fbpx Galasso (II): "Pasaremos malos momentos pero ganaremos en octubre"
Cultura //// 03.08.2011
Galasso (II): "Pasaremos malos momentos pero ganaremos en octubre"

Segunda parte de la entrevista extensiva que IP le realizó al intelectual militante Norberto Galasso.

 

¿Se puede establecer un vínculo entre las ideas de la izquierda nacional con el proyecto nacional y popular?
La izquierda nacional nace entre septiembre y octubre del ´45 con un pequeño grupo que de la izquierda que se llamó “Frente Obrero” y que entendió que se estaba frente a un movimiento nacional, popular, como otros que se habían producido en América Latina, como fue la Revolución Mexicana. Y como también había sido FORJA, que no había llegado al gobierno. La estrategia que tiene este pequeño grupo es actuar al lado del movimiento nacional y no a su interior por dos cuestiones: por un lado por la verticalidad que caracterizaría al gobierno de Perón y, por otro lado, porque el movimiento policlasista hace muy difícil toda postura crítica. Se trataba de fijar una posición muy clara de apoyo y al mismo tiempo de independencia para poder formular propuestas y profundizar el proceso.
En este sentido, Pino Solanas perdió la oportunidad de representar esa vertiente. Reconocido mediáticamente, viniendo del peronismo de izquierda, y teniendo la simpatía de figuras como Alcira Argumedo, Félix Herrero, entre otros, no lo supo aprovechar. En mi caso, mantuve una polémica con ellos porque tenían la posibilidad que no teníamos nosotros desde el Centro Cultural Enrique Santos Discépolo. Desde allí insistíamos en la necesidad de ponerse al lado del Gobierno, a la izquierda, de manera independiente. Se trataba de entender que no es posible pedirle a un gobierno que está reconstruyendo al país que nacionalice de un día para el otro YPF o las mineras que están en San Juan o Catamarca. Desde nuestro humilde espacio, entendemos que el gobierno debe fortalecerse, construyendo poder popular. Si bien lo ha logrado simpatía popular, en lo que respecta a la construcción para abajo sigue habiendo déficits. Nuestro aporte consiste en la elaboración de un periódico, en la realización de conferencias, en recorrer el Conurbano apoyando todo lo positivo del gobierno. Lo hacemos desde una posición en la que, si separamos el país en kirchneristas y no kirchheristas, estamos con el kirchnerismo y si lo separamos ideológicamente, seguimos considerándonos como hombres y mujeres de la izquierda nacional que están al lado del movimiento nacional.
¿Cree que hay otros espacios que puedan asumir este rol?
Sí, es el caso de Nuevo Encuentro, la construcción que lidera Martín Sabbatella. Ese espacio ha tomado una posición de ese tipo. Lo que sucede es que su composición no se sustenta en los sectores obreros. Está basada en una muy buena gestión que realizada en Morón y en militantes de diversos partidos que confluyen en ese espacio. Su déficit a superar es la falta de sostén en los sectores populares.
¿Cómo evalúa el impulso al UNASUR por parte de presidentes como Néstor y Cristina Kirchner, Lula Da Silva, Rafael Correa y Hugo Chávez?
Hago una confesión. Cuando hace 30 años hablábamos de una mirada de América Latina basándonos en San Martín, Bolívar, Monteagudo, Moreno, Felipe Varela, es decir, en la verdadera historia, era casi una expresión de deseos. Jauretche tenía una posición bastante inclinada hacia la Unión Latinoamericana y Scalabrini Ortiz pensaba que Buenos Aires debía ser la capital de la Confederación Latinoamericana. Sin embargo, debo decir que yo jamás supuse que iba a ser un espectador de la creación de la UNASUR. No imaginé que iban a aparecer movimientos populares nacionales con distintos ritmos de profundidad y con distintos perfiles. Por supuesto, no es lo mismo Hugo Chávez que José “Pepe” Mujica, ni Evo Morales que Lula de Silva. Lo importante es que los pueblos están cada vez más concientes de que es posible resolver los problemas a partir de la UNASUR, defendiendo la soberanía, complementando las economías, creando un Banco del Sur y articulando en materia energética. Esto se está dando en un momento en que, mientras Europa y EE.UU. están viviendo situaciones de crisis y gran desocupación, América latina tiene un crecimiento importante. Se está avanzando hacia lo que Martí proponía cuando decía “unámonos para que el vecino del norte nos respete”. Eso se ha producido históricamente, casi vertiginosamente, entre 1999 -que es el momento en que Chávez llega al poder y habla de “República Bolivariana de Venezuela”- y la creación, en 2008, de la UNASUR.
