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Cultura //// 19.01.2020
Jardín de padres

Como una hija espiritual de tantas parodias nacidas del amor por los rasgos ridículos de nuestros conocidos, la obra expone un aspecto de la clase media que muestra y deconstruye las motivaciones que hay en la elección de una escuela como espacio para el desarrollo de nuestros hijos. Por Elías Alejandro Fernández.

Foto: Campe

Por Elías Alejandro Fernández

 

 

La Sala Roja, comedia dramática de Victoria Hladilo, llega a la calle Corrientes tras siete años de exhibirse a sala llena a fuerza de boca en boca. Hladilo dirige, escribe y actúa un retrato de la paternidad primeriza tan filoso y próximo que fue presentado en España y versionado en Brasil, Panamá y Paraguay. También fue seleccionada dos veces en el Festival de Teatro de Rafaela y formó parte del Catálogo INT de espectáculos nacionales.

Un grupo de padres y madres se reúnen en la salita del jardín arancelado al que van sus hijos. María Inés, la maestra asistente de la directora del instituto, los convoca a realizar una serie de actividades para cohesionar al grupo y reflexionar sobre la identidad de los niños. Pero Martín (el padre “copado”), Verónica (la madre neohippie), Sandra (la estructurada y avasallante madre que busca liderar el grupo) y la tradicional pareja de clase media compuesta por Diego y Gabriela tienen otras prioridades en mente.

Entre canciones y collages, empiezan a darse las pujas por cuestiones más adultas: El acto se hace con actuación de los chicos. Quién es la nueva. Los chicos acompañan a los adultos a la salita durante la entrada. Por qué no se habló de eso en el grupo de whatsapp. Se van a designar parejas para entregarse el regalo de fin de año. Se vota por familias. Se vota por padres presentes. El acto se hace sin que los chicos actúen. Cada chico elige a quien darle su regalo. Cada padre tiene sus prioridades. O sus caprichos. Y sobre todo sus neurosis.

Los tonos suaves, las voces cantarinas, las sonrisas forzadas van tironeando de un ambiente cada vez más pesado, con situaciones que el libreto lleva adelante con una gracia y habilidad deliciosa de ver y muy necesaria para una obra de estas características. El cansancio hará que los personajes vayan revelando lo que hay atrás de las voces, las sonrisas y los tonos suaves. Incluso detrás del interés por sus hijos. Cuando una tensión explota en el escenario, el público festeja. La sala estalla de vítores y aplausos porque alguien que conocemos está en las tablas. Alguien de quien hablamos por lo bajo y de quien pensamos exactamente lo que acabamos de ver.

La vida de Diego, Gabriela, Martín, Sandra, Verónica y María Inés tranquilamente podría continuar fuera de los tablones. Esto no es solo mérito del excelente rejunte de situaciones que alguna vez tratamos, sino también de las increíbles actuaciones que nos llevan fascinados de principio a fin en una obra a la que no le sobra ni le falta nada, con un entusiasmo en la puesta que se contagia.

“La sala roja expone mi necesidad de rebelarme antes las instituciones que hoy me delimitan: la familia y la escuela”, dice la autora. “Ese espacio en el que al volver de adulta, yo que me creía libre y rebelde, me vi atada a una institución, sometida a una autoridad, obligada a socializar en un determinado espacio y con determinadas personas, sumida en la competencia y la exigencia”. Como un hijo espiritual de tantas parodias nacidas del amor por los rasgos ridículos de nuestros conocidos, la obra expone un aspecto de la clase media que muestra y deconstruye las motivaciones que hay en la elección de una escuela como espacio para el desarrollo de nuestros hijos.

La sala roja quizá no sea un reflejo de lo que somos, sino de lo que vemos. Hladilo parece haber encontrado una seguidilla de chistes internos muy entrañables en el imaginario argentino.

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La Sala Roja

Se representa los viernes 17 y 24 de enero y todos los viernes  de febrero en el teatro Metropolitan Sura (Corrientes 1343)

Dramaturgia y dirección: Victoria Hladilo

Elenco: Victoria Hladilo, Manuel Vignau, Julieta Petruchi, Carolina Marcovsky, Axel Joswig, Catalina Augé

Diseño de escenografía e iluminación: Susana Berrio

Sonido: Ignacio Viano

Voz en off: Antonio Abadi Hladilo

Realización de escenografía: Manuel Escudero

Supervisión dramatúrgica: Joaquín Bonet

Colaboración artística: Victoria Marroquín, Mercedes Quionteros, Cinthia Guerra

Asistentes de dirección: Julieta Dallabella y Natalia Rodríguez.