fbpx Jimena Busefi: “Los que escribimos tenemos una especie de tristeza romántica y altiva” | Agencia Paco Urondo | Periodismo militante
Cultura //// 17.05.2020
Jimena Busefi: “Los que escribimos tenemos una especie de tristeza romántica y altiva”

Agencia Paco Urondo conversó con Jimena Busefi, autora de la novelaContra el revés del cielo (2010) y del poemario Filósofa con brushing (2017) y las obras de teatro Ausencias y ¿Qué día es, Azucena?, representadas en Teatro X la Identidad. Por Raúl Haurat. 

Por Raúl Haurat

 

En diálogo con el programa radial “Manual de Perdedores” (FM Zoe 107.1) y Agencia Paco Urondo, la escritora, poeta y profesora en Letras nos contó sobre su fascinación por el universo de Jorge Luis Borges y sus amantes. Los lazos de la vida del escritor con la obra conceptual The Wall, de Pink Floyd. Su viaje imprevisto junto a sus padres a la ciudad de Ginebra en 1986, de Estela Canto y Bioy Casares. Además, hablamos de la obra literaria de Jimena y un libro ya editado, Los viajes que no hice listo para salir, que tuvo que esperar cuando el mundo se detuvo.

Agencia Paco Urondo: Me gustaría comenzar por la vida y obra de Jorge Luis Borges. ¿Cuánto hay de cierto sobre la misma alma que nos fascina con su prosa por momentos esotérica y secreta y el hombre que se enamoraba, que sufría por las mujeres?

Jimena Busefi: Si, se enamoraba ¡Y cómo! Hay un poema “El amenazado” que dice El nombre de una mujer me delata. Me duele una mujer en todo el cuerpo”. Aquí ya es un hombre más grande. Vuelve a estar enamorado, la musa seria su última mujer, María Kodama. Lindísimo ese poema, “Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.” Borges, a diferencia de lo que muchos creen, se enamoraba. Se ha hablado mucho de los amores de Borges, algunos más conocidos, unos más transcendentes, otras mujeres que quedaron de alguna manera en la literatura. En este poema son todas y ninguna.

 

APU: ¿Cuál fue el Borges que sufrió, que amó realmente?

JB: El que encontró el amor más consolidado ya siendo un hombre mayor. Como la fama, aunque ya hacía muchos años era respetado en círculos intelectuales, y escribía, por supuesto. El Borges conferencista, el Borges más conocido es cuando ya es un hombre bastante más grande.

 

APU: Hablando de Borges y las mujeres, me interesa conocer la faceta del Borges rocker y su relación con la música de Pink Floyd.

JB: Mirá, lo que transcendió a partir de los dichos de María Kodama es que él prefería escuchar The Wall (disco editado en 1979) a que le cantaran el feliz cumpleaños. Era fanático de la película. Sabía diálogos de memoria. A mí esto me abrió una nueva dimensión de Borges, que me hizo quererlo mucho más. Me pregunto a veces ¿dónde escucharía el disco? ¿En su departamento de la calle Maipú? También leí, en una biografía, que muchas veces festejaba su cumpleaños en la Biblioteca Nacional cuando todavía era director. Todo el mundo iba a verlo ahí, le llevaba un regalo, no sé, porque desde que leí que le gustaba Pink Floyd, para mi Borges está escuchando The Wall en la Biblioteca Nacional, ese edificio divino de la calle México.

 

El jardín de senderos que se conectan

 

APU: La obra The Wall está atravesada por la contraposición de dos fantasmas: La muerte/ausencia del padre de Roger Waters y el impedimento de relacionarse con mujeres. ¿Crees que hay una conexión entre las obsesiones de Waters y la obra de Borges?

JB: Yo creo que Borges lo captó. Si acordamos que todo relato es autobiográfico, esto lo entendió. Cuando Roger canta “Mother do you think she's dangerous, to me?”, “Madre, ¿crees que es peligrosa? ¿Para mí?” Podríamos pensar que llegamos a un llegamos a un Borges que se enamoró de una mujer que la madre no creyó conveniente. Una mamá que vivió noventa y nueve años. El no atravesó esa muerte. Dicen que llegaba a su casa y volvía a hablar con ella. Iba a su cuarto y le decía “madre, hoy me paso tal cosa” La consultaba también al momento de escribir. La madre era su escriba desde que él quedó ciego, y a veces hasta lo aconsejaba, por ejemplo le dio el final del cuento “La intrusa”.

