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Cultura //// 03.03.2019
La Cotolengo vs la revolución de la alegría

Aprovechando el estreno de su nuevo espectáculo, hablamos con los hermanos Kofman, de la Cotolengo. Les preguntamos cómo los atraviesa el carnaval y cómo es montar un show con todos los condimentos de una murga uruguaya pero hecha acá, en esta orilla.

Fotos: Gregorio Basualdo

Por Norman Petrich

 

La rosarina Cotolengo es una murga de alto vuelo. La calidad de sus letras, armonías, la forma de encarar los cuplés los ha hecho propietarios de un lugar destacado dentro del género, luego de la creación de tres espectáculos y en las vísperas del estreno de uno nuevo del cual, hasta ahora, sólo habían hecho un adelanto. Es así cómo, en este fin de semana largo de carnaval, se presentarán el viernes 1, a las 21.30h en el Ciclo de Carnaval en La Minga Club Cultural, Maza 1165 (CABA), junto a "Nosotr3s Trío"; y el sábado 2 a las 21:00h en El Otro Carnaval en Galpón B, Cochabamba 2536 (CABA), junto a Murga “Descartes de Momo” y “Quese Quieto Murga Clû”, para regresar a Rosario y presentarlo el lunes 4 en el D7.

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APU: ¿Por qué una murga al estilo uruguayo? Es decir, el carnaval, en nuestra zona, se caracteriza más por la danza, las carrozas, las plumas, ustedes se fueron hacia la otra orilla.

Ernesto Kofman: Porque nos gusta el género, más allá del carnaval. Como género musical, artístico. Al principio uno se acerca más por curiosidad, pero luego descubre que tiene un montón de cosas que permiten expresar ciertos temas, como por ejemplo la política, a través de diferentes recursos. A veces en forma directa, a veces irónica, otra poética; es decir, te permite utilizar una variedad de recursos que por ahí otros géneros no lo tienen. Eso es lo que me atrae, esa forma de poder expresar. Eso y que es una construcción colectiva, participa y es necesaria, mucha gente.

 

APU: ¿Vendrían a desmitificar eso de que en carnaval todo es alegría?

Marco Kofman: A ver, yo creo que todos los pueblos festejan su carnaval y es un festejo lleno de ambigüedades, siempre. Una mezcla de alegría con descontrol que en realidad no es tan alegre. Los carnavales del norte, de Perú y Bolivia tienen bastante densidad con respecto a eso. No es una alegría vacía, es más bien un juego, una invitación a salirse de ese lugar cotidiano que uno ocupa dentro de su comunidad y participar desde otro lugar. A través del disfraz, a través de personajes estancos que suelen estar en estos eventos, representaciones que se repiten a lo largo de décadas y en el caso del carnaval como lo encaramos nosotros esa representación se da a través de personajes que van cambiando, porque es un espectáculo. Entonces, cuando encaramos un espectáculo nuevo jugamos a pensar qué personaje queremos ser. Y en ese juego, que es una elaboración, una elección, se te abren un montón de posibilidades sobre lo que podés llegar a decir. En un momento hicimos un espectáculo sobre la normalidad y bueno, éramos todos gente normal, Es decir, el personaje fue toda esa gente normal que en realidad nadie es, por eso es un personaje, porque nadie es normal. Y en este nuevo espectáculo también jugamos un poco con eso porque los personajes son gente que está sola, que hace todo solo, esa especie de bandera del macrismo, de la meritocracia, que se enfrenta a todos los problemas y nadie nunca le dio nada; el emprendedor, van apareciendo reflexiones que en realidad nos damos cuenta que es una construcción imaginaria. Jugamos a hacer esos planteos y a ver qué pasa. Y lo que permite la murga y el carnaval, lo que tomamos del carnaval, esto de los personajes, es plantear situaciones que suelen ser tramposas.

APU: A diferencia de las murgas uruguayas, no tienen una competencia que los apure a cerrar un espectáculo para presentarlo ¿Eso los ha beneficiado o es indistinto?

Ernesto Kofman: Nosotros, en realidad, no tenemos siquiera un cronograma. Eso es lo que por ahí pasa en Uruguay, el tener que presentar un espectáculo nuevo todos los años hace necesario la constitución de un cronograma. Nosotros, a veces terminamos el espectáculo a mitad de junio… lo terminamos cuando lo terminamos… Que todo el año sea carnaval (risas)

MK: Me parece que es eso lo que nos permite a nosotros hacer la murga uruguaya sin la carga el carnaval uruguayo: construir un carnaval cada vez que tocamos, justamente en ese sentido que te decía antes, de representación y de manifestación de un montón de cosas que están dando vueltas en la sociedad y por ahí, utilizando las herramientas que te habilita el arte, uno las puede transformar y devolver a ese público que está atravesado por lo mismo.

