fbpx Reeditan La Patria Fusilada, de Francisco Paco Urondo
Cultura //// 21.06.2011
Reeditan La Patria Fusilada, de Francisco Paco Urondo

Capital Federal (Agencia Paco Urondo, por Juan Ciucci) Esta semana presentan la reedición de un libro fundamental de nuestra historia reciente: La patria fusilada. Fruto de la entrevista que les realizara Paco Urondo a los sobrevivientes de la Masacre de Trelew en el Penal de Devoto la noche previa a la asunción de Héctor Cámpora, estuvo por mucho tiempo casi perdido. El próximo jueves 23 a las 19 hs en el Auditorio Alicia Eguren de Cooke del Archivo Nacional de la Memoria (Av. del Libertador 8151), participarán de la presentación Javier Urondo, Raquel Camps, Horacio Verbitsky y Daniel Riera.

A modo de homenaje a los compañeros que allí narran parte de su historia, y festejando el esfuerzo de tan importante reedición, reproducimos fragmentos de un estudio critico que publicamos en la Revista Afuera el año pasado (http://www.revistaafuera.com/articulo.php?id=41&nro=8).

Relatos / Praxis política
La lectura del libro nos sumerge en un ámbito privado, en una especie de tensa calma. No son fáciles las palabras que hay que pronunciar, no están solos en esta celda mientras recuerdan. Los compañeros están también allí, los caídos y los de afuera, detrás de esta reja que no pertenece a la realidad. Asistimos a momentos de alegrías y de desazones, de recuerdos dolorosos. Del recuerdo de la muerte, de la propia, próxima, y de la de los otros. De esos cuerpos que fueron enfriándose, que dejaron de responder. De la sangre, del dolor de un balazo, del estallido de una bala en la cabeza. La sencillez del texto nos interpela, nos abruma. ¿Cómo se cuenta una masacre? ¿Cómo se cuenta sobrevivir a ella? ¿Que palabras digo por los que ya no pueden decirlas?
El relato es coral, las cuatro voces van integrándose en un discurso superador. En el plano de la reconstrucción de la masacre, cada uno aporta una parte sustancial de los hechos. Cada punto de vista ayuda a dar una visión global y totalizadora. También ayuda a esto la postura ideológica compartida por todos. Es un relato desde la militancia, no intenta una reconstrucción objetiva de los hechos. Esta historia está atravesada por las historias de cada uno de ellos. Están los hechos irrefutables, y está la propia interpretación de estos hechos; de esta confluencia aparece el relato. Y la interpretación es política, militante. ¿Podría acaso ser de otra manera? (¿cómo podemos acercarnos hoy a este texto, sin comprometernos de alguna manera?)
Los sobrevivientes relatan lo que han visto y vivido, que es sumamente fragmentado. Surgen en el relato contradicciones, correcciones, preguntas. Es que no han estado todos juntos, y por la posición en las celdas que ocupaban han tenido distintas experiencias de los hechos. Como también distinta es la experiencia de género: Maria Antonia Berger remarca en el relato las diferencias entre su experiencia y la de sus compañeras con las de los hombres. Desde una revisación médica vejatoria, hasta el trato despectivo y humillante por parte de los militares. En el aeropuerto a ella casi no la miraban, sino que le hablaban a los hombres que estaban allí presentes. No comprendían muy bien que hacía una mujer allí, que autoridad tenia para parlamentar con ellos. Y cuenta que a Sayo (Ana María Villareal de Santucho), la pareja de Santucho, le preguntaban por qué la había dejado su marido; si la había abandonado. Doble enfrentamiento: el patriarcal y el militar.
