Cultura //// 05.05.2011
María Pía López: "No sería grave que se mitifique la figura de Kirchner"

Capital Federal (Agencia Paco Urondo, publicado en Espacio Iniciativa, reportaje de Ariel Goldstein) Iniciativa entrevistó en forma exclusiva a María Pía López, socióloga y ensayista. Docente e investigadora en la Universidad de Buenos Aires, participa activamente en el espacio Carta Abierta. En esta oportunidad, analiza el proceso político, social y cultural argentino inaugurado en 2003 y aporta a la reflexión acerca de las identidades políticas y las formas actuales de politización.

Hace unos días en la presentación del libro “Kirchnerismo, una controversia cultural”, de Horacio González, en la Feria del Libro señalaste que este proceso necesitaba menos soldados y más intérpretes, ¿podrías extenderte un poco más al respecto?
Esto tiene que ver con algo en lo que vengo pensando en relación a una crítica que tengo sobre la idea de batalla cultural y el uso de ciertas metáforas bélicas para pensar la vida política. Me parece que hay una diferencia si uno piensa las cuestiones de la construcción simbólica en el plano de la política, de la disputa cultural dentro de esa construcción simbólica. Esto resulta muy pertinente para trabajar la categoría de hegemonía de Gramsci. Esto se está discutiendo, he leído notas de Mocca sobre esto, notas de Sarlo: aparece esta discusión sobre si el kirchnerismo construye hegemonía o no cuando interviene con programas de televisión, con muestras, etc. Mi impresión es que esa idea de hegemonía es muy porosa y eso la vuelve muy interesante: es una idea que lleva a la pregunta de ¿cómo hace un bloque histórico o un conjunto de sectores para construir ciertos valores como si fueran comunes a todos o poner ciertos valores que son de un sector como valores generales? Pero al mismo tiempo, explica la idea de que hegemonía implica que ese sector, que se vuelve dominante políticamente, también lo hace porque logra expresar valores de los otros. Logra traducir y logra hacerse cargo de demandas que no surgen de él.
Ya que aludiste a los dispositivos que constituyen hegemonía, Isidoro Cheresky se había referido en una ocasión a “678” como un “programa faccioso”, ¿Cuál es tu opinión al respecto?
678 es de las cosas que considero que están en un borde complicado. Por un lado hay algo que está en el plano del montaje, de la repetición y de la lógica con la que se construye, que uno podría asociarlo como faccioso en el sentido que se priva tanto por momentos -como se priva TN- de dar cuenta de un mínimo de objetividad. Hay momentos en que la producción construye elementos que están omitiendo muchos debates de la realidad. Por otro lado, hay algo que pertenece a la misma lógica del programa, que para mí es lo que lo vuelve interesante, que es revelar un procedimiento. Y cuando revela un procedimiento, queda impedido de ser solamente faccioso. A diferencia de TN, donde tenés el montaje salvaje, la omisión de los datos, la negación de una cantidad de cosas y todo esto se presenta como pura neutralidad, como la voz de la objetividad encarnada en un medio de comunicación. A diferencia de eso, lo que hace 678 es ser parcial, fragmentario, repetitivo, todo eso, pero declarando que lo es. Declara que lo es y muestra cómo es el procedimiento. Al hacer esa demostración, es como si el programa, al mismo tiempo que toma una lógica facciosa, hace la crítica de la lógica facciosa. Por lo tanto, creo que le da al espectador un lugar mucho más interesante al situar al programa como objeto de la crítica más que objeto de la adhesión. Reducirlo a la lógica de la facción es complicado porque inauguró un tipo de periodismo que es distinto y tiene que ver con que se sacó un saber que estaba montado en la carrera de Ciencias de la Comunicación y es como si se lo hubiera puesto disponible al acceso masivo. Ese saber, como todo saber, sirve para que la gente haga otras cosas con eso.
En referencia a la discusión sobre el mito de Néstor Kirchner, ¿Cómo pensás que se recordará su figura y cómo no sería productiva la sedimentación del mito?
