Cultura //// 12.05.2019
Horas, días, meses, años. El tiempo y sus múltiples maneras de medirlo

En su nuevo libro, "30 de Febrero", el físico y cineasta francés Olivier Marchon trae una serie de curiosidades relativas a la medición del tiempo. Reseña literaria, por Gito Minore.

Por Gito Minore

 

Desde épocas inmemoriales el ser humano tuvo entre sus afanes medir el tiempo. Dividirlo en porciones iguales, agrupar esas fracciones en unidades manipulables y fáciles de contabilizar, organizarlo. Vale decir: controlarlo, tenerlo bajo su dominio.

Los beneficios, claro está, son innumerables: aprovechar mejor el trabajo, explotar al máximo los dones de la naturaleza, doblegarla a su gusto y antojo, y sobre todo: adueñarse de una cierta ilusión de poder.

Sin embargo, ¿existe algo más evanescente que el tiempo? ¿Algo más ingobernable?

Del modo que sea, la humanidad se ha propuesto darle un orden, un sentido y una finalidad también, a semejante devenir.

El físico francés Olivier Marchon ofrece en 30 de Febrero, su primera obra traducida al castellano, una historia de la medición del tiempo, desde la implantación del calendario juliano hasta nuestro actual reloj atómico operacional. Historia no exenta de codicias, negociados y guerras que fueron escalando el progreso de nuestra especie, que el autor lleva adelante trayendo a cuento una serie de anécdotas entre las que se destacan, la del año que tuvo un día 30 de febrero, en 1712 en Suecia, o la desastrosa imposición de una semana de solo cinco días en la URSS de la década del 30.

A lo largo de 150 páginas, en un estilo amable, propio de la divulgación científica, el libro repasa los distintos sistemas de medición, de fijar un punto de partida, de ordenar el tiempo, con los que se las vio la humanidad. El paso del calendario juliano al gregoriano; los múltiples trastornos que trajo aparejado la implementación de un sistema de medición común; la fijación del meridiano de Greenwich como grado cero para referenciar el resto de las horas de los países; y aún los diferentes días que fueron considerados “fin del mundo”.

Sin embargo, toda esta información no se limita a ser una colección de datos y hechos históricos, acaecidos de manera ingenua en el mundo, sino que expone a su vez, la cara oculta de toda esta trama, la cual no es ni más ni menos que una ambición de poder indisimulable. Ambición que no termina siendo del todo satisfecha, ya que como el propio autor afirma: “nombrar el tiempo, contarlo, brinda la ilusión de que lo controlamos, y permite tal vez ahorrarnos la pregunta angustiante de su esencia”.

Esta esencia, en definitiva, quedará como un enigma a resolver, como una pregunta motora para la especulación filosófica. Pero sus diferentes formas de medirlo, y los deseos que los han impulsado, quedan grabados en este título fascinante publicado por el sello Ediciones Godot.