Cultura //// 02.06.2019
Martín Rechimuzzi: "Hace 40 años tuvimos campos de concentración en medio de la ciudad"

Martin Rechimuzzi nos recibió antes de salir al aire con Furia Bebé, en FutuRock FM: “El volver a pensar en el goce, volver a pensar en la reivindicación de derechos, me parece que es algo absolutamente necesario y lo celebro". Entrevista por Ezequiel Palacio.

Fotos: Natalia Pasquino

Por Ezequiel Palacio

Agencia Paco Urondo: ¿Martín, qué cosas te enseñan tus personajes, qué aprendiste de ellos?

Martín Rechimuzzi: A nivel artístico cada personaje creo que expresa algo muy mío, muy propio, muy intimo. En todos hay una expresión propia, una impronta de algo que me pasa a mí, que yo quiero trabajar con eso, ponerlo a analizar.

Me sirvió este último tiempo el respetar mucho al personaje, como algo a quien uno le presta el cuerpo para que se exprese. A su vez, la importancia que puede tener eso desde el humor, la fantasía, a la intervención política concreta.

No necesariamente tienen que estar escindidos la producción artística u onírica con la búsqueda o el vínculo con un presente y una intervención en esa misma vida política. Aprendí mucho de ellos.

APU: ¿Vos venís del palo del humor?

MR: Arranqué a los 17 años en el elenco de Mosquito (Fabio Mosquito Sancineto), haciendo impro (teatro de improvisación). Siempre en la secundaria jodiendo, como un arma de defensa, digamos. Para proteger cierta vulnerabilidad. El humor estuvo siempre presente en mí.

APU: El humor es bastante complejo a veces, porque no tiene límite, ¿cuál es el límite para vos del humor? ¿Te permite hablar de todo?

MR: Te permite hablar de todo lo que vos estés dispuesto a hacerte cargo, de las repercusiones que tenga. O sea, yo no creo que haya un limite estático con el humor, del tipo “con este tema no te podés meter”.

Creo que no te podés meter con aquellos temas que no podés defender ideológica o discursivamente, del por qué te estás metiendo y cuáles son las implicancias y consecuencias de eso. Sí te podés equivocar, podés volver. Pero no podés asumir “Ay bueno, esto es humor, no tiene nada que ver”. Eso tan típico y tan propio de los ´90, esa estructura donde se hacía humor político, pero justamente siempre desde la caricaturización. El burlarse, no de la discursiva o el contenido, sino de la política en sí misma. El suponer que “son todos iguales y lo mismo”. El unificar.

Igualmente esta es una visión expresada de una generación interpretada por el kirchnerismo. En ese sentido, la masificación de la vida política se imprime en todos los órdenes. Entonces, creo que si te podés hacer cargo de lo que estás diciendo y con lo que te estás metiendo, podes decirlo.

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APU: La política está presente en vos, de forma permanente. ¿Utilizás el medio político humorístico con qué fin?

MR: Con el fin de intervenir directamente sobre el sentido, valga la redundancia, en ese sentido, mi búsqueda es esa. Yo no quiero que lo que hago quede en el chiste por el chiste.

Me interesa meterme con algunas cosas, qué sé yo… ahora se me viene a la cabeza la cuestión de la moralina de la clase media. Lo vetustas y nefastas que son nuestras oligarquías y nuestras aristocracias. Esto no quiere decir que no tengan que existir esos sectores, las sociedades se organizan de cierta manera. Dialectizar, como una pretensión onerosa de una trasversalidad absoluta de la sociedad, creo que es algo que me escapa. Pero sí, lo que puedo tratar de enunciar es “cuidado” porque estas oligarquías son totalmente extraccionistas, piensan en el extranjero. No les interesa un desarrollo de las sociedades en las que les toca coincidir y estar. Obviamente somos tierras colonizadas, eso se hereda y está presente.

Esto que parece historia, se ve en este presente político en el que hablamos. Todo este tiempo de pauperización de la sociedad, Macri haciendo fiestas a estos reyes extranjeros o pidiéndole perdón al rey, todo esto que esta tan presente hoy en día en la política. En esa explicación que nos dan sobre la sociedad: la desgracia de haber nacido acá. La no posibilidad de un desarrollo y de encontrar fecundidad en nuestra tierra, más allá de los recursos naturales. De sumar valor agregado, de inscribirse en un mundo que necesita o valoriza otra clase de actividades. Mis personajes se meten con eso.

Trato de intervenir en ese sentido. De interpelar a esa moral de clase media, a las oligarquías, a lo que está presente en algunas clases y sectores sindicales también. Trato de meterme con varios temas.

APU: ¿Apoyas al kirchnerismo?

