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Cultura //// 06.12.2015
Tecnópolis es del Pueblo (2)

El pasado domingo cerró (por este año, por esta era) uno de los lugares más emblemáticos de ésta década. 

Por Juan Ciucci
Domingo de noviembre, el último fin de semana del mes. Hoy cierra sus puertas Tecnópolis, es la última vez del año, y también la última del kirchnerismo. Han prometido que continúa, pero todos sabemos que ya no será lo mismo.
Quizás por eso hoy hay mucha gente, más que la muchísima que siempre invade este predio los fines de semana. Me empieza a angustiar saber que se va a perder este espacio de libertad. Una creación estatal en la cual se construye comunidad cada día que se abren sus puertas, y en la que la presencia del Estado no sofoca, sino que crea los ámbitos necesarios para las relaciones en un marco de igualdad y fraternidad.
Si la Ciudad de los Niños era la utopía peronista, este Tecnópolis es el sueño del kirchnerismo en acción. Un mundo en el cual los conflictos se resuelven en un marco lúdico, donde conviven la ciencia, la técnica, el arte y la cultura.
Me voy deprimiendo a cada paso, comienzo a darme cuenta. En la radio que se propala por todo el predio suena “el lento de las 19”, y vuelve un poco más irreal esta escena con un clásico de los Bee Gees. Empiezo a pensar que no vine para deprimirme, sino en todo caso para celebrar el fin de una experiencia maravillosa. Pero la depresión va en aumento.
Por suerte escucho que alguien dice “allá va la bandera”, y me recuerda que había una marcha convocada en defensa de Tecnópolis. Me empiezo a dirigir a ella, y mi humor muda hacia un conato de esperanza. La bandera es muy larga, la llevan muchas personas que van cantando consignas de una ciudadanía empoderada, como dice Cristina.
Algo parecido me sucedió cuando fuimos al obelisco, la semana previa al balotaje, al observar a quienes se manifestaban. Es una clase media, media alta, que podríamos pensar parecida a muchos de los que cacerolearon en los últimos tiempos en contra del gobierno. Sin una organización por detrás, enfundados en banderas argentinas y cantando el himno, con fuerte presencia “militante” en las redes sociales.
La marcha avanza por todo el predio, los visitantes se acercan y aplauden, algunos se suman, otros miran curiosos. Terminamos cerca del parque de los dinosaurios, donde los trabajadores montaron un pequeño espacio desde donde reivindican su trabajo de estos años, y lo que les ha significado poder ser parte de este sueño colectivo. Comparado con tanto mega desarrollo que por doquier nos rodea, este pequeño escenario dice mucho de este nuevo tiempo, donde las manifestaciones políticas parecen tomar un sesgo minimalista.
Juntos, cantamos la marcha, más algunas melodías que en estos años nos agruparon en torno a este proyecto nacional, popular y democrático. Voy y vengo por la muchedumbre, tratando de ver quiénes somos estos que somos. Me alejo de la marcha, queriendo recorrer por ultima vez este Tecnópolis kirchnerista.
De golpe muchos corren, por suerte hacia un lugar que me queda cerca. No sé ni qué es, pero esa alegría que muchos demuestran por poder entrar, me empuja. “Por última vez”, dicen los de la puerta, entre felices por esa entrada impulsiva y la tristeza obvia de este atardecer de noviembre. Resulta ser el acuario, y me encuentro recorriendo amontonado, peceras donde muchos ven por primera vez un tiburón, la estrella del lugar.
Imposible no pensar en la gratuidad de este encuentro, en la ausencia de las lógicas comerciales y consumistas. Es un parque de todos, “del Pueblo”, cantan los resistentes que se han acercado hoy.
A la hora del cierre, volvemos a cantar “Patria sí, colonia no”, o que “a los noventa no volvemos nunca más”, en las puertas de Tecnópolis.  Este sueño se está terminando, pienso, pero quiero creer que uno nuevo ya comienza. Es el que vamos a ir construyendo todos juntos, una vez más, esta vez para enfrentar a los que quieren “privatizarnos la felicidad”.
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