Cultura //// 14.07.2019
La Gran 7: “El motor de este proyecto tiene una voz de mujer”

AGENCIA PACO URONDO conversó con Verónica Piana, integrante de La Gran 7. Habló sobre cómo se desarrolla este proceso que reconfigura en simultáneo los contenidos artìsticos y su identidad como trabajadores y trabajadoras cooperativistas. Por Soledad Allende.

Por Soledad Allende

El feminismo de La Gran 7 es la resultante de una interacción entre dos elementos. Por un lado un modo particular de trabajo: la autogestión y la cooperación, un territorio largamente habitado por mujeres a lo largo de la historia, invisibilizado por las categorías tradicionales de medición económica. Al mismo tiempo es una herramienta que les ha permitido a las mujeres sobrevivir y resistir en un mundo moderno del trabajo hegemonizado por hombres. 

Por otro lado, un objetivo fundamental: acercar el arte al pueblo y ser pueblo en el arte, desarrollando contenidos que denuncian la opresión de éste régimen económico, político, social y sexual; conectando con el placer y la alegría de saberse juntas y en permanente reinvención. 

La cultura popular, atravesada como está por definición por las nuevas demandas sociales y políticas, se ve interpelada por la proliferaciòn de feminismos populares a la que asistimos. Verónica Piana nos cuenta cómo se desarrolla este proceso que reconfigura en simultáneo los contenidos artìsticos y su identidad como trabajadores y trabajadoras cooperativistas.

 

Agencia Paco Urondo: ¿Cómo fue el proceso de adopción de ideas y prácticas feministas en la Gran 7?

Verónica Piana: Es una buena pregunta porque es un proceso llegar al feminismo, una consecuencia de años de militancia cultural, artística, política, y de estar trabajando en colectivo y en comunidad con las problemáticas que la coyuntura siempre nos presenta. La Gran 7, como proyecto artístico, político y cultural es una escuela taller abierta a la comunidad; donde circulan muchas personas.

Nosotres también trabajamos con diferentes organizaciones en diferentes espacios, como la Comisión Provincial por la Memoria, con temáticas de DDHH. A partir de eso se va forjando una línea de trabajo y una línea ideológica.

A través de los talleres fuimos trabajando con algunos grupos la temática de la diversidad, los vínculos, lo que significaba hacer una transición de género, porque una de nuestras alumnas fue Quimey Ramos y en su momento para ella este espacio fue un gran espacio de contención donde aprendimos juntas. Ella es una gran referente para nosotras con respecto a la diversidad. 

Llegamos al feminismo también a través de los primeros escraches. Era muy difícil, si sostenemos un espacio abierto a la comunidad, que no te toque y no podíamos ser ajenas a esa situación. Cuando fue el auge de los primeros escraches, hace cuatro años atrás, también nos empezó a interpelar el feminismo desde otro lugar. En ese momento no sabíamos qué hacer. Ahora hasta existen protocolos. 

Todas estas cosas nos interpelaron en nuestro feminismo. No es que de golpe una estudió y dijo soy feminista. La comunidad te interpela y vas haciendo un proceso, básicamente porque el feminismo existió siempre, pero hoy por hoy es un movimiento de masas en nuestro país. Y ahí cambia la perspectiva. Ya no es más esa minoría donde nosotras accionamos, donde nos sentimos más protegidas. 

Para mí el feminismo y el peronismo hoy tienen una similitud muy grande como movimientos. Porque les hay de todos los colores y eso te trae todo el tiempo a reflexionarte, a repensarte. Por eso también hay que evitar hacer un juicio de valor, decir qué está bien y qué está mal. Catalogar no es conveniente a mi entender. 

 

APU: ¿Qué significa esto de “Mujeres recuperando una fábrica”?

V. P.: "Mujeres recuperando una fábrica" fue un poco la excusa para generar un espacio donde nosotras nos podamos pensar. A veces nos pasa que somos todas tácitamente feministas y un poco las consecuencias de nuestra vinculación y nuestro accionar artístico y político nos cuenta que somos eso, nos reconocemos en ese lugar. Pero también necesitamos esos pequeños espacios donde ir definiendo esa identidad, discutirla a nivel conceptual. Necesitábamos discutir si somos feministas, qué entendemos por feminismo, cuál es nuestro rol en el feminismo, qué significaba formar parte de un lugar que tiene una perspectiva económica feminista. 