MR: Sí, absolutamente.

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APU: ¿Te sentiste defraudado en algún momento por el kirchnerismo?

MR: No. Es más, me enteré de la decisión de Cristina (Cristina Fernández), sobre la candidatura de Alberto (Alberto Fernández) y creo que lo primero que operó en mí fue respetar la decisión de Cristina, pero no de una manera ciega. Creo que es un posicionamiento donde se comprende la tensión histórica y si uno confía en la sagacidad y en la astucia de quien conduce, que en mi caso es Cristina, a quien reconozco como absoluta conductora, entiendo perfectamente que se necesitan estas decisiones.

Después entiendo que puede haber equivocaciones en políticas, en elecciones. Pero de ahí a ir señalando con el dedo acusatorio a gente que ha entregado su vida entera por estos 12 años de transformación que fueron el kirchnerismo…yo formé parte también de ese mismo fenómeno tan twittero de salir a opinar lo que hacen los demás, cuando en realidad hay gente que está haciendo, mientras el grueso (de la gente/ twitter o no) está opinando. Igual esto responde a una lógica que es como la de un borracho sólo en un baldío gritando. Uno trata de no entrar en ese juego. Pero reconocer esa posición de no sentirme defraudado porque pudieron haber cosas que podrían haber sido de otra manera.

Pero lo grueso efectivamente, la transformación que vivimos en esos doce años es una reparación histórica para una generación entera que despedía y olvidaba a la política como eje transformador de la vida, como restitución y ampliación de derechos. Una clase política que mira a los jóvenes, a los viejos, a los trabajadores, las amas de casa. Una dirigencia política mirando a la sociedad es algo que parecía quedar muy lejos y cada vez más jubilado en ese sentido. Había que remitirse a una experiencia histórica como el peronismo, porque después la política había sido como gestión. Gestión de la pobreza, de la economía. Y el volver a pensar en el goce, volver a pensar en la reivindicación de derechos, me parece que es algo absolutamente necesario y lo celebro.

APU: ¿Qué es el macrismo?

MR: El macrismo es la remasterización histórica de las tradiciones mas nefastas de la Argentina. Yo creo que es eso.

En algún punto, si podemos repensar slogans como, por ejemplo, que Mauricio es Macri, omitieron decir que Mauricio Macri también es Blanco Villegas. (Alicia Blanco Villegas, madre de Mauricio Macri). Esto de… ¿quiénes son esas fuerzas representadas? Lo vemos en las medidas políticas que se toman. Porque siempre vemos la cuestión del ajuste o el dólar o medidas desfavorables, pero a lo que voy es a la narración que tienen ellos con sí mismos. Quiero decir, se narran como desde una posición sufriente que tienen ahora, por ejemplo: “estamos todos mal” o “fueron los peores seis meses de mi vida”. Hablan, de alguna manera, contándole a la sociedad que el pesar es para todos y ese pesar no es para todos.

Hubo grandes ganadores en este tiempo y sabemos quiénes fueron. Las patronales rurales, los bancos, el capital financiero internacional, Grupo Clarín. Hay grandes ganadores. No hay que pensar que esto ha sido absolutamente terrible para toda la Argentina. El macrismo, para mí, es eso. Esa tradición de una Argentina y una tierra para muy pocos, un modelo político que fogonea esta idea de que sobra gente. Esta idea de los gauchos ociosos, esa tradición sarmientina.

Hoy justamente puse esta idea en tensión: el macrismo entendió algo a nivel de construcción política, que nosotros todavía no. Que es lo que muchas veces denomino como “populismo digital”. Esta cuestión de identidad política segmentada, uno a uno. Como que le están hablando a cada uno individualmente, acorde a lo que necesita escuchar. Y nosotros, el campo popular, todavía sigue hablando de genéricos: “La transformación de la Argentina, de les trabajadores”. Como grandes tótems que en última instancia, hay que ver quiénes se sienten interpretados por ese “todos”. Porque vamos hacia una sociedad de mayor fragmentación.

Y el macrismo, como viene de la empresa, lo entendió más rápidamente. Son políticos de esta generación, de esta era, entonces de alguna manera eso lo entendió más rápidamente. Sin embargo, hoy, cuando nos enteramos que el 50% de los pibes entre 16 y 18 años no están empadronados, decimos bueno, nos engolosinamos mucho, pero las tradiciones históricas del no empadronar como una clase de fraude es lo que están haciendo… entonces el macrismo es “lo nuevo” pero cuando necesitan echan mano sobre los viejos vicios de la política conocida. Echan mano a la represión. No es que solamente son lo nuevo, también son esas tradiciones históricas.

