fbpx Pensando la profundización, por Marcelo Koenig
Cultura //// 15.09.2010
Pensando la profundización, por Marcelo Koenig

Capital Federal (Agencia Paco Urondo, en Tiempo Argentino) Los Kirchner comprendieron que este proceso es como una bicicleta y mantiene su equilibrio en la medida en que avanza. Por eso la palabra que significa este avance es: ‘profundización’.
La discursean los funcionarios. La nombran los militantes. La mencionan los medios. La palabra “profundización” se ha convertido en un fetiche en el marco del proceso político abierto en 2003. Un título puesto en letras de molde del discurso de todos aquellos que bancan desde distintas perspectivas al gobierno de Cristina Fernández.
Esa palabra se ha impuesto, incluso, al contradiscurso generado desde los gorilopolios mediáticos, que era el del “consenso”. Esta palabra, entendida casi como una defensa irrestricta del status quo, la habían empezado a instalar los sectores reaccionarios después de las dos victorias tácticas importantes y consecutivas (campo y elecciones de junio), a través de la conducción material que ejercen las corporaciones económicas (nunca más explícita que hoy, después de ver los políticos aplaudiendo el discurso antipolítico de Biolcati en la Sociedad Rural o los “peronistas” disidentes yendo a pedir línea al CEO de Clarín, el aprendiz de brujo de Magnetto).
“Consenso” se había convertido en la advertencia de que era imposible tocar los privilegios existentes, pues sin diálogo con los sectores oligárquicos se hacía imposible gobernar. En este sentido era el antónimo de “crispación”. Así definían el enojo de la “pareja presidencial” frente a los obstáculos que permanentemente ponían ante el desarrollo de su proyecto político. Kirchner hizo una correcta lectura de ambas derrotas, planteando que no se había perdido por lo hecho sino por lo que faltaba hacer. Comprendió el error de una campaña que basaba su fuerza en la defensa irrestricta de lo hecho, y que no llegaba a enamorar políticamente a las masas porque no tenía una utopía de carácter épico, un horizonte de construcción de una sociedad más justa para ofrecer. Pero además, comprendió que ningún proceso de transformación se asienta sobre el equilibrio con aquellos que quieren que nada cambie, esto es, con la oligarquía que es beneficiaria de las desigualdades económicas. Los Kirchner comprendieron que este proceso es como una bicicleta y mantiene su equilibrio en la medida en que avanza. Por eso la palabra que significa este avance es: “profundización”.
¿Pero de qué hablamos cuando hablamos de “profundización”?En lo económico la definición es clara: una distribución más equitativa de la riqueza. En los últimos tiempos ha vuelto el discurso de la necesidad de restablecer el famoso 50 y 50 de los días felices del peronismo. Aunque hay aquí un cuello de botella respecto de determinados aspectos del modelo económico vigente, y es que ese nivel de distribución del PBI no puede alcanzarse a través del crecimiento sostenido a “tasas asiáticas” sino a través –como lo fue históricamente– de afectar la estructura de la propiedad. Es preciso ir no sólo contra los enemigos declarados actuales, sino también meterse con el manejo de recursos estratégicos que hoy muchas veces están en manos de grupos económicos transnacionales o corporaciones locales. Esto último no entusiasma mucho a los sectores más conservadores que apoyan este proceso, y que aconsejan prudencia.En lo cultural “profundización” significa avanzar sobre los núcleos de poder oscurantista, como el sector reaccionario que conduce la Iglesia –en este sentido el matrimonio igualitario se convirtió en la gran victoria del período– pero, y sobre todo, dar la gran batalla comunicacional con los monopolios mediáticos que continúan otorgando sentido, explicando la realidad desde su prisma de intereses. La Ley de Servicios audiovisuales es una herramienta fundamental para esta pelea, pero hay que entender que es un punto de partida y no un punto de llegada. Programas como 6,7,8, Duro de Domar o TVR, de la productora de Gvirtz, medios gráficos como Tiempo Argentino, Miradas al Sur o El Argentino, del grupo Spolsky, son instrumentos útiles para dar debates. Estos recogieron su fuerza de impacto en la ausencia casi total de una voz distinta del pensamiento único de los gorilopolios. Es preciso aclarar que para que exista una verdadera comunicación popular, esta debe multiplicarse no en la construcción de grandes grupos que compitan con los grandes pulpos del enemigo, sino en una multiplicidad de voces pegadas a la realidad concreta y cotidiana de nuestro Pueblo. Como muestra, baste un ejemplo: nada cambia si un argentino de la Puna escucha un embotellamiento en la General Paz relatado por un medio “compañero” o uno “gorila”. Cambia si es ese argentino el que cuenta a través de sus propios medios la realidad que vive. Respecto de lo político, la profundización es quizás lo más controversial. Para nosotros es una verdad incontrastable que no se puede enfrentar a los enemigos de la Patria sin organizar a una porción cada vez más grande del Pueblo. Este es, en gran medida, uno de los saldos deficitarios de este proceso. No es propio todo aquel que juega de este lado de la cancha. Es preciso organizar un equipo y que todos tengan claro qué rol juegan. Y esto no es sólo una crítica hacia quienes conducen, es decir, Kirchner y Cristina, sino y sobre todo una reflexión crítica sobre el rol que tiene que asumir la militancia nacional y popular. Es imperioso que la militancia deje de pensar desde los zapatos de Kirchner para construir sus propios zapatos. La construcción política debe ir de la mano de la ocupación de resortes de decisión en el Estado para ponerlos al servicio de la construcción de poder popular. Existe toda una generación que se formó en el combate contra el neoliberalismo pero que hoy prácticamente no tiene lugares de decisión. Es preciso meter en el Estado a esos cuadros formados en esa ética militante vinculada directamente a las luchas populares, de entonces y de ahora. Pisar el barro forja una forma distinta de pensamiento que sólo saber pisar alfombras. Construir la propia fuerza dando poder a los sectores populares, haciéndolos sujetos de la decisión política, eso es en definitiva la profundización en el plano político. (Agencia Paco Urondo)