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APU: Entremos directamente en el nuevo espectáculo, “Solos y Solas”. ¿Qué es lo que vamos a ver el viernes y sábado en CABA y el lunes en Rosario?

MK: Solos y solas es el espectáculo con el que estamos trabajando desde finales del año pasado y lo estamos estrenando en estas fechas en forma completa, con sus retiradas y cuplés. En él jugamos a ver qué les pasa a estos solos y solas cuando tienen que enfrentar una situación que los atraviesa a todos por igual; por más solitario que estés, si te invitan a una fiesta y te dejan afuera, no sabés si vas a poder entrar y descubrís que es una situación que involucra a muchísima gente, de golpe empieza a ver un denominador común, empieza a constituirse un colectivo. Aunque no te guste, aunque reniegues de esos colectivos, estás afuera y con un montón de gente más que están atravesados por el mismo deseo que vos, por la misma ansiedad. Un poco la gracia es esa.

 

APU: ¿A qué responden los espectáculos de la Cotolengo?

MK: A un clima de época. Cuando nosotros estábamos escribiendo el espectáculo de la normalidad, Binner (Nota: Hermes Binner fue gobernador de la provincia de Santa Fe y buscaba candidatearse para presidente en esos tiempos) sacó un cartel por toda la ciudad que decía “seamos normales”.

EK: “Por un país normal”, era. Y nosotros ya teníamos el espectáculo escrito y ensayado. De hecho, lo estrenamos a la semana y se llamaba “Seamos normales” y nos preguntaban ¡cómo hicieron para escribir tan rápido! (risas)

MK: Bueno, es eso: dar en las preocupaciones del momento.

EK: Pero igual hay algo fundamental. Nosotros, cuando lo escribimos, lo hacemos también con una conciencia de separar lo que es el clima de la eventualidad. Si hacemos un espectáculo de lo que pasó hoy, esta semana, rápidamente nos queda viejo. Por ejemplo, si tuviéramos que sentarnos a escribir hoy, es muy difícil hacerlo porque tenemos encima las elecciones y es complicado reconocer el clima, se puede disparar para cualquier lado.

MK: Para comparar un poco, las murgas en Uruguay tienen mucha más actualidad, más coyuntura porque tienen una práctica de trabajo muy diferente. Se juntan a ensayar a partir de septiembre, en tres meses cierran completamente el espectáculo, ensayan todos los días seis horas y acá nosotros una vez por semana porque todos trabajamos de otra cosa.

EK: Es más, como ensayan seis horas por día, pueden hacerlo sin tener la letra completamente escrita, incluso terminarla mientras está el carnaval, en enero.

APU: Tuve la suerte de estar para el adelanto del “Solos y Solas” y me pareció que habían crecido mucho en lo visual: el uso de pelucas, el vestuario…

MK: La murga cuando empezó era un grupo que practicaba más lo relacionado a la música, pero no tanto a la actuación. Lo primero que hicimos fue empezar a cantar. Si uno lo miraba decía “Ah, bueno, la murga más o menos suena” pero éramos un palo de madera arriba del escenario. Después apareció un grupo de gente que viene del palo del teatro y eso hizo que aprendiéramos a movernos arriba del escenario, a pensar ese espacio.

EK: Aparte eso nos hizo dar cuenta de lo importante que era el registro visual que, los que veníamos de la música o por lo menos yo, no lo registraba. Hay chicos dentro de la murga que se dedican a ese registro. Que el vestuario esté acorde, bueno, una construcción en ese sentido.

 

APU: Algo que llama la atención a quienes vieron sus espectáculos es la poética que tienen sus despedidas en la retirada…

MK: Eso es tradicional de la murga. Siempre guardan para la retirada, para el momento en el que se van, una reflexión, que es más bien metafórica, acerca de lo que estuviste viendo. Una vuelta más poética de eso, tanto en la letra como en la música, como está cargado poéticamente también lo está armónicamente, rítmicamente. Te permite explorar una dimensión que en el resto del espectáculo no entraste, porque pensá que son más o menos 45 minutos de gente cantando y se hace necesario construir climas. No podés estar haciendo 45 minutos de chistes ni 45 bailando; te aburrís vos, no te da el cuerpo y también se aburre la gente. Y la función de la retirada es esa: la del vuelo poético, la del vuelo armónico.