fbpx Miguel Pérez: el librero y sus fantasmas | Agencia Paco Urondo | Periodismo militante
Cultura //// 01.12.2019
Miguel Pérez: el librero y sus fantasmas

Entrevista a Miguel Pérez, librero histórico del barrio porteño de San Cristóbal. Atendió su propio local desde la vuelta a la democracia. En el año 1986 desembarcó en la Avenida San Juan y desde entonces contribuyó a la literatura de los arrabales. Cerró su librería en el 2018 después de treinta y dos años de actividad. 

Por Raúl Haurat

 

Miguel Pérez es autodidacta y gran lector. En diálogo con el programa radial “Manual de Perdedores” (FM Zoe 107.1) y Agencia Paco Urondo se refirió, entre otras cosas, a las ventajas de buscar un título en una librería de barrio, la frialdad de las grandes cadenas, el desorden de las vidrieras y la actualidad de la literatura argentina. Hoy vende sus libros por Whatsapp y recorre locales con su stock a cuestas. Confiesa haber leído muchas novelas policiales y haber recomendado autores como José Saramago cuando pocos lo conocían.

 

 

APU: He notado que uno ingresa a una librería, y el librero se limita a la búsqueda de un título en una base de datos. ¿Por qué cree que las grandes cadenas no permiten leer a sus empleados?

MP: Es una política que aunque no haya clientes dentro del negocio no los dejan leer los libros. Lo más lindo que hay para una persona cuando va a comprar, es que el librero esté leyendo un libro. Porque por ahí uno termina preguntando y se interesa por ese libro. En mi librería siempre estaba leyendo y siempre me preguntaban algo, entonces uno tenía la posibilidad de recomendar un título que a uno le ha gustado. Así va conociendo el gusto de cada cliente.

APU: ¿Le ha pasado de estar leyendo y que el cliente le pregunte de qué se trata el libro y llevárselo?

MP: Si, muchas veces. Siempre es grato y bueno recomendar un título que a uno le ha gustado y después, pasado unos días, vuelve el cliente y compra el libro para regalar.

APU: ¿Recuerda alguna autora o autor que haya recomendado y no era tan conocida/o?

MP: De mi público me ha pasado con José Saramago. Recuerdo que recibí “Ensayo sobre una ceguera”. Lo leí en dos tardes y lo recomendé. Tenía la librería enfrente al Hospital de Oftalmología Santa Lucía, y en esa época los médicos eran muy lectores. Me preguntaban que estaba leyendo y los invité a leer la novela. Después vinieron otros médicos a pedir más ejemplares. Ahora no es tanto como antes. Venían, miraraban, quizás ese día no llevaran libros pero volvían a los tres o cuatro días y siempre llevaban algo. Los primeros días de un mes o final del mes había un desfile de delantales blancos en el local. Venían no sólo a comprar, hacían comentarios de cuentos y novelas que le habían gustado. Se armaba una linda charla sobre libros. Uno como librero empieza a conocer autores que a lo mejor no los conocía, solamente los vendía. Pero a mí siempre me gusto leer y aprovechaba para leer lo que ellos me recomendaban a mí.

APU: Quienes hemos frecuentado su librería, nos encontramos con libros que no se consiguen en la calle Corrientes o las grandes cadenas. ¿Por qué sucede eso?

MP: Ocurre que cuando uno trabaja libros nuevos y usados y le gusta leer, se fija muy bien en lo que compra. Al elegir los títulos, siempre se va a encontrar autores medios perdidos, que la gente no los tiene muy bien ubicados. El cliente pregunta como de oída sobre “tal” autor y el librero va, busca y siempre encuentra alguna cosita.

APU: ¿Su elección de ser librero tuvo que ver con la pasión por la lectura?

MP: Sí. Empecé a leer tarde. Salía de mi trabajo, un taller metalúrgico y leía en el colectivo. Comencé a leer de forma asidua a los veinte años. Tenía viajes muy largos y aprovechaba para leer. Así fue que fui conociendo autores y terminé con una librería con los libros que tenía en stock. Arranqué con mis libros. Corría con una ventaja, podía recomendarlos. A la mayoría los había leído.

