Cultura //// 16.06.2019
Patria, libertad y río

"Nos hemos cansado de escuchar la muerte del libro y aquí está reconstruyendo un entramado político cuando las papas queman y el país retrocede en derechos y economía". Sinceramente, por Gabriela Borrelli Azara.

Por Gabriela Borrelli Azara

Hace unos días, en su presentación en Santiago del Estero, Cristina Fernández expresó dos pensamientos que quiero recordar en estas palabras. Primero hizo referencia al consejo de Máximo Kirchner para que Marcelo presentara el libro y luego dijo que pensó muchas veces en cómo hubiera sido si Perón y Evita hubiesen tenido un hijo o un hija. Cómo el gobierno de facto del 55 hubiera “presionado” a ese heredero o heredera. Lo dijo pensando en los suyos, en Máximo y Florencia Kirchner. Después recordó una vez más que Alberto Fernández le dijo: tenés que escribir, tenés que contar, tenés que dejar escrita la verdad, no las monstruosidades que están diciendo. Algo muy menor pero para destacar: Alberto pensó en un libro. No le dijo dale una nota a Novaresio, andá a la radio, a Intratables o a C5N. No. Le sugirió que escribiera. Y en ese gesto valorizan ambos al libro como manifiesto, como objeto vivo dentro de la praxis política, como material para el presente y la posteridad. Nos hemos cansado de escuchar la muerte del libro y aquí está reconstruyendo un entramado político cuando las papas queman y el país retrocede en derechos y economía. Dos series para pensar el libro de Cristina. La serie peronista que podría empezar con La fuerza es el derecho de las bestias, con quien comparte los colores de la tapa y la ironía en el título. El de Perón en el 55 lo hacía con Cicerón, en una clara burla literaria a sus detractores y lo mismo Cristina con Sinceramente. El de Perón es una defensa de su gobierno, la implementación de las 20 verdades peronistas y una teorización sobre la tercera posición. El de Cristina también es un recorrido por los doce años de kirchnerismo pero incorporando algo del tono testimonial de La razón de mi vida, antecedente de ambos. Y saltando de serie, podemos establecer también la de los escritores que inventaron al peronismo y lo hicieron en sus obras. Un amigo mío suele decir que Roberto Arlt inventó al peronismo y yo agregaría que Leopoldo Marechal le subraya  la cuota surrealista que siempre tuvo, esa cuota de pensamiento por encima de la realidad pero anclada en ella, como cuando Fanny Navarro pierde el manuscrito de Antígona Vélez antes de la función y Evita lo llama a Marechal para decirle que la escriba de nuevo. Y ¿qué hace Marechal? Lo escribe todo de nuevo en una sola noche, porque lo tiene en su memoria, porque la historia ya existe fuera de él y lo importante es que sea contada. El mismo gesto sucede en una novela. Novela que forma parte de una de las obras literarias más potentes de nuestra lengua. Un gesto mediante el cual una viuda aloja y transmite la historia de la mujer que su marido amó: la historia de esta mujer, la mestiza María Muratore, cuenta de alguna manera el derrotero de lugares que querían ser patrias.

Las feministas del campo nacional y popular podemos empezar a hacer nuestras series también, por eso podemos rastrear fuera de la serie Ocampo, fuera de las escritoras con apellidos de estación de subte nuestras series feministas que con esa clave quisieron entender el 55 y también sus consecuencias, la violencia y sus reacciones, y nos sirve ahora para pensar este presente surrealista.

La novela de la que estoy hablando específicamente es una obra que debería ser nuestra bandera feminista, peronista y literaria: El río de las Congojas de Libertad Demitrópulos. Es la historia de algunos personajes mestizos e hispanocriollos que tuvieron roles fundamentales en el período colonial de lo que luego sería Argentina. La historia se estructura a partir de la expedición de Juan de Garay saliendo desde Asunción, pasando por la fundación de Santa Fe, y terminando en la segunda fundación de Buenos Aires, en 1580. Pero esta historia política se articula con la historia personal de sus protagonistas: María Muratore, la muertecita, Blas de Acuña, Garay (el hombre del brazo fuerte) e Isabel Descalzo que narra, cuenta, rescata la historia de Muratore.  

Series de libros que saltan de la literatura al relato político en sus márgenes más radicales para pensar cómo una Nación se funda, una y otra vez, se repliega en sus contradicciones, es atravesada por la historia personal de sus dirigentes y puede volver a hacerse en otras literaturas, compartir el objeto libro y atravesar la vida de miles de lectores.

(Parte de este texto fue leído en la apertura  del ciclo “Eva Perón de Feminismo, Arte y Cultura” en el Instituto Patria)

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