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Cultura //// 16.02.2020
Rafael Pinedo: el mundo en ruinas

Nació en Buenos Aires en 1954 y murió en 2006. Publicó tres novelas, Plop, Subte y Frio, también un relato poético, El Laberinto. Recibió el premio Casa de las Américas en 2002. Por Araceli Lacore.

Por Araceli Lacore

 

Las primeras líneas de Plop asustan, por momentos uno quiere dejar de leer, pero claro, no puede. Algunos de los adjetivos con los que la describió el jurado integrado entre otros por Alberto Laiseca fueron; ‘’Extraña, desconcertante, original’’. Pinedo propone una sociedad postapocalíptica marginal. Un mundo devastado, una mujer que pare un hijo caminando al que llaman Plop por el ruido que hace al nacer, jerarquías y rituales de una nueva cultura desprendida de la moral judeo-cristiana de nuestra época. Una prosa austera pero letal, directa y escalofriante. Todo en Plop es nuevo. La capacidad de Pinedo de crear un mundo, de dividirlo y alejarlo del actual, arman una historia que atrapa desde el principio. Un trabajo antropológico meticuloso.

‘’Lejos de mí, el haber intentado ser original’’ dice el autor. Sin embargo, la originalidad es lo que abunda en su prosa. Frío, la segunda novela de lo que el llamaba una trilogía, luego vendrá Subte, se centra también en un mundo postapocalíptico: una mujer sola en un convento. Otra vez los recursos místicos como uno de los ejes de la obra. En Frio nos encontramos con la más profunda soledad de su protagonista y con lo que es capaz de hacer para sobrevivir. La supervivencia es otro de los temas centrales de sus historias.

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Subte, tal como Frío, tiene toques oscuros; pero como en Plop, diseña una nueva cultura jerarquizada y llena de ritos.‘’La "originalidad", sospecho, está en que casi no se usan adjetivos, no hay descripción de personajes más allá de sus acciones y, fundamentalmente, evité cuidadosamente cualquier forma expresiva que implicara un juicio de valor sobre lo que estaba pasando.

La novela no cuenta, muestra. No hay un relato en el sentido tradicional del término. Son situaciones encadenadas.’’ Decía Pinedo. Sin duda uno de sus grandes logros, que generan esta imposibilidad de soltar la historia, es centrarse en la acción más que en la descripción de los personajes.

El laberinto, lo que podríamos llamar un relato poético o poema narrativo, es un cuento en verso. Como su nombre indica, el protagonista merodea un laberinto personal del que será difícil salir. La prosa es directa y compacta no así el mensaje, mucho mas profundo y metafórico.

Rafael Pinedo dejó una obra distinta, y sin quererlo, original. Una obra descarnada, profunda y desafiante. Un autor de culto que pertenece a lo mejor de la literatura argentina.