fbpx La mujer que cambió el destino nacional, por Noemí Arzamendia
Cultura //// 07.05.2011
La mujer que cambió el destino nacional, por Noemí Arzamendia

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) Hace noventa y dos años, un día como hoy, nacía la mujer que acompañaría al hombre que cambiaría el destino del Pueblo Argentino para siempre. Su madre la llamó María Eva; luego se llamó Eva Perón pero el Pueblo la rebautizó “Evita”. Uno, en casa o con los amigos, siempre usa diminutivos para nombrar cariñosamente a las personas que más ama. Es como si necesitara achicar el nombre para meterlo en el corazón. Pero el nombre no se achica –ni en el significante y el significado-. Sobre todo se agranda en el sentimiento al evocar a ese ser querido.
 

En su corto viaje por este mundo –que duró apenas 33 años- Evita fue y es el ser más amado del Pueblo Descamisado.
Efectivamente esa mujer fue también profundamente odiada por la oligarquía criolla. Evita provocó fuertes pasiones, de amor y odio, porque siempre se dejó llevar por lo que “el fuego de su corazón” le ordenaba. Esa orden era liberar a los pueblos de la Argentina y del mundo de la opresión del Imperialismo y de la oligarquía entreguista que “por monedas o por sonrisas del Imperio es capaz de entregar la felicidad de sus pueblos”.
“Todos los que salieron del pueblo para reco­rrer mi camino no regresaron nunca”
Evita nació en el más profundo plebeyismo. En un pueblito del interior de Buenos Aires. Según los historiadores, fue hija de madre soltera. En esos tiempos era un estigma muy fuerte. El sistema excluía a los “hijos ilegítimos” o “naturales” de la posibilidad de educarse, conseguir trabajo o simplemente “ser alguien”. Es decir que si no provenías de un matrimonio contraído en el sagrado canon cristiano, eras “nadie”. Tengo una vecina de más o menos la misma edad de Evita. Ella siempre me contó que fue amiga de Carlitos Gardel y que juntos habían sufrido mucho porque (mi vecina y él) eran “hijos naturales”. Mi vecina se transformó en “alguien” recién cuando su marido la conoció y la desposó. “Carlitos no es lo que todos dicen que él es ahora. Era un pobre chico que andaba con su guitarra y tocaba por unas monedas. Así lo conocí yo, que era modelo de casas fotográficas. Nos hicimos amigos porque los dos éramos hijos naturales y entendíamos nuestro dolor”. Jamás voy a olvidar ese pequeño relato.
Evita salió de su pueblo de Junín y se vino a la Capital Federal para ser actriz, cuenta la leyenda, y con mucho esfuerzo, viviendo en pensiones y comiendo poco, logró conseguir papeles protagónicos en las radionovelas de la época que la hicieron conocida en el ambiente. Ese hecho la convirtió en personalidad artística. Un día de 1944, en un acto de beneficencia -que organizó la comunidad artística para los damnificados por el terremoto que sacudió a San Juan-, Eva conoce al Coronel Juan Perón.
Generalmente en la leyenda del Pueblo, no se cuenta mucho de la vida de Eva antes de Perón, como si ella hubiera sido una doncella esperando ser rescatada por un príncipe azul. En realidad Evita en su carrera como actriz ya tenía actividad política: había fundado el sindicato ARA (Asociación Radial Argentina) que fue el primer sindicato de los trabajadores de radio. Y en ella estaban potencialmente todos los atributos que como primera dama y líder política supo transmitir a sus Descamisados. (Agencia Paco Urondo)