Es difícil porque se trata también de modo como uno lo recuerda. Yo tiendo a hacerlo con mucha nostalgia, con muchas tristeza por lo que significó su figura. Un punto que me interesa mucho de su figura es algo que se encuentra en el libro de Horacio González. En alguna parte lo va describiendo menos como un estratega calculador y más como alguien de una fragilidad que no sabía todo lo que estaba haciendo. Esa figura me interesa mucho para pensar a Kirchner porque el llega sin cuadros, sin grupos, sin partidos y, sin embargo, logró cambiar la vida política argentina entera. Me parece que esa fragilidad estaba asociada a una fuerte escucha social, a una especie de capacidad comprensiva muy profunda que lo llevaba a interpretar, de manera muy cabal y estrictamente aguda, todos los signos de la época. Fue el gran lector de la crisis de 2001, el gran lector de la crisis de los partidos políticos y el que vio la necesidad de liquidar los efectos de la dictadura en la vida social y política argentina. Lo considero como un gran intérprete; registraba y mapeaba lo que estaba ocurriendo, a los grupos, a las ideas. En este sentido era un hombre virtuoso, podía ser capaz de aceptar la contingencia, el azar y, a partir de eso, actuaba. Era un hombre sin programa; en lugar de eso tenía esta capacidad de escucha y comprensión. Es difícil mitificar a un hombre así porque el mito residiría en formas más integrales, más del orden de lo heroico. Y a mi me interesa lo otro de Kirchner, su capacidad de leer lo que estaba ocurriendo. De todas formas no hay que tenerle miedo al mito. No sería grave que se mitifique esa figura; sí sería grave convertir su figura en una especie de estampita que obligue. Pero mientras sea un impulso emocional, algo que conmueve, que unifica y lleva a la acción, no me parece que tenga ribetes peligrosos ni complejos.
Se cumplen 8 años del kirchnerismo, ¿podrías hacer un balance en cuanto a las políticas y a la transformación cultural que se ha producido en la sociedad en relación con lo vivido en la década de los ’90?
En primer lugar, la idea de que es posible hacer justicia frente al pasado. El cuadro de Videla y la renovación de los juicios es lo contrario a los indultos. Es una ruptura durísima con los noventa en el sentido de que en ese momento se había planteado que la Argentina se privaba a sí misma de una revisión del pasado. Una segunda cuestión tiene que ver con el dialogo con los diferentes actores sociales. El kirchnerismo viene a decir que nunca se puede reprimir una protesta social. Ese enunciado viene a significar un cambio enorme en cuanto a cómo el Estado se relaciona con la sociedad. Se trata de un Estado que deja de ser pensado como el garante de un orden, que necesariamente deviene en represivo, para convertirse en un Estado que escucha, registra y actúa. Por último, un tercer aspecto tiene que ver con una lógica implantada de la reparación que tiene que ver con la afirmación de de Kirchner de que “salimos del infierno”, que estaba signado por la corrosión o el daño de la trama social que había producido el neoliberalismo. Frente a la pobreza, la desocupación y la destrucción del aparato productivo, el kirchnerismo introdujo una lógica reparatoria. Todos teníamos la idea de que faltaba mucho y creo que esta cuestión de la reparación se termina de plasmar con la Asignación Universal por Hijo. Es el momento en que se toma la decisión de universalizar la ayuda social y salir del mundo de los planes o subsidios acotados. Esto representó un salto enorme para la vida social argentina porque dice que ningún chico deja de recibir un ingreso. Y para que eso fuera posible, se necesitaron dos cosas: la estatización de los fondos de las AFJP, que significó un cambio fundamental porque habían convertido a las jubilaciones en un negocio de una magnitud fenomenal y porque habían roto con la lógica de la solidaridad intergeneracional, cosa que fue más perversa. Esto rompía con la idea de que una sociedad no es solo la suma de los éxitos individuales sino la suma de las compensaciones colectivas. La segunda cuestión que hizo materializar la AUH fue que se perdieran las elecciones en 2009. Al pensar los últimos años, tengo la impresión de que todo se va haciendo más preciso. Si no se tenía un programa al principio, se va definiendo su programa. Recién con el tiempo se va definiendo su perfil y su contorno más definitivo. En este sentido, quizás otra medida que significa una ruptura con respecto a los noventa tiene que ver con la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Es otro gran salto. Es por ello que pensar el proceso que va desde el gobierno de Néstor al de Cristina, nos hace optimistas respecto a una posible reelección de la Presidenta. (Agencia Paco Urondo)