Cultura //// 11.04.2011
Homenaje a Cooke: Horacio González y Hernán Brienza

 
Capital Federal (Agencia Paco Urondo, por Juan Ciucci) Casi al cierre de la muestra Homenaje al pensamiento y al compromiso nacional le llegó el turno a John William Cooke. Se organizó una charla, en la que disertarían el director de la Biblioteca Nacional (entre tantas cosas que podríamos decir de él, elegimos este presente militante) Horacio González, y el periodista e historiador Hernán Brienza. Tarea ardua la de homenajear al Bebe, no por la justicia que merece el homenaje sino por su formidable vida revolucionaria.
 

Brienza se encargó de contarnos al hombre, en un recorrido por sus pensamientos y acciones. Y seguirlo a Cooke siempre es difícil, porque nos enfrenta a la historia y al presente con todas sus complejidades expuestas. Las tramas de nuestra realidad aparecen en el quehacer de este argentino que fue diputado del primer peronismo, que se retiro a una trinchera de apoyo critico durante el segundo gobierno peronista, que peleo revolver en mano en la Plaza de Mayo del ´55, que armó e incentivó la resistencia, que peleo en Playa Girón para defender a la revolución de sus queridos Castro y Guevara. Pero que también interpeló como nadie a Perón, y estructuró un pensamiento y un proyecto para y con el peronismo que aún perdura por su ambición y necesidad histórica de consecución.
Brienza lo homenajeó como “el último Sancho Panza”, por el arrojo de exigirle a su Quijote que no termine claudicando de sus verdades ante la muerte . Que con su compañía obligaba a aquel otro a proseguir, a profundizar, a batallar. La heroicidad de sostener la coherencia, pero también de ver en esa realidad construida una promesa de superación histórica. En su exposición se encargo de historiarlo, explicando procesos y sucesos que lo llevaron por distintas ideas y destinos. De la lectura de Cooke del peronismo como la mayor toma de conciencia de la clase obrera en la Argentina, Brienza encuentra el corazón del pensamiento cookista: “no se puede ir más allá del realismo político desde donde se debe analizar la historia. No se puede pedir más de lo que el pueblo esta dispuesto a dar”. (En esto disentimos: creemos que Cooke lo que hace es marcar una base desde donde partir, de esta realidad que estamos viviendo. No para pedir menos, sino para saber desde donde partir). Y entre disculpas que fue pidiendo por aseveraciones que podían molestar a algunos ortodoxos; se despidió con la duda sembrada de qué hubiese pasado si Cooke no hubiese muerto, tan joven en ese temprano 1968.
González acometió al auditorio (de quien recibió una estruendosa ovación) con una exposición de múltiples pensamientos. No es sencillo seguirlo a Horacio, siempre nos obliga a estar atentos y dispuestos al largo río de las asociaciones. Esta vez decidió comenzar el recorrido por el Cooke escritor de cartas. Se internó en el epistolario que mantuvo con Perón, un intercambio desde el cual podemos pensar toda nuestra historia. Las disputas que sostuvieron, los planes generales que van esbozando, las citas que deciden arrojarse el uno al otro, los centros de pensamiento desde donde se erigen; fueron sólo algunas de las líneas trazadas a partir de ese cuantioso patrimonio nacional que son esas cartas intercambiadas. Que le permitieron razonar sobre las diversas implicancias de esa apuesta a la palabra en forma de epístolas: no sólo los correos entre ambos, sino sobre todo aquella famosa carta en la que Perón dice “Su decisión será mi decisión, su palabra, mi palabra”. Darle la palabra, un gesto que González apunta como fundamental, trascendente. Nuestra palabra cedida a un otro que la utilizará, que dirá aquello que podríamos decir. Es quizás el legado en vida más importante que partiera de Perón. Y que complejiza nuestra lectura de esa relación tajante y conflictiva, ambigua entre dos maneras de entender la política y la argentinidad. Y que lo lleva a particularizar esta relación por encima de las otras presentes en la muestra, por la profundidad de lo tratado y lo amplio de sus acciones.
Se hizo un tiempo para analizar las lecturas de Cooke en los primeros ´60, lecturas modernas y anticipadas en la Argentina, aun a los sectores de izquierda clásicos: Lukacs, los manuscritos económicos y filosóficos de Marx, Sartre. Una mirada sobre el militante político en formación constante, con una capacidad de investigación y aplicación de teorías y conceptos que le permitieron analizar con profundidad la realidad. Y todo esto en relación con los surcos profundos que transita nuestra historia, sin ahogarse en “la chiquitografía de los diarios”. La Historia que va transcurriendo a la par que nuestra existencia. Cooke como un ser conflictivo, que nos obliga a repensar nuestras categorías, por la incapacidad que tienen de abarcarlo. (Agencia Paco Urondo)