APU: En los últimos años ha golpeado la economía y ha sido muy duro sostener todo tipo de negocio. Tuvo que cerrar su local ¿Cómo vende hoy sus libros?

MP: Ahora estoy en otra etapa, vendo más por WhatsApp o sino recorro negocios en una zona comercial, entro y ofrezco mis libros. Los que me quedaron de mi librería y ahí la vamos luchando.

APU: ¿Cuáles son las preguntas que le haría a un potencial cliente que quiere empezar a leer?

MP: Primero preguntarle ¿qué es lo que le gusta? Si mira televisión, que tipo de programa mira. Eso me puede dar una idea. Siempre recomiendo empezar con libros de cuentos. Es lo ideal. Un relato te lleva a otro y terminas el libro.

APU: ¿Qué escritor de cuentos recomendaría para comenzar a leer?

MP: (Julio) Cortázar, porque la mayoría son jóvenes quienes vienen pidiendo autores. Edgar Allan Poe, por supuesto, siempre. Hay una muy buena antología de cuentos de la literatura fantástica compilada por (Jorge Luis) Borges, (Adolfo) Bioy Casares y Silvina Ocampo que es espectacular. Son relatos cortos, incluso muy breves como uno de (James) Joyce: “¿Qué es un fantasma?, preguntó Stephen. Un hombre que se ha desvanecido hasta ser impalpable, por muerte, por ausencia, por cambio de costumbres.” Es una antología de autores ya consagrados. Es muy buena, muy recomendable.

APU: Ocampo, Bioy y Borges ejercían una curaduría al seleccionar los relatos de antología. ¿Hay una curaduría al momento de ordenar la vidriera de una librería?

MP: Eso depende de cada librero. A mí me gustaba más el estilo cambalache. Más lindo, le llamaba la atención a la gente. Me preguntaban “¿Por qué esta este libro del principito al lado de un libro de terror?” Es más llamativo. El golpe de impacto es más fuerte. Mezclar es lo mejor. A mí me gusta que la librería esté desordenada quiere decir que entran, que revuelven. La gente que ingresa se anima más a meter la mano. Sacar un libro de un lugar, llevarlo para otro. En una librería que esté todo ordenado uno ve la pilita de libros y por ahí no quiere ni siquiera tocar, o piensa que le van a decir algo. Entonces sigue de largo.

APU: Cuando uno visita lugares como El Ateneo Grand Splendid, pareciera que ingresa un museo. Todo ordenado, la gente mira y pocos leen. ¿Qué opinión le merece ese tipo de librerías?

MP: Normalmente la gente pasa y mira. A veces los vendedores no están por ahí. Le pregunto a uno de los muchachos que está vendiendo por el libro que tomé en la mano, y le digo “me podes orientar por este libro…” y te responden “espere, espere que yo no soy el indicado. El que vende este tipo de literatura es el otro muchacho” y te saca las ganas de seguir mirando. Cada vez que voy a esas librerías me termino yendo. Directamente me voy.

APU: Recientemente la escritora Mariana Enríquez ganó el Premio Herralde, Selva Almada hizo lo propio con el First Book Award de Edimburgo y María Gainza fue galardonada con el premio Sor Juana Inés de la Cruz. ¿Cuál es su mirada sobre este momento de la literatura?

MP: Son unos días felices para la literatura argentina. Me alegro por ellas. Aunque parezca mentira, posiblemente haya más escritoras y escritores. Muchos de ellos se bancan sus propias publicaciones, hay muchos más. Lástima que no pueden llegar al público masivo porque no tienen los contactos. Les cuesta. Tienen que presentarse en ciclos de lecturas. Gente que presenta su poesía desde la oralidad. Así como uno tiene que buscarle la vuelta al momento de vender los libros, también los escritores tienen que ver cómo vender sus propios libros. Está pasando eso. Hay que lucharla.

APU: ¿Qué libro les recomendaría a los lectores de la APU?

MP: En estos momentos estoy terminando de leer “Un ángel impuro” de Henning Mankell. Todos lo conocemos por sus novelas policiales traducidas a cuarenta y pico de idiomas. Este es un libro sobre la serie que él escribió sobre África. Es la aventura de una mujer sueca que llegó a regentar el burdel más grande de Mozambique.