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Cultura //// 23.07.2017
Radiohead en Israel: ¿No surprises?

El mítico grupo inglés finalmente dio su concierto programado en el estadio Hayarkon Park en Tel Aviv tras las críticas del movimiento BDS (Boycott, Divestment and Sanctions) con Roger Waters y Ken Loach a la cabeza. Luego de la polémica nada cambió.

Por Boris Katunaric

Luego de la controversia con distintos artistas pertenecientes al movimiento BDS (Boycott, Divestment and Sanctions), Radiohead, el grupo inglés, finalmente salió al escenario de Tel Aviv e interpretó su repertorio más largo en 11 años, presentando su último disco A Moon Shaped Pool.

Las críticas realizadas por distintos artistas englobados en el movimiento BDS tenían que ver con la opresión actual del pueblo palestino: “Les pedimos que no toquen en Israel, los palestinos les han pedido que dieran un pequeño paso para ayudar a presionar a Israel para que termine con su violación de derechos básicos y de la ley internacional” fue una de las primeras comunicaciones del movimiento con Radiohead, expresadas en una carta.

Luego de un inicial silencio de parte de Yorke (cantante de la banda) y compañía el fuego cruzado empezó a tomar vuelo de la mano de Roger Waters (ex vocalista de Pink Floyd). Pedidos de diálogo interpretados como amenazas, refunfuños, Tuiteos, picante. “Sé que Thom Yorke ha estado lloriqueando sobre cómo se siente insultado, porque la gente está sugiriendo que no sabe lo que está pasando. Bueno Thom, no debes sentirte insultado porque si supieras lo que está pasando, tendrás una conversación con el director Ken Loach, que te ha pedido que hables con él o conmigo, te lo supliqué, Thom”, dijo un enojado Roger Waters.

“Es muy angustiante que elijan tirarnos mierda públicamente en lugar de contactarse con nosotros en persona”, respondió Yorke, y agregó “hay un montón de personas que no están de acuerdo con el movimiento BDS, incluyéndonos a nosotros. No estoy para nada de acuerdo con la prohibición cultural, como tampoco lo están J. K. Rowling, Noam Chomsky y una larga lista”.

Ken Loach, director de cine, tuiteó: “Radiohead necesita decidir si se para del lado del opresor o del oprimido”.

Thom Yorke se quedó con la última palabra: "Tocar en un país no es lo mismo que apoyar a su gobierno. Hemos tocado en Israel durante 20 años y a través de una sucesión de gobiernos, algunos más liberales que otros. También lo hemos hecho en los Estados Unidos. No hemos apoyado a Netanyahu de la misma manera en la que no apoyamos a Trump, pero eso no significa que dejemos de tocar en EE.UU. La música, el arte y el conocimiento se tratan de cruzar fronteras, no de construirlas. Es acerca de abrir mentes, no cerrarlas. Es acerca de compartir humanidad, diálogo y libertad de expresión. Espero que haya quedado claro, Ken".

Fuera del puterío esto no sorprendió a nadie. Las alertas no crearon más que confusiones y distanciamientos. Los músicos tocaron en contra de las súplicas y críticas, y sólo el alboroto (y los bolsillos de Radiohead) salieron ganando. No hubo víctimas fatales más allá de las cotidianas en el castigado suelo palestino. No cambió ni cambiará nada.

El rock bien intencionado o políticamente correcto sigue creyendo que el reclamo es por la negativa. No tocar en Tel Aviv, es más fácil que proponer alguna acción simbólica superior. El denuncialismo serial no alcanza.

Radiohead, como tantos otros artistas, siguen haciendo conciertos sin pronunciarse ni adherir ni tomar ninguna decisión política concreta. No sé si basta con haber cerrado el recital con Karma Police, el terreno de lo simbólico puede pasar inadvertido para algunas mentes despistadas o escépticas.

Los rockeros más politizados encuentran ahora una grieta, un desencanto, algo que hasta parece inútil, dado que Radiohead siguió con su postura firme e hizo oídos sordos a los reclamos de sus colegas.

El 24 de marzo de 2009 vi a Radiohead en Buenos Aires y me sentí conmovido por la carta que leyera Ed O’ Brien en conmemoración de la fecha del último golpe militar en Argentina, y su crítica al terrorismo de estado. Hoy no siento eso, creo que se diluyó un poco más el germen rebelde y crítico del rock.

Con los años la voz de Thom Yorke en Paranoid Android, emblema de los noventa, suena cada vez más descuidada y desafinada en los conciertos. Los últimos discos cada vez son más uniformes y carecen totalmente de guitarras distorsionadas. Los pronunciamientos políticos también son estéticos y no sólo de acción simbólica. Radiohead y Waters saben de esto, siéntense a tomar un café y dejen de romper las pelotas.