Cultura //// 07.10.2018
Luego del luto, sigue la lucha

Una treintena de actores en la cadena del libro se juntaron para presentar a la Asociación Santafesina del Libro un intento de articular políticas que ayuden a enfrentar la crisis por la que atraviesa el sector y construir nuevas herramientas que cambien su dinámica.

Por Norman Petrich

 

 

Escritores, editores y libreros se dieron cita eljueves 27-09 en el bar La Sede, de Rosario, para presentarse formalmente a la Asociación Santafesina del Libro.

Desde hace unos cuántos meses, un grupo de escritores rosarinos se venía reuniendo con el fin de visibilizar las problemáticas que tiene la proyección del libro, desde su creación, pasando por su impresión, distribución, hasta su llegada al lector. Dos puntos sobresalieron de esas primeras reuniones: se volvía indispensable pensar un proyecto que abarcara y trabajara todas esas etapas al mismo tiempo y que necesariamente debía incluir a más gente.

Es así como la invitación a participar cruzó la Circunvalación de la ciudad porteña para llegar a escritores de toda la provincia. Y no se detuvieron ahí: también se hizo extensiva a editores independientes y libreros.

 La caída abrupta de las ventas, la falta de fomento, los altos costos de impresión y los tarifazos, sumado a la importación indiscriminada, no han hecho más que reforzar la idea de formar un ente que pueda representarlos e intervenir para intentar quebrar este presente que encuentra a la cultura de luto pero de pié: dispuesta a dar batalla.

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La flamante asociación buscará, entonces, articular políticas públicas que permitan potenciar los espacios oficiales que vienen funcionando (El Ministerio de Cultura de la Provincia cuenta con Espacio Santafesino, entidad que viene realizando buenas lecturas de campo e interviniendo dentro de sus posibilidades pero puede ocupar, es la opinión de varios de los reunidos, un papel más relevante y fundamental en el accionar del Estado) y articularlos con los amplios sectores que trabajan alrededor del libro en la provincia, donde queda claramente a la vista un fuerte movimiento de editores independientes, escritores de porte y gran cantidad de libreros de oficio.

Su tarea será ahora, además de seguir incorporando actores que le permitan sumar ideas, cómo ensamblar eso que ya está con lo que falta: una mayor distribución (para eso propone la participación de una posible distribuidora estatal) de las excelentes ediciones que ya circulan pero en forma limitadas, dentro de las ciudades que las vieron salir a la luz; que al librero no le sea tan oneroso mantener su local y verse obligado a la mediatez de las novedades de las grandes editoriales (posibles propuestas de compre local, eximición de gravámenes municipales, etc.), incorporar sectores que no están dentro del circuito comercial habitual que propone el mercado (compras estatales para las bibliotecas populares de la provincia; Ferias en las distintas ciudades con la participación de las editoriales independientes serían algunas de las ideas que se vienen trabajando), todo un objetivo que permita construir un soporte a través de leyes que regulen y activen la cultura provincial, aunque algunos intenten su retroceso.

Veremos, con el tiempo, si pueden avanzar con algunos de los puntos de este desafío que han decidido asumir. Y si esto se replica en otros lugares. Lo cierto es que están decididos a no sólo sentarse a ver cómo avanza el cortejo, si no que desde su mismo centro, se levantan y se declaran en lucha

 

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