Cultura //// 03.03.2019
Pachamama, Madre Tierra

De la tradición oral hasta nuestros días llegan los relatos sobre celebraciones acerca de la madre tierra, Pachamama, que también significa tiempo y espacio. Por Gabriela Margarita Canteros.

Ilustración: Gabriela Margarita Canteros

Por Gabriela M. Canteros

De la profunda relación entre hombres y divinidades existente antes de la conquista de América, sobrevive fundamentalmente el culto a la Madre Tierra, que actualmente se ha vuelto el símbolo de los movimientos ecologistas dotándola de nuevos significados y fortaleciendo su culto.

La celebración fundamental alrededor de su imagen se realiza el 1 de agosto, un mes insigne dedicado a la Pachamama. Aunque ahora los eventos se concentran en el primero del mes, anteriormente la celebración, como tantas otras, no tenía las fechas fijas del calendario gregoriano, sino que respondía a un ciclo de la vida, principalmente a las estaciones y a los tiempos de siembra y cosecha. Aunque es agosto su mes por excelencia actualmente, todo ritual que se realice en torno a los pueblos originarios es presidido por la Pachamama, extendiéndose su culto a las acciones del carnaval, cosecha, siembra, bautismos, culto a los difuntos, celebraciones menores; asume de esta manera un sistema de influencia mayor que las celebraciones alrededor del Inti (dios sol), el cual ha quedado relegado a un segundo plano, junto con otras divinidades de la América precolombina.

La Pachamama no es concebida como una diosa, es una divinidad; en esto hay una diferencia crucial en el sentido de que no encarna el sistema de relaciones griegas supuestos a una diosa con caracteres humanos, sino que responde a una fuerza mucho más extendida, una existencia y una cosmogonía vinculada con la naturaleza y el universo circundante, que excede lo material, lo físico e incluso lo figurativo.

Sobre el ritual, sobrevive preparar un gran festín, invitar a las familias y a los compadres, que son como parientes escogidos. El banquete incluye toda clase de alimentos y bebidas, en la casa de quien alberga la ceremonia se cava un pozo que se llena de ofrendas; estas deben vaciarse en el pozo con ambas manos en señal de entrega y respeto antes de iniciar el banquete.

Antes de preparar la ceremonia se debe limpiar completamente la casa y todo el territorio de la vivienda, que será sahumada con diferentes hierbas silvestres para limpiarla de espíritus, pestes y de todo lo que se considera negativo. Al final del evento los invitados bailan y cantan, el pozo es finalmente tapado con tierra por el dueño de casa.

El culto a la Pachamama se concentra en el norte argentino: Jujuy, Salta, Tucumán, la Rioja, Catamarca y Córdoba con variados rituales.

La Pachamama es el todo, es la proveedora, la deidad generativa, no sólo en lo material sino también en lo espiritual; su culto plantea un pensamiento sustentable y ecológico que excede los grupos étnicos sobrevivientes de la conquista y se convierte en un sistema de creencias ambientales útiles para toda la humanidad, sin grandes premisas, simplemente el respeto a la naturaleza y a nuestro lugar en un sistema de relaciones ecológico y natural.