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Cultura //// 14.04.2019
Matías Quirno Costa: "Veo el valor de la vida en los actos solidarios"

Conversamos con el fotógrafo Matías Quirno Costa sobre la labor que inspiró la muestra “Refugiados sin refugio”. Actualmente en exposición en el Centro Cultural Caras y Caretas, da registro de sus viajes a la isla de Lesbos, el campo de refugiados de Indomeni y Siria.

Por Natalia Carrizo
Fotos: Matías Quirno Costa

Entre los muchos registros que componen la narrativa de la historia de la humanidad, el fotoperiodismo ha dejado enormes testimonios sobre acontecimientos mundiales de relevancia. Matías Quirno Costa, fotógrafo argentino con amplia experiencia en fotoperiodismo, viajó, entre 2015 y 2019, documentando realidades del movimiento migratorio más importante desde la segunda guerra mundial. El conflicto, que se remonta a la invasión de EE.UU. a Iraq en 1992, ha involucrado a diferentes países de la región cuyos recursos naturales son el primer botín de cada uno sus estallidos, invasiones y guerras; en el medio, un montón de seres humanos entre el exilio y la devastación, a huida o reconstrucción, siguen intentando la vida.

“Refugiados sin refugio” narra las vivencias del fotógrafo en torno a estos sujetos y estos lugares, sus diferentes viajes: a la isla de Lesbos en 2015, al campo de refugiados de Indomeni en 2016, y a Siria en 2019, donde estuvo bajo ataque de la aviación Israelí. La muestra se presenta el viernes 12 de abril a las 19hs en la Sala San Telmo del Centro Cultural Caras y Caretas (Venezuela 330, CABA), y estará disponible hasta el 24 de abril.

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Agencia Paco Urondo: ¿Cómo y por qué te inclinaste hacia el fotoperiodismo? ¿Fue un interés que surgió a partir de tu búsqueda como fotógrafo?

Matías Quirno Costa: Hace 20 años empecé a estudiar fotografía en mi ciudad, San Martín de los Andes, y desde la primera clase, sabía que me gustaba el fotoperiodismo y el documentalismo. Si bien he realizado fotografía publicitaria y trabajos con modelos, no es lo que me apasiona. Lo hago para despejar un poco la cabeza, sobre todo cuando estoy en Barcelona donde vive un amigo y maestro de la fotografía Josep María Saurí, con quien cada vez que puedo hago algún curso o trabajamos en estudio.

Yo busco contar historias, narrar la vida de la gente de a pie en lugares complejos, ya sea por la guerra o por diferentes situaciones de crisis humanitaria. Ahí es cuando veo el valor de la vida, en los actos solidarios, en las miradas de gente como nosotros que le toca una vida muy diferente. Busco las imágenes del pueblo como único salvavidas del pueblo.

APU: ¿Cómo se articula el arte de la fotografía con esa búsqueda del relato periodístico-histórico?

MQC: El arte se da en la manera en que contamos esas historias, en la intensidad de una foto y también de la mirada del que la toma. No siempre la historia narrada impacta, emociona o genera algo, eso se da como en cualquier disciplina, si se logra hacerlo con calidad. Obviamente, no siempre lo logro…

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APU: Por los adelantos que vi, creo que esta vez sí. ¿De qué se trata esta muestra?

MQC: “Refugiados sin Refugio” cuenta la historia de millones de refugiados sirios, afganos e iraquíes que ante lo tremendo de los conflictos que viven en sus países, casualmente allí donde EE. UU. se mete a “ayudar”, se ven obligados a partir para buscar una nueva vida. Esto no es nada fácil ya que Europa ha cerrado todas las fronteras y los migrantes deben huir por mar dejando sus vidas muchas veces en el fondo del Mediterráneo.

 

APU: ¿Cómo fueron los viajes en los que tomaste estas fotos?

MQC: Trabajé el 2015 y 2016 en diferentes lugares de Grecia recorriendo campos de refugiados y también en la Isla de Lesbos en octubre de 2015 durante la época llegada masiva de personas en busca de refugio. En enero de este año viajé al Líbano y a Siria para conocer en primera persona de dónde estaban huyendo. Si bien en Damasco no se percibe mucho la situación de conflicto, al llegar a Homs y ver lo que las bandas terroristas del Daesh (ISIS) y otros habían hecho, entendí por qué familias enteras arriesgaban sus vidas para salir de allí. Estas fotos también están en la muestra. Como decía al principio, entre tanta desolación, buscaba historias de vida que me digan cómo podían seguir allí. Conocí a Ammar, un joven que día a día iba a lo que quedó de su casa para reconstruirla con el poco dinero que consigue. Él no quiere irse, quiere volver con su familia y recuperar su vida en un país que es francamente alucinante.

 

APU: ¿Cuál es el lugar del fotógrafo? En el límite entre el rol y la persona, ¿cómo afrontás este tipo incursiones?

MQC: El lugar del fotógrafo, creo yo, es el de espectador en un momento, el de narrador en otro y muchas veces el de una persona que se compromete con lo que sucede y se involucra. Antes de cada viaje a estos lugares, leo, me informo, busco posibles contactos y le cuento abiertamente a mi familia, a dónde voy, a qué voy, si hay o no riesgos… El trabajo emocional es mucho, antes, durante y después. Y la familia y amigos se vuelven muy importantes. En el último viaje, el de Siria, estuve bajo ataque de la aviación israelí, durante el bombardeo, me iba comunicando con mi mujer y con uno de mis compañeros de trabajo, y así todos estábamos al tanto de lo que pasaba. Creo, igual, que lo más difícil es el regreso. Lo más difícil para mí. Obviamente lo verdaderamente difícil no es mi vida, que vuelve a la normalidad, sino la vida de quienes retraté, y que dudo que vuelvan a ser los mismos de antes de la guerra.