¿Qué vínculos encuentra con el proyecto de San Martín y Bolívar y cuáles son las deudas?
La conformación de la “Patria Grande”, es lo que Simón Bolívar intentó en 1826, en el Congreso de Panamá. No lo pudo lograr. Tuvo sus dificultades, particularmente por haber contado con un presidente traidor, que fue Santander. También podemos encontrar rastros en la generación de 1880. Eduardo Wilde decía que “América del Sur debe ser un solo país” y Carlos Pellegrini, por su parte, decía que “si seguimos así nosotros vamos a ser la granja e Inglaterra va a ser el taller”. Ha estado latente a través de toda nuestra historia. También en Yrigoyen, cuando convocó un congreso de países latinoamericanos; Perón cuando intenta el ABC (Argentina, Brasil y Chile) que se frustra con el suicidio de Vargas mientras los medios lo acosaban. A través de toda nuestra historia estas ideas han estado latentes. Y como contrapartida a todo este esquema, tenemos las ideas de los sectores vinculados a intereses externos, que han forjado actitudes racistas en algunos sectores de la población: ideas antibolivianas o antiparaguayas, por ejemplo. Encontramos expresiones como la de Anchorena, en 1816: “la gente de color chocolate”.
Volviendo a los desafíos hacia la industrialización, ¿avizora la posibilidad de una articulación entre América Latina en cuanto a un proyecto de industrialización común?
Sí. El proyecto del Banco del Sur es vital, aunque ha tenido bastantes dificultades para constituirse. Podría convertirse en un lugar de complementación entre los países agropecuarios y los países mineros. Eso va a favorecer la industrialización. Por otra parte, se debe estudiar como se llevará a cabo y el Estado tendrá que jugar un papel activo muy importante. Nos encontramos ante un escenario en el que hay países donde prácticamente no existen las burguesías nacionales como parte del desarrollo de sus capitalismos locales. Algunos fenómenos que se han dado en Argentina, como el de las fábricas recuperadas, las cooperativas, han sido muy positivos. Hay que promover estas iniciativas. Deben ser acciones en el sentido más progresivo porque no se trata de que los países sean independientes y ricos, y su gente sea pobre. Es vital que se produzca el ascenso de la igualdad social.
¿Cuáles considera que son las principales características que asumen los gobiernos populistas de América Latina y cuales son sus desafíos?
Los movimientos llamados populistas surgen porque la izquierda pretendió entenderlos con el catecismo clásico de Marx y Engels que venía de Europa, donde ese fenómeno no se daba. Aquí se daba una presencia imperialista, británica especialmente en América del Sur, y estadounidense en América Central. Frente a ese escenario, no sólo hay confluencia de los trabajadores, sino que también de estudiantes, campesinos y el pequeño profesional. Es así que se forman movimientos amplios, más amplios que los movimientos de clase. Estos movimientos policlasistas son muy fuertes pero también su propia heterogeneidad interna que debe ser entendida. Lo vimos en el peronismo cuando llega al extremo de dirimir a balazos las diferencias antagónicas en el 73. El problema consiste en que este tipo de movimientos nacionales y populares, generalmente son inorgánicos. Es más fácil armar un partido de clase obrera en Europa que armar un partido nacional y popular; más aún: no son partidos sino “movimientos”. Como diría Jauretche, “en todos los movimientos tenemos cumbres, que son los líderes, pero también tenemos abismos, que son los oportunistas”. El decía que es como el río que baja de la montaña, trae barro y oro. Entonces aparecen los oportunistas y, entonces, por ejemplo, uno se encuentra en actos kirchneristas con personas que uno sabe que fueron menemistas. Es la dificultad de los movimientos muy amplios. Además, la otra dificultad es que se necesitan líderes, que es algo que actualmente nos ocurre a nosotros en función del 2015. Si no podemos modificar la Constitución, Cristina no puede ser reelecta. ¿Quién va a liderar la continuidad de este proyecto? No lo vemos. Son fenómenos propios de países dependientes que enfrentan a grandes corporaciones mediáticas, a grandes capitales externos y a poderosas embajadas extranjeras. Por otra parte, también hay una ambigüedad ideológica. Por eso los universitarios descalificaban la palabra populismo hasta que llegó Ernesto Laclau. Como es una figura importante, le dio un sentido progresivo al término “populismo” que ahora tiene mayor aceptación.