 

APU: ¿Cómo fue eso?

JB: Leyó todo el relato y se quedó pensando y le dijo a su hijo: “A trabajar, hermano. Después nos ayudarán los caranchos. Hoy la maté.” Era así. Leonor se quedaba rumiando y le dictaba, le escribía, le leía, intervenía en sus textos. Un lazo sagrado, poderoso y kármico.

 

APU: En el marco del encuentro “Palabras por Congreso”, organizado por Karina Rodríguez y Claudio Ramos, te oí dar una exposición sobre Borges y me preguntaba cuándo nació tu entusiasmo por su obra, ¿Recordás el momento que empezaste a leerlo?

JB: Tengo diferentes flashes de conciencia con Borges. Como conté en el encuentro de Borges y (Roberto) Artl, cuando era muy chica localicé de casualidad un poema "El remordimiento" en la biblioteca de mi casa. Lo leí al pasar. Algo me gustó. Algo que no entendí. Supongo que tendrá que ver con la musicalidad, con ese fraseo, cuando un verso está bien escrito, y aunque no lo terminé de entender, tampoco hay porque entenderlo, algo me llegó. La poesía llega. No sé qué edad tendría porque "La moneda de hierro" es de 1976, esto me habrá pasado en el 80.

 

APU: ¿Recordás algún verso?

JB: Si, claro. “He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer. No he sido feliz.”

APU: ¿Qué edad tenías entonces?

JB: Tendría ocho años. Fue como una revelación. Ese verso me generaba algo muy fuerte y después, en el año 1986, con una historia de la que hablo poco. Porque parece un delirio borgeano. El único viaje largo que hice en mi vida fue un traslado a Europa con mis padres. Todo aconteció en un tren que nos llevaba de Madrid a Barcelona y de allí a Ginebra. En realidad, nosotros íbamos a Lucerna, una ciudad de Suiza, donde nos íbamos a quedar unos días, pero tuvimos que parar en Ginebra. Era el 14 de junio de 1986.

 

APU: ¡Increíble!

JB: ¡Sí! Todavía no lo creo. Estoy tratando de rastrear los pasajes. Me encantaría conseguir el ticket de ese tren. Yo no hice muchos más viajes en mi vida. Ese fue mi único desplazamiento importante. La historia es así. Es real y fantástica. Muy borgeana. Me enteré a la noche que había muerto Borges. Para mí era “ese del poema que estaba en el libro de casa”. Para mi padre, escritor y dramaturgo, era Jorge Luis Borges. “¡Pero si esta mañana estuvimos en Ginebra!” me dije, y ahí hubo toda una reedición de la situación. Ese escenario, que es la ciudad vieja en Ginebra, la calesita que está en el casco histórico de la ciudad que vimos desde el tren, y Borges que residía por allí. Eso me quedó toda la vida. Recuerdo, también, que estábamos atravesados por el Mundial en México y por los goles épicos de Maradona. Poder celebrar eso, pero ¿dónde si estábamos lejos, donde había argentinos para celebrar cada vez que hay un partido importante?

 

APU: ¿La ciudad de Ginebra, donde muere Borges, era unos de los destinos o fue casual estar allí justo ese día?

JB: No, andábamos de paso. Íbamos a Lucerna (Suiza) un día más y no estábamos en Ginebra el 14 de junio. Fue la mañana que moría Borges la que estuvimos allí. Siento que ahí nació una historia que escribí en algunas crónicas para una revista que colaboro, o traté de contarla. Hace poco, una persona conocida me dijo “no la cuentes más”.

 

APU: ¿Por qué?

JB: Por esto que tiene de increíble. Parece una chantada. Es como decir “estaba en Rusia cuando murió Dostoyevski o estaba en París cuando murió Oscar Wilde” y no. Después todo esto desaparece de mi vida. Yo no era una intelectual en mi adolescencia. Leía. En casa había una colección poética, musical, artística, pero no estaba leyendo todo el día. Más tarde, con veinte y tantos años, un invierno crudo que pasé viviendo en La Boca, con los domingos de partidos, ese caos, y el fresco que hacía en esa casa, con frío en el alma, empecé a leerlo desde otro lugar, y ahí descubrí algunos cuentos. Allí comenzó el “universo Borges” en serio.

 

APU: Inició en un lugar hostil. ¿Hay muchos Borges?

