja.

 

Lengua arisca

Algo se pudre

Sabemos quiénes somos en tanto

baste con mirarnos mientras los demás duermen,

compartir ese estar sin estar del todo,

ese silencio bajo el que crecen las cosas.

 

Apretamos el puño contra la tierra

pero algo se pudre.

 

Llegaremos a un nuevo pueblo

o ciudad

sabremos que alguien aguarda

porque unos ojos no podrán mirarnos.

Mientras tanto aprendemos a decir

Te amo No gracias

en lenguas lejanas y ariscas que desaparecerán

tras nosotros

antes de ser aprendidas

o apenas balbuceadas.

Digo que te amo

Pero escuchás pescado frito

Ni Girondo nos salva.

Mi lengua se tropieza en tu oído

y sé que nunca nos entenderemos del todo

Te pido pan o un poco de té,

vos oís algo parecido al amor

alcanzás a abrazarme

pero la panza me hace un ruido sordo.

Algo se pudre en tu oreja.

 

Huesos roídos

Huesos roídos

o furiosos

Algo se resbala

necesito poder encontrar una lengua

una que ampare

una que hable de lo que sucede mientras tanto.

mientras pasa lo importante

Me pesa la soledad del gatillo

apenas soy un montón de carne sorda

Solo carne, sin dientes ni uñas

y una lengua que busca incesante

Otra verdad intenta abrirse paso

sin ser presa de la palabra.

 

Reconocimientos

La ventana ilumina el patio

Vos iluminás la ventana

 

Creo ver un haz de luz verdadera sobre las cosas

Sobre este patio

Sobre tu mirada

 

Las nubes reconocen tu rostro

Incluso bajo la tierra

 

Me llamo barro

Me llamo Tamara

en realidad Nadia Tamara

nombre excesivamente ruso

y que suele quedar bien

ahora que llegó el centenario

o por lo menos resulta interesante

para toda esa gente que estudia letras o eso

o simplemente abusa de la boina

en las mesas de los bares

y sabe qué libro fingir haber leído.

 

Pero no

Ambos nombres remiten al desierto semítico

Pude llamarme también.... América Libre

como hubiese querido padre,

entonces mi infancia hubiese sido otro tipo infierno.

El nombre de una contradicción o de un deseo

o de una vida,

no se escribe con palabras.

 

Pero soy Nadia Tamara,

no tengo nada que ver con la Komanechi

salvo las salvajes ganas de ir lejos de casa

y encerrarme en un cuarto con las persianas bajas

y hacer el amor

hasta que se borren los nombres.

 

Me llamo barro/2

Llevo el nombre de una mujer muerta

El número de DNI me saca diez años de ventaja

eso explica cierto delay generacional

y un gusto por los señores mayores.

No es fácil hacerse con los papeles de una difunta

De los árboles me gustan las raíces,

sé perfectamente que las mías

son los amigos perdidos en la noche

esos que toman demasiado

y escriben cada vez menos.

Algo nos une, quizás sean los muertos que amamos

o solo estemos confundidos por el alcohol y los nombres.

 

Contra las celebraciones

Hay miedos tan espeluznantes

como el silencio en una cuna

A pesar de eso sigo acá

bajando libros como botellas

pensando en el barro de aquella infancia

que supo parirnos sin amor y en las rocas.

Tengo la a misma edad que Walt Whitman

celebrándonos a todos contra su poesía.

La memoria se empaña

como el interior de un auto en invierno.

La sed me devuelve a este mundo,

nada pudo unirnos tanto como eso que nos faltaba

Me dejo llevar hacia la intemperie

demasiada nieve

y la mueca de esos días juntos.

 

Peces boqueando

Recuerdo

placer de haber encontrado el borde de mi cuerpo

en esas apresuradas siestas de la adolescencia.

Todavía tengo un poema apretado acá,

esperando que termine de tocarme para poder salir,

pienso romperme mano

con tal que algo salga o explote.

 

¿Por qué una mujer llora?

Nunca pude hacerlo del todo bien,

un par de lágrimas no quitan la nada de este mundo.

Mi madre continúa pudriéndose en el fondo de mi cabeza

y solo veo peces tragados por el aire

viscosos, jadeando en el piso

contra las cosas

sobre mi madre.

Solo peces a punto de morir

respirando la última bocanada interminable,

recurrentes y deformes como todo sueño.

Vuelven a posarse moscas en la cara podrida de esa madre

No voy a dejar que me quiten el agua de la piel.

 

Los peces son como niñas

redondas y abiertas

echadas mientras el mundo pasa a su alrededor,

dando giritos de trompo, rozadas por manos extrañas

arrojadas a la calle como un pedazo más de carne blanca.

Solo cuando cierran los ojos

imaginan que por la noche, las ponen en vasos de agua fría

aunque ellas prefieran un poco de whisky con hielo.

 

El destino de los peces es semejante al de ciertos hombres

o ciertas mujeres

saborear la propia orina y la ajena

sin tener jamás conciencia de ello

sin que pueda ser de otro modo.

Nuestro destino era arrojar piedras

contra vidrios, contra palabras,

contra otras piedras,

contra este aire que nos revienta.

 

Tamara Padrón: Nació el 19 de noviembre de 1980 en la ciudad de Lima, Peru. Ha vivido un cuarto de siglo en Buenos Aires pero desde hace ocho reside en San Martín de los Andes. Es Profesora de Letras, trabaja actualmente en el Instituto de Formación Docente N°3. Publicó ensayos académicos y cuatro libros de poemas, Esquina sin Ochava (1999), Andenes (2003), Los Días en la Selva (Kutral451, 2016) y Migraciones- la vida se desliza con facilidad- ( Macedonia, 2018). Fue Directora Editorial de la Revista Derecho a Réplica (UBA), miembro del CEM y ha coordinado diversos espacios de lectura y escritura literaria. Es parte de dos colectivas artísticas, Decires de Mujer y de Patagonias:un Archivo (im)Posible, equipo transdisciplinar que indaga a partir del arte, los ejes Cuerpos, Territorios y Memorias. Por este trabajo ha sido becada por el Ministerio de Cultura de la Nación.

Sobre por qué escribe la autora dice: Escribo porque intento una y otra vez, poder anclar (aunque sea de manera provisoria) algo propio en el territorio siempre extranjero, siempre inestable del lenguaje. Escribo como un ejercicio de soberanía íntimo, porque en lo profundo deseo que se fracturen los lugares aparentemente seguros.

También Tamara afirma con total convicción: En estos días tan furiosos siento que nuestra tarea no se trata solo escribir unas líneas propias sino de  poner el cuerpo, apoyar el hacer colectivo, poner a circular como acto de resistencia la palabra de quienes tenemos al lado. Estos son actos de resistencia poética.

(Nota publicada originalmente en el portal En Estos Dias).