En este colectivo somos hombres, mujeres, diverses, pero nos dimos cuenta como colectivo que tenemos una impronta femenina muy zarpada y donde muchas veces los hombres y les diverses de nuestro grupo se pudieron reconocer. Eso se dio, no se discutió en una asamblea. Se fue dando porque el motor de este proyecto tiene una voz de mujer y eso fue consecuencia de años y años de prácticas y militancia. 

 

APU: ¿Qué significa CITA para ustedes? 

V. P.: CITA es una de las primeras cooperativas del país, es una cooperativa textil. Con el kirchnerismo pudo recuperarse un poco pero eso se interrumpió con esta última oleada neoliberal macrista. Uno de sus modos de supervivencia es el alquiler de los galpones. 

Nosotres vinimos a proponerle a CITA este proyecto de alquilar sus galpones. Fue muy importante mudarnos y alquilarles a una cooperativa de trabajadores y trabajadoras porque también nuestro proyecto artístico y político se resignificaba. Entender el rol de les trabajadores de la cultura, del arte, organizarnos de manera cooperativa y autogestiva tiene mucho que ver con estar acá, resignificando y recuperando el valor histórico arquitectónico de una fábrica y también su identidad. 

Al mismo tiempo, la identidad de los compañeros de CITA se vio también interpelada porque en su mayoría son hombres y de las dos mujeres que hay, una atiende el local y la otra se encarga de las tareas administrativas. Hay roles de género muy determinados. Entonces de golpe llega este proyecto de la Gran 7 a compartir un cotidiano y eso es bárbaro.

Nosotras pedimos permiso para hacer una muestra fotográfica dentro de la fábrica con un tinte completamente feminista y abortero y ahí nos encontramos con que había millones y millones de fotos de mujeres en pelotas y que era parte de la idiosincrasia de la construcción de la masculinidad de ese trabajador. Bueno, hicimos fotos con esas fotos y armamos una muestra fotográfica con eso y a los compañeros de CITA eso los interpeló. Y fue magnífico porque pudimos tener una charla sobre qué significaba esa foto. 

 

APU: O sea que están recuperando una fábrica del neoliberalismo y también del machismo...

V. P.: SÍ, del patriarcado. Un compañero me decía: "pero vos me sacas estas fotos y me escrachas". Y yo le contestaba: "tranca. No es a vos ni a tu masculinidad, es a un sistema", y ellos tratando de justificarse. El patriarcado no se justifica, es parte de nuestra idiosincrasia y tenemos que entenderlo y transformarlo. No es cuestión de hombres ni de mujeres, es una cuestión de una comunidad repensándose. El concepto del macho no tiene que ver con el género hombre, es algo que es mucho más grande.

 

APU: En relación a los contenidos en las producciones artísticas, ¿qué cosas consideran que no se van a volver a ver y qué cosas nuevas aparecen en los contenidos artísticos?

V. P.: A partir de estas experiencias de diversidad y el acercamiento con Quimey, empezamos a trabajar un ciclo de Feminidades, un varieté que empezó hace alrededor de tres años y que seguimos haciendo, y que se reconoce feminista. 

Este mes en La Gran 7 hay un mes de Viernes Verdes con un gran despliegue de artistas mujeres donde nos repensamos, nos problematizamos, nos encontramos de una manera amorosa, amable y de disputa también. 

También hicimos una intervención muy importante en Plaza España cuando nos mudamos a la textil de CITA, en plena zona roja y de travestis, que claramente es una temática que nos interpela y con la cual trabajamos. En ese momento hicimos un festival transfeminista con Quimey y con compañeres de acá que estaban organizades. Tocó Sara Hebe. La idea era colaborar y juntar fondos para una casa trans/travesti de acá de la ciudad. 

 

APU: ¿A través de qué acciones concretas se va articulando el feminismo cirquero?

V. P.: El primer Ni Una Menos a nosotras también nos interpeló como mujeres de un colectivo artístico. En ese momento nos dijimos: vamos juntas a esta marcha. En la segunda dijimos: Che, ¿hacemos una intervención, nos pintamos? Y convocamos a otras compañeras, marchamos juntas, con los mismos colores. Son pequeños gestos que vamos teniendo de unidad y de acción. Sobre todo en las calles. 

Con respecto a la oleada verde abortera, acá en La Plata coordinamos con cirqueras organizadas de Capital y fuimos un punto de referencia y de firma en la ciudad para organizarnos, se firmó un petitorio y fuimos recorriendo cada espacio. También estamos en contacto con las actrices organizadas de la Ciudad para hacer movidas conjuntas.