JB: Sí, está el poeta, el narrador, el joven que vivía en Ginebra, el caminante porteño, el profesor. El Borges que veía, tenía un control sobre lo que escribía, hasta la década del cuarenta donde para muchos logra la perfección, y por otro lado el Borges que dictó ya ciego El libro de arena (publicado en 1975), por ejemplo.

 

APU: ¿Cuál es tu libro favorito de cuentos de Borges?

JB: El libro de cuentos que tengo más a mano de cuentos es El Aleph (publicado en 1949). Ficciones (publicado en 1944) es maravilloso. Hay quien dice que es superior, pero para mí es El Aleph. El que leo y releo. Lo habré leído más de cien veces en mi vida, es inagotable y mágico.

 

APU: A Borges lo influenció la literatura gauchesca y la Biblia. Atraviesa las culturas. ¿Crees que allí reside una de sus genialidades?

JB: Sí, totalmente. Borges puede confluir en un poema, el universo, el misticismo, la cultura islámica y el arrabal.

Estela Canto

 

APU: Publicaste en 2010 la novela Contra el revés del cielo y Filósofa con brushing (Peces de Ciudad) en 2017. ¿En qué estás trabajando ahora?

JB:  Ante todo estoy preparando la presentación de Los viajes que no hice y difundiéndolo con audio poemas, lecturas, un vivo de instagram que haré pronto; también trabajando con el escritor, poeta y periodista Camilo Sánchez. Escribí una crónica para la revista Tren insomne que se llama “Agosto del 44”, que allí está nuestro querido Jorge Luis. Ese agosto en que París vio avanzar las tropas de los Aliados y fue liberada el 26. Unos días antes, en la casa de Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo, Borges conoce a una escritora joven, que frecuentaba aquel centro de intelectualidad, que era la casa de Silvina y de Bioy. Era una militante de izquierda, por eso en la relación que establecí antes con la canción de Floyd “Mother do you think she's dangerous, to me?” La última mujer que Leonor Acevedo Suárez, madre de Borges, hubiese querido que entrara a su casa. Borges se enamoró de ella. Se llamaba Estela Canto.

 

APU: ¿Cómo surge la idea del cuento y quién fue Estela Canto?

JB: Mirá, lo escribí en un momento en que buscaba las sombras de los que habían sido, las oscureces y los fantasmas de Borges y Estela Canto. Estela era una mujer simpatizante  del partido comunista. Una mujer que fumaba, que salía con hombres y se permitía aventuras fugaces, y lo decía. Escribía, una escritora que está un poco olvidada, que obtuvo premios literarios importantes. Se conocen con Borges y ni se miran, según dice ella en su biografía Borges a contraluz (1989, Editorial Austral). Ellos se conocen en estos días previos a la liberación de Paris, hablaban un poco de la guerra en Europa y por otro lado en la Argentina se empieza a escuchar en las radios la voz del Coronel Juan Domingo Perón, un nuevo personaje de la política nacional, “empezaba a tronar en las radios” decía Estela Canto, “un nuevo fascismo un poco más progresista”, ella lo decía así. Primero se enamora él, ella era un poco más huidiza. Borges estaba en un estado platónico, poseído por los dioses. Según ella, y así lo señaló en el libro, muchas veces se besaron y abrazaron aunque no fueron más allá. La sobreprotección de su madre, Leonor Acevedo, es para muchos la causa de sus fracasos amorosos. Repasaba la idea de Borges oyendo a Floyd y entiendo que la conexión de Pink, el personaje de The Wall, y su madre por un lado, y la relación de Borges y Leonor, por otro, es innegable. Pero esto no deja de ser una posible lectura, ya que hoy hablamos de él y la música.

 

APU: ¿Además de Estela Canto y María Kodama hubo otras mujeres en la vida amorosa de Borges?

JB: Su primera novia fue Concepción Guerrero, se conoce poco de ella. Me pregunté varias veces ¿qué poema le habrá dedicado? En una poesía que se llama "Amorosa anticipación", Borges escribe: “Ni la intimidad de tu frente clara como una fiesta, ni la costumbre de tu cuerpo, aún misterioso y tácito y de niña...” Le habla a una niña, “Virgen milagrosamente otra vez por la virtud absolutoria del sueño”, ese verso siempre me pareció tan lindo. Y después hubo muchas otras, mujeres casadas, paquetas y pacatas, de las que él se enamoraba, y con lo que sufría muchísimo.

 

APU: Por otro lado, su amigo Bioy era un bon vivant. El hombre que podía enamorar a todas las mujeres.

