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Cultura //// 16.06.2019
Librerías con Cristina

En el marco de “Sinceramente”, el libro de Cristina Fernández de Kirchner, APU recolectó algunos testimonios para darle voz a los libreros, partícipes más que necesarios en estas instancias, héroes de las recomendaciones y más que experimentados recolectores de anécdotas. Siempre anónimos, aquí nos dejan cosas divertidas para leer. 

Foto: Manu Fernández

El 23 de abril de este año la ex presidenta y actual candidata a vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner posteó en sus redes sociales la tapa y contratapa de su libro Sinceramente de editorial Sudamericana, sello del grupo Penguin Random House; así daba el puntapié inicial al mayor fenómeno de ventas de los últimos años. Ese mismo día las librerías recibieron un comunicado donde se anunciaba el libro con una breve reseña, la distribución para el 26 de abril y la presentación en la Feria del Libro del 9 de mayo. La sorpresa en el gremio fue grande, ya que la obra no había sido anunciada en la habitual presentación de las novedades del mes.

Una de las grandes cadenas de librerías del país lanzó en sus redes una preventa del libro; esa misma noche las ventas online para reservarlo colapsaron la web y debieron pedir más ejemplares a la editorial. Los empleados relataron con asombro que los pedidos online del que pasó a llamarse “el libro de Cristina”, ingresaban cada dos minutos y que se pedía más de un ejemplar desde sindicatos, instituciones o de compradores particulares que querían regalarlo. Como dato curioso, los pedidos de Sinceramente traccionaron la venta de otros títulos como Y ahora, ¿qué? de Axel Kicillof, la biografía del Indio Solari, Recuerdos que mienten un poco de Marcelo Figueras, y de libros de temática feminista, que se pedían junto con el de Cristina.

Sinceramente llegó a las librerías el 26 de abril con una tirada inicial de 20 mil ejemplares, y siguieron dos tiradas de 20 mil y 24 mil más. Apenas una semana después de su salida y ante la gran demanda de las librerías de todo el país, la editorial reimprimió 60 mil ejemplares más. Hasta la fecha se imprimieron 320 mil ejemplares. Libreros y libreras con casi 20 años de oficio en locales de la avenida Corrientes (CABA), recuerdan pocos precedentes de este boom de ventas, algunos mencionaron la publicación de Nunca más en 1984 y la saga de Harry Potter que se inició en 1997. Desde su publicación en abril hasta hoy, Sinceramente sigue primero en ventas en el ranking de libros de no ficción en las principales cadenas de librerías del país.

APU decidió recolectar algunos testimonios para darle voz a los protagonistas que están del otro lado del mostrador, los libreros: partícipes más que necesarios en estas instancias, héroes de las recomendaciones y más que experimentados recolectores de anécdotas. Aquí algunas cosas divertidas para leer.  

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"Cuando se dio fecha de salida de imprenta del libro Sinceramente empezaron las llamadas y las consultas. Lo más probable era que el libro saliera agotado en su primer día, entonces tratábamos de contestarles a todos lo mismo: no sabemos cómo proceder con este libro, pues, cuentan compañeros que trabajan en esta librería hace 36 años que nunca se vio cosa parecida. Hubo otros lanzamientos esperados pero jamás algo que removiera a todos los lectores. Fue la muestra de que el lector es antes ciudadano. No contentos con la respuesta nos pedían que los anotáramos, se ofrecían a pagarlo por adelantado y algunos pasaron a preguntar dos o tres veces al día si ya había llegado. Resulta que era todo un acontecimiento en Belgrano, la mayoría de los habitantes allí no están de acuerdo con el tipo de militancia ni política que Cristina hace pero querían leer y saber qué tenía para decir sobre los años políticos recientes, como también buscando consuelo. Una actitud de hijo pródigo. Muchos dijeron que era para regalo y otros dijeron que se los habían encargado, todos sabíamos que iban a llegar a romper el paquete en la intimidad, donde nadie viera sus vergüenzas. En medio de los comentarios peyorativos que hacían desde entrar hasta salir, yo les gritaba a mis compañeros: ‘Uno de la jefa, dos de la jefa para regalo’, ‘¡cuántos quedan de la jefa!’ Y este festín duró medio día pues volvió a agotarse, cosa que no sucede con la curiosidad de Belgrano, pues aún preguntan tímidamente y por lo bajo cuándo lo vamos a volver a traer".

“El día del anuncio de Sinceramente llegó a la librería un chabón que nos dijo ‘hola, tenés El Cristina’. A partir de ese momento el libro dejó de llamarse Sinceramente y quedó bautizado como El Cristina para toda la vida”.

“Uno de los medios más importantes de Rosario quería dejar reflejado el fenómeno que se estaba dando con la salida del libro y me tocó en suerte que me entrevistara. Yo quería dejar en claro dónde estaba la grieta y dije: `En 23 años que vendo libros, nunca vi algo así. Creo que no es lo que Cristina escribe, sino lo que genera. Es algo que rasca en el momento que pica. En cambio, el libro El Final de Majul, está hace meses en la mesa de saldos´. El periodista lo publicó sin modificaciones”.