APU: Te involucrás con los sujetos fotografiados…

MQC: Con aquellas personas que fui retratando casi siempre queda algún tipo de vínculo. Hoy las comunicaciones nos acercan y con muchos sigo en contacto. Es más, desde acá hemos ayudado a sacar familias de lugares muy difíciles como Idlib o Alepo, buscando contactos, consiguiendo dinero… etc.

APU: ¿Qué nos podés contar sobre el conflicto en la zona?

MQC: Desde el año 92 con la invasión de Iraq, Estados Unidos y sus aliados han generado una absoluta desestabilización de Medio Oriente. Petróleo y gas serán los botines y las ciento de miles de vidas perdidas, el daño colateral. Veinte años después con la devastación de Iraq y Afganistán, la OTAN va por Egipto, Libia y Siria. La mal llamada “Primavera Árabe”, promovida y financiada principalmente por los Estados Unidos, intentará con los medios más sangrientos destituir a los líderes de aquellos países. Es así como aparece en escena el ISIS (EstadoIslámico) que tras una cortina religiosa oculta el interés de fondo, destituir al presidente sirio Bashar Al Assad, liberando el camino para que las potencias europeas, Israel y Arabia Saudita hagan sus negocios. Este conflicto obliga a emigrar de sus países no sólo a sirios, sino también a iraquíes y afganos cuyos territorios eran atacados permanentemente.

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APU: ¿Cómo es la situación de los refugiados?

MQC:  Tan sólo en 2015, 181.000 personas cruzaron desde Turquía hacia la isla griega Lesbos y hasta el mes de octubre 2373 fallecieron en las aguas del Mar Mediterráneo. En 2016 Europa cierra todas sus fronteras y lo mismo negocia con Turquía, dejando a miles de refugiados en un limbo. Idomeni, un pequeño poblado en la frontera entre Grecia y Macedonia, allí de la noche a la mañana se transforma en un campo de refugiados que albergará a más de 12.000 personas que vivirán en condiciones deplorables durante más de cuatro meses hasta ser reubicados en diferentes campos de acogida de Grecia. Todas las charlas y entrevistas realizadas en los diferentes campos de refugiados relataban situaciones similares vividas durante la guerra. Se hablaba del dolor y de la tristeza, pero también de la tierra y su gente. Una hospitalidad que estremecía en cada conversación y que de alguna manera invitaba a conocer más de ellos, más de su patria.

APU: Y decidiste ir a Siria… ¿Qué viste allí?

MQC: Finalmente viajo al Líbano primero y a Siria después. Homs, un bastión del ISIS recuperado por el gobierno de Bashar Al Assad. Si bien en 2014 el ejército sirio recupera la mayor parte de Homs, 169 kilómetros al norte de Damasco, no es hasta 2017 que la ciudad queda enteramente en manos de las fuerzas leales al presidente Bashar Al Assad. Las imágenes de una ciudad arrasada se abren ante nosotros. Al-Khaldiya, un barrio de trabajadores y clase media, sólo sostiene en pie esqueletos de lo que hasta hace unos años fueran hogares, comercios y todo lo que alguna vez dio vida a esa comunidad. Es uno de los tantos barrios castigados que habían sido tomados por grupos terroristas en Homs. La resistencia y el dolor se huelen en el aire de Homs, miles de vidas se perdieron aquí y otras tantas se resisten a irse. Desean continuar pese a todo. Hoy Homs vive en paz, sabiendo que a pocos kilómetros de allí se está viviendo lo que ellos vivieron unos años atrás. En Damasco, desde el 2014 ya no se escuchan caer los morteros que asediaban la ciudad. La vida poco a poco vuelve “normalidad”. Pese a ello, cada tanto la aviación israelí les recuerda que están en guerra. Con la excusa de la presencia de fuerzas iraníes y del Hezbolá en territorio sirio, Israel ataca diferentes blancos en las cercanías al Aeropuerto Internacional de Damasco.

APU: ¿Sentís que el proceso de toma de imágenes, selección y armado de esta muestra modificó tu forma de ver el mundo?

MQC: El proceso de selección de fotos y armado de muestras, me ayudó a entender mi lugar. Por suerte la muestra recorre muchos lugares del país, escuelas, universidades, centros culturales, bibliotecas populares y allí puedo acercar a la gente a quienes conocí en Medio Oriente y Europa con los de acá. Veo como empatizan, preguntan y se interesan por un conflicto que pareciera muy ajeno a nosotros. Ojalá alguna foto, alguna historia sirviera para parar esta locura, pero soy escéptico en eso. Me siento útil. Nunca fui muy bueno en otras actividades. Acá no sé si lo soy, pero me siento que sirve y eso me alcanza.

APU: ¿Qué le dirías a quienes quieren adentrarse en el fotoperiodismo?

MQC: No soy de dar consejos, pero si alguien quiere incursionar en esta actividad sepa que va a tener que invertir mucho. Tiempo, dinero, afectos, trabajo, familia; y posiblemente no sea recompensado económicamente por lo que haga. Pero que vale la pena. No me imagino haciendo otra cosa y dejando esta profesión.