Dado que cada uno tenía un acceso parcial a los sucesos, en el cruce se confrontan informaciones. Y cada uno pregunta y repregunta, erosionando el rol de reportero que sostiene Paco Urondo. Éste, por otro lado, es el encargado de comunicarles lo que sucedía afuera, desde las organizaciones. Qué esperaban de los hechos, qué se enteraron, qué sabían. Incluso cuenta anécdotas, como para corroborarlas con ellos. Entre los cuatro dan una perspectiva acabada de la situación, con clara conciencia de este intento. Son varios los momentos en que cualquiera de ellos interrumpe el diálogo, para volver sobre un punto que quisiera aclarar. O para impedir que el relato se adelante demasiado, se desconecte de los pasos dados. “Es decir, para que quede bien clarito”, dice Haidar, y vuelve a detallar lo antes dicho. Hay un intento de reconstrucción lineal de los sucesos, de los momentos que llevan hacia la masacre. Como un intento de un relato final, acabado, de los hechos. No es casual que la entrevista se realice un día antes de la asunción de Cámpora.
Justamente, el espíritu de la época (de la breve primavera camporista) se siente profundamente. En la valoración política de los sucesos, el optimismo ante el proceso que acaba de iniciarse es inocultable. Además, ¿qué peronista revolucionario no lo estaría? En el gobierno que asume al día siguiente hay una fuerte presencia de la tendencia revolucionaria. Por lo tanto, la valoración que hacen de Juan Perón es sumamente positiva. Critican que no estimaron como correspondía el rol que podía tener Perón en esa coyuntura. Cómo logró desarticular al GAN (Gran Acuerdo Nacional), cómo le gano la pulseada a Lanusse. Y a su vez, se critican por sobreestimar la fuerza del enemigo, porque no supieron ver sus contradicciones internas. Si bien la fuga ayudó a este deterioro de las fuerzas represivas, creían que era imposible el deterioro que comenzaba a manifestarse en la dictadura; y que llevaría a las elecciones (imposible no sentir una profunda angustia ante esta esperanza, que tan pronto seria mancillada).
La lectura política de los hechos se ve modificada por la cambiante realidad política del país. Los cuatro pertenecen a dos organizaciones que están en proceso de fusión: FAR y Montoneros. De allí que gran parte del relato sean las discusiones que en la cárcel tenían los militantes de ambas estructuras. Esta entrevista es también un acto político a favor de la unión de las organizaciones, una recuperación de una experiencia política que fue fundamental para dicha unión. El libro sale editado en agosto de 1973, y la fusión se oficializa en octubre de ese año. Esa sangre derramada, esa historia de lucha, es un bastión para el proceso que debe desarrollarse. Los relatos sobre la elaboración del documento conjunto conocido como “El Balido de Rawson” (Opiniones sobre los problemas centrales de la guerra revolucionaria en esta etapa), dan muestra de ello. Haidar relata que fue desde la cárcel donde se hizo más por la unidad, en donde existía un proceso de discusión y confluencia que no se daba afuera.
Esta dimensión política le da a la memoria otra variante, otro propósito. Porque la coyuntura se vio tan modificada desde la masacre hasta la asunción de Cámpora, que el relato del recuerdo tomo otro significado. Ya no es este un libro sobre un hecho político aislado, sobre una acción criminal por parte del Estado argentino. Es un relato de la militancia, de cuadros importantísimos sobre el momento histórico que les toca transitar. Y esto no es necesariamente planificado, sino que tiene que ver con el accionar político de estos actores sociales. En este proceso revolucionario, este mirar atrás significa repensar el presente y el futuro. Significa extraer las conclusiones y las experiencias necesarias para este aquí y ahora. Y para lo que vendrá. La fusión de estas dos organizaciones no fue para nada sencilla. La formación marxista de la mayoría de los cuadros de las FAR se vio simplificada por los planteos de Montoneros. Estos, en tanto formación de frente antiimperialista, tenían otro tipo de organización y de debate. Sin embargo, la fusión era estratégicamente necesaria, y estos cuadros políticos dan testimonio también de esto en el libro. Triste es saber que Paco Urondo sufriría en carne propia los avatares del verticalismo montonero. Su muerte en Mendoza fue resultado de ello.