“Vino un cliente a nuestra librería y pidió el libro Cristinamente. Mi compañero le marca el error y le muestra Sinceramente. Esta persona insiste, que ese ya lo leyó, que quería el nuevo. Y ahí me acordé que la noche anterior, un periodista en el canal de televisión que tiene un reconocido diario, hizo gala de su falta de humor queriéndose pasar por gracioso diciendo que tenía la posta sobre el nuevo libro de Fernández y que se iba a llamar así: Cristinamente. Se lo expliqué al cliente, quien se tapó la cara con las dos manos. No me animé a preguntarle si porque le daba vergüenza no haber entendido la broma o por que ésta era tan mala”.

“La última vez que un libro se vendió así, con tanta magnitud, por anticipado, fue uno de Harry Potter. Este no fue magia”.

“Más allá de la forma en la que aparece y todo lo que eso generó, era notoria la ansiedad que se veía en la gente por querer tener el libro de Cristina, y que ese libro era también un objeto de esperanza. Se dio en varios casos que entraron preguntando: ¿Tenés el libro de la jefa? La sonrisa de muchos clientes y clientas cuando, al fin, lo habían conseguido, después de haber estado esperando el aviso de que ya había llegado. Algunos agarraban el libro y lo estrechaban entre los brazos, como abrazándolo. Otros más silenciosos, buscaban en el rostro de uno (el librero) a ver si encontraban seriedad, rechazo o complicidad”.

“Primero quería marcar que estábamos muy apretados. La Feria del Libro se veía lejos y el panorama era complicado, fue cuando llegó el anuncio de la editorial y se produjo el fenómeno que fue. En 35 años jamás vi un libro que se vendiera tanto en tan poco tiempo. Ningún best seller, mirá que hubo muchos pero nunca tan apretado en el tiempo. Y fue una reactivación pasajera, a pequeña escala, pero que ayudó a todos los libreros a ponerse al día. Poder venir a comprar el libro era una reivindicación; reivindicar y reivindicarse. Se sacaba foto con él, fue una cosa hasta emotiva.”

“El lunes siguiente al fin de semana en el que salió Sinceramente abrí la librería y de tres personas que entraban, dos preguntaban por el libro de Cristina. Coincidió la fecha con el cobro del alquiler del local y me tocó atender a la empleada de la inmobiliaria (una férrea  defensora del gorilismo conurbanense tradicional), que ese día vino más mala onda que de costumbre: directivas, malos tratos, como si se tratara de una jefa insufrible que a todos odia. En el momento en que ella contaba los billetes entró una clienta y preguntó el precio de Sinceramente; la empleada de la inmobiliaria me miró como buscando complicidad y espetó un ‘yo no entiendo cómo pueden querer leer lo que dice una chorra’. Tuve que contestar: ‘yo lo que no puedo creer es cómo ganó las elecciones un tipo como Macri que nos está asesinando a todos’. Herida en su interior, supongo, comenzó a tratarme de kirchnerista fanático y violento. Más tarde llegaron mis compañeros y les conté la secuencia. Al rato volvió y se puso a charlar con uno de mis compañeros y a intentar difamarme. Les volví a explicar que ella había dicho semejante barbaridad delante de una clienta y ella hacía oídos sordos, manifestaba que el violento era yo y tal. Un cliente que estaba viendo toda la secuencia me dijo ‘no le des bola, esta mujer quiere buscar roña’. Ellos siguieron la charla durante un rato y en un momento quise explicarle a esta mujer que ella no puede venir a nuestro local a interferir con nuestras ventas pero no me dejaba hablar (así discuten los gorilas, queda en evidencia) y me fui un rato esperando a que a mi regreso ya se hubiera ido”.

“Mi compañero estaba atendiendo con mucha dedicación a una señora mientras yo veía entrar al siguiente cliente, un octogenario que hablaba a un alto volumen. Éste preguntó por ‘ese libro de Cristina’, le dije que se nos había agotado la primera edición. El hombre lamentó porque quería verlo, ‘¿Cuántas páginas tiene?’ preguntó al fin. Al responderle que 600 el tipo empezó a gritar 600 ¿cómo 600? ¿Todo eso escribió?’ cada vez más fuerte. Mientras lo miraba con mi mayor cara de póquer el tipo al fin tiró la frase demoledora “¿qué cuenta? ¿Todo lo que se robó? Ipso facto mi compañero saltó ‘señor, puede dejar de gritar, no me deja atender a la señora’. El tipo pidió perdón excusándose de que era sordo (lo que nadie le creyó) y se fue. Nos quedamos charlando con la señora que atendía mi compañero en primer lugar y esta nos dijo ‘yo voté a Macri pero no estoy en contra de Cristina, cada quien puede votar lo que quiere por más que a otro no le guste, se ve que este señor vino a destilar todo su veneno’. Mucho más tranquilos nos pusimos a tomar mate”.

“Cuando me enteré de la salida del libro de Cristina me emocioné mucho, estaba de muy buen humor y con ganas de hablar de Sinceramente, no podía a esperar a que llegue. A los minutos entra un tipo a la librería preguntando por el libro, le digo que no lo tengo pero como estoy emocionado intento tantearlo para ver si es compañero. El tipo se da media vuelta y antes de salir gira la cabeza y dice ‘igual no sé si lo quiero para leerlo o para encender el asado’. Quedé triste y enojado. A los cinco minutos entró otro cliente a las apuradas al grito de ‘tenés el libro de Cristina’, ‘no’ le contesto, ‘bueno, guárdamelo porque vamos a volver’, y se fue corriendo. Mi humor volvió a mejorar considerablemente”.