JB: ¡Claro! Hace poco, alguien que sabe muchísimo de la obra de Borges, me recomendó el libro «Borges por Bioy» (Ediciones Destino). Dicen que es una clase magistral de literatura argentina. Lee esa biografía, creo que ya no se consigue. Cuenta Bioy que opinaba Borges sobre el Fausto de Goethe, "¿No te parece que es el mayor bluff de la literatura?”, o Bioy anota que varias veces Borges demuestra "su puritana antipatía por el tema del amor".

Obra en cuarentena

 

APU: Tenias fecha para la presentación de un nuevo libro. ¿Podés contarnos de qué se trata?

JB: Mirá, subida a la ola que fue Filósofa con Brushing, un libro que tuvo premios, que llegó a la Feria Internacional de Frankfurt, de Bogotá, a la Feria de Buenos Aires, que fue seleccionada por el Fondo Nacional de las Artes, tuvo un tercer premio en la Legislatura Porteña, y sobre todo que me permitió conocer gente muy linda, quise seguir trabajando con Mariana Kruk, que fue mi editora. Ella estaba al frente de la editorial Peces de ciudad. Comencé un taller virtual con Mariana, ella dice que estoy muy cerca de la narrativa en verso, que siempre hay una pequeña historia en mis poemas, y que daban para más. Empecé a escribir poemas, te diría siempre de amor. Cuando ya estaba armado como libro con Mariana Kruk ya al frente de otra editorial, Halley Ediciones, me dijo “te editaría aunque creo que estás para un gran concurso” y bueno, otra vez, la Legislatura Porteña convocó para poesía en 2019 y presenté mi material, con mucho deseo de ser primer premio. Algo que nunca fui, excepto en cuento. En poesía siempre había tenido menciones. Lo envié con el seudónimo de Estela Canto (risas), lo puedo decir. Increíblemente me dieron la noticia que era el primer premio de poesía, por La que fuma en la oscuridad. Y luego, trabajando de manera global, Oscar Conde que fue mi maestro de latín, de griego, de gramática, poeta, ensayista, leyó todo La que fuma en la oscuridad, los diecinueve poemas ganadores más otros que no estaban en el libro y nos dimos cuenta que el gran deseo, que el gran motor de todos esos poemas eran los viajes.

 

APU: ¡Como en 1986!

JB: ¡Claro! Había un anhelo de viajar. Había una evocación de un viaje y el amor era un viaje. El amor era uno de los viajes no hechos o hecho a medias. También la maternidad. Entonces Oscar (Conde) me dice “el título es los viajes que no hice”. Al releerlo, ese poema fue el que se impuso con el título.

 

APU: ¿Cómo está compuesto el libro?

JB: Está compuesto por dos partes: “La que fuma en la oscuridad”, poemas premiados por la Legislatura, y “Corazón o péndulo” que hay como una continuación de esta historia de amor que quise escribir y estos viajes que no hice. Lo edité con Halley Ediciones, el libro ya estaba hecho, con el arte de tapa de la artista plástica Kuki Bensky. Hasta que el mundo se detiene, y el libro queda en una caja, en una imprenta, donde todavía está, y algún día se presentará. Así que los viajes que no hice están esperando su momento, pero están.

 

APU: Mientras esperamos que se realicen estos viajes y su presentación. Dos preguntas en una para terminar, ¿qué estás haciendo hoy relacionado a la literatura y por qué escribís?

JB: Vamos a ver cuando se reanude la vida, y podamos volver a nuestros viajes metafóricos o reales - comenta Jimena mientras suspira, se ríe y continúa - por lo pronto lo que hice bastante en este tiempo son audio poemas. Algunos fueron difundidos por la Dirección de Escuelas de la Provincia de Buenos Aires, a partir del proyecto “Los docentes leen” y también les puse la voz a unas crónicas de cuarentena que salen en la Revista Literaria Pandora, una revista digital. ¿Por qué escribo? Para mostrar mi percepción del mundo. Tengo mi propia corriente estética en la que conviven la frivolidad y el dolor, Borges, Arlt, el jazz, Los Redondos, Eva Perón y Grace Kelly, los arrabales y el cine clásico. Necesito encauzar todo eso que da vueltas por mi cabeza: recuerdos, sueños, percepciones. Además, sonará a cliché, pero los que escribimos tenemos cierto rasgo de incomprendidos, una especie de tristeza romántica y altiva que sólo puede curarse a través de la palabra.