Las discusiones políticas de la entrevista muestran a cuatro cuadros preparados y con conocimiento cabal de su realidad. No hay diferencias notables entre el poeta y los militantes, posibles desde la perspectiva de “la poca politización de los artistas”. Al mismo tiempo que provoco un extrañamiento en aquellos que solo veían a Paco como un poeta vanguardista, excéntrico. Tomaban (y aún toman) su militancia como un juego, como un error, como una moda. Quieren desprestigiarlo, olvidándolo como militante. Este texto sirve para tomar clara conciencia de su preparación política.
La entrevista también permite la transmisión de conocimientos para la militancia de las organizaciones. El relato pormenorizado de la fuga, por ejemplo, sirve para infundir coraje y orgullo en los militantes. Que ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo), FAR y Montoneros hayan sido capaces de unirse para llevar adelante una acción de tamaña envergadura es un hecho político importantísimo. No sólo coparon el penal, sino que organizaron la fuga tomando el control del aeropuerto comercial de Trelew, secuestrando un vuelo comercial para escapar hacia Chile. Una falla en la comunicación entre el exterior y el interior del penal, fue lo que imposibilito que se fugasen cien combatientes. Aún así, el hecho político fue demoledor para una dictadura que se vanagloriaba de tener controlada la situación. Recordemos que los principales cuadros dirigentes de las organizaciones estaban presos (testimonio de ello son los seis fugados que logran escapar), la comunicación y la planificación se veían fuertemente dificultadas por las distancias y el desierto patagónico; y sin embargo, la acción fue casi perfecta.
En este sentido es que fue necesaria también la memoria, no solo para enjuiciar y recordar la masacre. Sino también para recordar la alegría de la fuga, de los preparativos, de las discusiones. En todo el relato se cruzan bromas, anécdotas, pequeñas historias. Se habla de la pasión por el fútbol, de las comidas, de los sueños. Ante la construcción ficcional del “extremista”, este relato permite vivenciar la vida cotidiana de los militantes políticos de los setenta. Alberto Camps relata que ya en la Base Almirante Zar, el asesino Roberto Bravo le proporciona un panfleto llamado “El desengaño”. Allí se cuenta la historia de un joven que se une a un grupo guerrillero, y el desengaño que sufre al ver que son capaces de hacer cualquier cosa: matar ancianos, bebés, etc. Y Bravo les discutía, o intentaba argumentar, sobre el por qué de lo que hacían. Dice Haidar: “Siempre mirándonos como si fuéramos piezas de museo, asesinos”. “Gente extraordinaria”, acota Berger. Gente extraordinaria. La mirada de los represores es contrastada por la existencia de los militantes. Trelew significó también eso: el rostro humano de la lucha armada. La foto de los diecinueve detenidos, sonriendo, fue impactante. Como también lo fue la conferencia de prensa en el aeropuerto, en donde estos jóvenes relataban su clara visión de la realidad. En el aeropuerto, a Alberto del Rey la gente le pide un recuerdo, y él comienza a repartir municiones. Testimonio de una praxis vital, de un compromiso. Ni asesinos ni gente extraordinaria: militantes.
Esta parte del relato da herramientas de combate. Se nos explica cómo coparon el penal, qué armas utilizaron, cómo redujeron a todo el personal. Cómo fue la planificación desde el exterior, qué apoyos tenían en el avión y en el aeropuerto. La preparación física necesaria, los modos de organizar a los partícipes, la distribución de la información. “¿Se podrá decir que es lo que se copó?”, pregunta Berger. “Eso lo saben los servicios, así que aunque no se haya dicho, se puede decir”, responde Urondo. Lo que se cuenta sirve a aquellos que militan, que luchan. Como la experiencia en la tortura, en la represión. Un otro nos refleja lo que puede pasarnos, y nos da fuerza y herramientas para poder sobrellevarlo. No son relatos sobre el horror, son relatos sobre la resistencia. Al haber una lucha que los engloba, que los supera, su muerte individual no será en vano. Su dolor es parte de la lucha; resistir en la tortura es un deber moral del revolucionario. En esto también el texto es un documento de una estructura de pensamiento política, que también quisieron desaparecer. Sirva como ejemplo la imagen de Maria Antonia Berger, quien sintiéndose moribunda, escribe con su sangre en la pared LOMJE (Libres o muertos, jamás esclavos).

 
 
(Agencia Paco Urondo)