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APU: ¿Por qué nos pasa esto de caer siempre en la derecha? Digo, la conocemos. Podemos apelar a la manipulación de los medios de comunicación, pero ¿por qué nos pasa esto de tropezar con la derecha?

MR: Pienso que, en primera instancia, la derecha tiene a favor el sistema económico. Cuando un gobierno de corte popular llega al poder, tiene las dificultades de gestionar y además de transformar la realidad. Si pensamos al Estado como ese mediador, como un ente histórico mediador entre las clases que tienen los medios de producción y las clases trabajadoras (una definición que hoy suena muy vieja y que por supuesto lo es), pero digo, si el Estado oficia de regulador, cuando hay un gobierno de corte popular este tiene que mediar entre los intereses voraces que tiene el propio mercado y hay que gestionar y transformar la realidad.

En este caso, la derecha está haciendo lo que el capital necesita. Flexibilización laboral, ejército de reserva: cuidado si te quejás porque te despiden. La persecución ideológica es hacia los trabajadores y a todas las minorías, a las que le quieren disminuir derechos. De alguna manera hay una tendencia histórica. Y al mismo tiempo no debemos olvidar que la nuestra es una sociedad que hace 40 años tuvo campos de concentración en medio de la ciudad. Que había que hacer un punto final, que había que olvidarse de eso. No hablar de eso. La culpabilidad que todavía subyace en algunas personas con esto de “no sabíamos lo que pasaba” o la “teoría de los dos demonios”.

Esto mirado en el mundo, si lo narrás en una sociedad europea, de que en el medio de la ciudad hubo un campo de concentración, donde se torturó y desapareció gente, se le robaron los hijos, los apropiaron, cambiaron su identidad, es algo muy terrible e inentendible. Hacer la sutura de eso, hacer el correcto procesamiento, es algo complejísimo en sí mismo. Pero tenemos reparación histórica, el trabajo de las Madres y Abuelas y agrupaciones de DDHH. Y, en este sentido, el Estado lo hace propio cuando Néstor Kirchner sale a pedir perdón en nombre del Estado. Sale a arrojar una claridad, una posición unívoca, donde se jubilan las teorías de los dos demonios o el algo habrán hecho. El Estado se hizo cargo. Reparar y suturar eso es algo que socialmente cuesta muchísimo. Y, por oposición a eso, a Macri le parece bien que los genocidas caminen por la calle. Sin embargo, la sociedad frente a esto pone límites.

APU: Siendo hombre trabajás con dos referentes del feminismo, Malena Pichot y Srta. Bimbo, ¿cómo te ubicas vos en ese tridente?, ¿qué espacio tenés en ese tridente y que aprendés de eso?

MR: El espacio que yo ocupé fue el de aprender y escuchar. Eso fue lo primero que entendí que tenía que hacer.

Uno de los primeros ejes es no ocupar ese lugar de que el varón entendió al feminismo. Justamente cuando se embarca uno en esa tarea, comprende la dificultad que eso implica. No es algo que es un terreno de llegada sino que es un ejercicio permanente de cosas que te van a salir y cosas que no te van a salir. Debemos asumir eso. Asumir las propias limitaciones. Y jugar con eso de las correcciones. Yo cómodamente ocupo ese lugar, no me gusta quedarme en la idea de un absoluto y no pensarme. Al mismo tiempo, discutir esa pretensión masculina de tener razón, de tener la explicación, de cómo nos debemos posicionar frente a nuestros vínculos. Para nosotros es una tarea muy ardua. Entonces todos estos “feministos” que aparecen ahora explicándole a las minas lo que hay que hacer, no entendieron lo fundante y lo básico.

Es una mentira tener algo suturado y sintetizado. Porque por oposición a esos feministos, el movimiento feminista está en permanente ebullición. No es lo mismo el feminismo de este año, al del año pasado y mucho menos al de años anteriores. Entonces, acompañar en ese movimiento, ir repensándose, es un lugar que requiere mucha paciencia, tolerancia, templanza y aprendizaje. Además, asumir que hoy, hay cosas que no nos van a salir. Punto. Y tratar de vivir con eso. No podemos suponer que todo es cambiable.

Me parece que hay generaciones que están creciendo con otro concepto de lo que es el amor, de lo que es esperable en las relaciones. Que muchas cosas tienen enormes verdades y que en otras aparece la cuestión del “cuidado, se puede caer en una posición de individualización”. Y al mismo tiempo que todo esto, tenemos la terea de ser felices y gozar la vida. Una tarea muy, muy onerosa. Hay que tener tiempo, paciencia, escuchar, aprender y saber que este tiempo histórico no se va a solucionar de un día para el otro, pero que no vamos a volver hacia atrás.