Cultura //// 17.02.2019
Levantando polvareda. Acerca del 7° Campamento federal metalero Pacha Huasi

Entre los días 8 y 11 de febrero se llevó a cabo en Loncopué (Neuquén) el 7° Campamento Federal Metalero Pacha Huasi con la asistencia de más de 30 bandas del género. Por Gito Minore.

Por Gito Minore

Un rasgo característico que tiene el heavy metal argentino es su capacidad de resistencia. Sin grandes sellos discográficos que lo acompañen, ni importantes medios de comunicación que lo difundan, el género pesado por excelencia, que ya tiene cuatro décadas, no solo sobrevive, sino que se reproduce y genera nuevas formas de legitimidad artística, traza nuevos senderos de circulación. Hace tiempo ya que dejó de ser una variante más del rock, para convertirse en una cultura en sí, y una forma de vida también. Y en esa mutación, un factor de capital importancia fue la autogestión. Al igual que en otros ámbitos de la vida, esta manera de encarar el trabajo resultó fundamental no solo para su supervivencia, sino para su superación también.

Mucho de todo esto pudo vivirse el pasado fin de semana en el marco del 7º Campamento Federal Pacha Huasi, llevado a cabo en la localidad de Loncopué, al norte de la provincia de Neuquén. Así, los días 8, 9, 10 y 11 de febrero se volvieron una verdadera convivencia metalera, en donde bandas, músicos y seguidores de distintos lugares de la Argentina se dieron cita al pie de la pre-cordillera.

Entre los más de 30 grupos que durante las tres noches consecutivas poblaron el escenario del Pacha, se formó un abanico de subgéneros que fueron desde el hard rock hasta el death metal más acérrimo, pasando por el thrash, el power, e incluso el hardcore.

De todas estas “cruzas” quizás sea notorio rescatar algunas propuestas, como la de Raza Truncka. La banda de Salto ofreció en la noche del viernes un concierto superpoderoso en el que repasaron el material de sus tres discos editados, dando rienda suelta a su fusión de heavy metal con ritmos del interior profundo como el gato, la chacarera y la zamba. La experiencia sonora de semejante amalgama fue acompañada por un pintor en vivo y un mini ballet de danza que le puso cuerpo y movimiento, e incitaron a la audiencia a sumarse a su danzachapogo (como ellos la bautizaron) para levantar la polvareda del lugar.

Matan-SA-en-Pacha-Huasi

Otra banda que ya es un clásico de estos encuentros, y que le cambió el clima al sábado fue Matan SA. El grupo de zona sur ofreció un demoledor set donde, además de demostrar una técnica ajustada y mecánicamente precisa, metió miedo con sus letras arrancadas de una pesadilla, violenta y delirante. Toda esa locura, acompañada por luces rojas, muñecos descabezados colgando, y efectos sonoros, completaron la mise en scène de esta banda death metal de la vieja escuela.

El domingo, luego de una lluvia que amenazó cortar la fiesta, subieron al escenario entre otros, Hanta, Disidente inmortal, Mecánica y Jerikó.

Es interesante resaltar, a su vez, la armonía con la que las bandas se engarzaron con las múltiples propuestas culturales. Entre ellas fue notable, la inclusión de una titiritera que trajo el trío Awa, el día viernes, quien hizo las delicias del público, con una “coplera de gomaespuma” que se trenzó en duelo con el cantante. Otras expresiones que estuvieron presentes fueron la danza, llevada a cabo por Dai Belly Dance, la literatura, con la participación de la Feria del libro heavy, y la radio, con un nutrido grupo de productores que armaron una charla debate arriba del escenario.

Mención aparte se lleva el esmero del personal de “Fundación Bosques Nativos de Argentina”, quienes además de acompañar las jornadas concientizando sobre distintos aspectos ecológicos de la región, ofrecieron visitas guiadas al pueblo de Caviahue y al volcán Copahue.

 

El evento, que ya lleva ocho años haciéndose de manera itinerante en diferentes puntos de la Argentina, fue organizado por Horacio Andariego y un pequeño grupo de colaboradores, quienes a todo pulmón trabajaron incansablemente para que el encuentro sea memorable.

Un campamento en el que la resistencia, la autogestión y heavy metal se dieron la mano y poguearon en el sur de nuestro país.