¿Qué rol juegan los intelectuales de izquierda y hacia dónde se debe orientar el pensamiento nacional?
En la Argentina, un fenómeno muy importante respecto de los intelectuales es el espacio de Carta Abierta. No se había dado en el gobierno de Perón. Tampoco se ha dado, en general, en los movimientos populares. Posiblemente sí se exprese en el caso de Bolivia, porque el vicepresidente es un intelectual importante. Generalmente la intelectualidad, que lee bibliotecas traducidas del extranjero, no ha entendido los fenómenos nacionales y populares de liberación.
El problema fue que los intelectuales de izquierda han sido fieles en cuanto a levantar las banderas de Marx, Engels y Trotsky. Pero no han hecho lo que Marx, Engels y Trotsky señalaron, que era que el punto de partida para hacer una revolución: criticar el discurso de la clase dominante. Entonces esa izquierda aceptó la historia mitrista, aceptó la economía liberal, los socialistas fueron libre-importadores y aceptaron la geografía exótica. Si bien Jauretche decía que se había subido por la derecha y estaba bajando por la izquierda, él, que venía del radicalismo, hizo -junto con Hernández Arregui, Puiggrós y Ramos- una crítica implacable al discurso de la clase dominante. Ese es el punto de partida que tiene que tener un intelectual en países como el nuestro. La clase dominante de la que Mitre y Rivadavia fueron sus principales héroes es la que defendió la política pro británica, de libre exportación, de bancos extranjeros.
En este sentido, desde nuestro Centro Cultural estamos asistiendo a un fenómeno nuevo. Elaboramos un diario para las escuelas de la Provincia de Buenos Aires con una historia nacional y popular. Incluso hemos realizado un curso para los futuros diplomáticos explicándoles quien fue Scalabrini Ortiz, Ugarte, Jauretche, etc. Se están dando avances en ese terreno. Estamos teniendo seminarios en las universidades, donde los que piensan como yo no tuvieron acceso durante mucho tiempo. Eso es fundamental. Se debe criticar el discurso del enemigo, no permitir que la derecha juegue a la desideologización y, también, discutir las ideas a-políticas. Macri muestra todo como una cuestión de gestión. Esa es una ideología de derecha bajo la máscara de la no-ideología.
¿Cómo analiza el kirchnerismo en relación al peronismo?
Hay una polémica entre kirchneristas y peronistas, a partir de las siguientes preguntas: ¿El peronismo continúa en el kirchnerismo? ¿El kirchnerismo es lo mejor del peronismo que ha resurgido después de la debacle del menemismo? ¿O el kirchnerismo tiene perfiles propios y entonces sería un tercer movimiento histórico? Esa polémica no está saldada. Va a clarificarse si logramos profundizar el proceso. El kirchnerismo necesariamente toma las ideas de Perón y Eva pero tienen perfiles distintos. Se le quiere adjudicar autoritarismo y es un gobierno que no reprime y que ha levantado la bandera de los derechos humanos como elemento fundamental. Hay algunas cosas que son completamente distintas a las que ocurrieron entre 1945 y 1955. Es una polémica abierta.
¿Cómo visualiza el escenario electoral a nivel nacional?
Más allá de algunos malos ratos que pasaremos, vamos a tener unas buenas primarias y una gran elección nacional en octubre. Creo que la Presidenta va a ser reelegida y de una manera muy contundente. Eso le va a permitir una presencia favorable en la Cámara Legislativa que contribuirá a generar esa profundización del modelo que asegurará la permanencia del kirchnerismo. Manuel Ugarte decía que no hay nada peor que una revolución a medias, porque cuando uno empieza a hacer transformaciones, el enemigo inmediatamente se pone en sobreaviso, urde conspiraciones, arma partidos, compra diarios, y si uno se estanca es peligroso. (Agencia Paco Urondo, publicado en Iniciativa popular, por Telémaco Subijana y Vicente Russo)