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Cultura //// 27.05.2016
Festival AcercArte: la “cultura” unitaria macrista

El pasado fin de semana, Bahía Blanca fue la sede del evento cultural organizado por el gobierno bonaerense. El macrismo repite en tiempos de ajuste brutal las erogaciones que antes criticó. El concepto es que la “cultura” llega desde la Capital. Quejas de los vecinos y de los artistas locales, ignorados en la convocatoria.

Por Diego Kenis
La plaza Rivadavia es el epicentro de Bahía Blanca, una ciudad cuadriculada. En un costado, la Catedral y el viejo edificio de La Nueva Provincia. En el otro, el Municipio ahora gobernado por el macrismo, en alianza con un sector del radicalismo. Preside la ensalada Héctor Gay, por treinta años el editorialista radial de Vicente Massot en su LU2. Desde la mañana del miércoles 25, famoso por sus discursos en que actualiza teorías de enemigos internos y subversión.
Así rodeada, la vieja plaza estuvo conmovida el pasado fin de semana: a ella llegó el festival AcercArte, una ostentosa iniciativa del gobierno bonaerense, encabezado por María Eugenia Vidal, que ya ha tenido presentaciones en Campana y Tandil y las tendrá pronto en Lanús, Olavarría y 9 de Julio. Supone recitales al aire libre, la disposición de una biblioteca y otros espectáculos y actividades. Nada a lo que alguien pudiera, en principio, oponerse. Por mucho que una de las críticas más feroces al kirchnerismo haya sido esa, con la correspondiente demonización a los artistas que participaban de los festivales.
Pero la plaza tiene su memoria, que no necesita ser demasiado larga: hace poco más de un mes, el 11 de abril, la ciudad celebró su aniversario con una plaza completamente vallada y rodeada de policías del cuerpo antidisturbios, que llegaron a lanzar gases lacrimógenos. Una postal que no se había visto nunca antes. Fuera de la Rivadavia quedaron no sólo los manifestantes que querían protestar ante Vidal por el ajuste, sino también los vecinos que tienen por costumbre asistir a cada acto recordatorio a apreciar las presentaciones folklóricas e incluso aquellos que debían realizar alguna consulta imprevista a un médico.
 
Hay que pasar el invierno
- Está todo muerto, no se vende nada. No hay plata- dice un comerciante cercano a la plaza, el viernes previo al festival.
El cuadro de la noche bahiense recién caída parece darle la razón. El tránsito está calmo. Los comercios apuran el cierre. Hasta el diario La Nueva Provincia debe reconocer la merma en el movimiento comercial. Frente a ello, el intendente Gay ha profetizado que una “oleada de inversiones” se derramará próximamente sobre la ciudad.
Nadie recibió con gran expectativa el anuncio, porque se trata del mismo jefe comunal que, durante la campaña, prometió un “shock de asfalto”. “Ahora todas las calles se llaman Combate de los pozos”, bromean los vecinos. Es cierto. Los cráteres tienen dimensiones selenitas.
Un bache, o cientos de ellos, no refutan por sí mismos una política cultural. Pero la perspectiva cambia cuando se tiene en cuenta el global y estructural ajuste que el macrismo lleva adelante desde el mismo 10 de diciembre. Proclamando austeridad, se destinan millonarios fondos públicos a un programa ostentoso, mientras se requiere paciencia de las familias que no llegan a fin de mes. Entre ellas, muchas familias de artistas.
Así lo cuentan, además, los carteles compartidos en la ciudad por el colectivo Afiches Buena Onda. “Con lo que cobra el Chaqueño (Palavecino, uno de los artistas previstos en la grilla), financiás como cuatro Comedias Municipales”, “Después no digas que no hay un mango” y “Nos invitás a competir y no a participar”, son algunos de los mensajes que resumen los cuestionamientos.
 
Cultura es el alrededor
Los artistas locales coinciden en las críticas. Poco tenidos en cuenta en la gestión del periodista Ricardo Margo en el Instituto Cultural de Bahía Blanca, los actores y músicos bahienses sólo fueron considerados por el proyecto AcercArte como meros aprendices o amateurs. El concepto mismo que repiten las invitaciones a la comunidad es ese: si la “cultura” es la que “llega”, es porque en el lugar al que “llega” no hay nada. O poco más que nada. La única participación que el proyecto macrista ha reservado a los artistas locales es la de un concurso de habilidades, con premiación incierta y costos a cargo del participante. Las diferencias se notan, sobre todo cuando en Bahía Blanca se había asentado otro paradigma que alcanzó su máxima expresión con la gestión en el Instituto Cultural de Sergio Raimondi, poeta al que el reconocimiento internacional de su obra no lo tentó a un concepto elitista de cultura como el que ahora retorna.
Fueron años en que el movimiento cultural se pensaba como intercambio horizontal entre los barrios y el centro, o la ciudad y el mundo, y no como transferencia vertical. Las barriadas y salas independientes se constituyeron en actores centrales del esquema, y hoy están igualmente olvidadas. No hacen cultura ni la reciben, a los ojos estatales. “AcercArte” se acerca sólo hasta la plaza central, donde la gestión ha dispuesto pitucos recipientes amarillos y bolsitas con dibujitos para recoger el excremento canino. En los barrios se admite la mierda, pero en el centro hay que esconderla y perfumarla.
La Delegación Bahía Blanca de la Asociación Argentina de Actores expresó su rechazo al programa AcercArte y marcó que “pretende ‘traer cultura a tu ciudad’, desconociendo así que cada lugar, cada pueblo, ciudad o región es hacedor de Cultura y Arte”, al tiempo que instala “la idea de que lo que viene de afuera es mejor, es La Cultura”.
“Por otra parte, mientras se vacían de recursos los organismos artísticos provinciales, se cierran escuelas de arte, clausuran centros culturales, se bajan programas y talleres culturales barriales por falta de presupuesto, el gobierno de la provincia financia costosas producciones privadas y reduce la participación de los artistas locales y de la zona a un concurso para que ‘muestren lo que hacen’, sin reconocerlos como trabajadores y trabajadoras, sin cubrir ningún tipo de gastos y sin contemplar remuneración alguna”, denuncia el comunicado firmado por el ente gremial de los actores y actrices.
“No queremos formar filas para ‘mostrar’ lo que hacemos, no queremos que nos traigan La Cultura. Cada pueblo tiene la propia. En todo caso, vení a conocer lo que nosotros hacemos, o intercambiemos las distintas formas de arte y cultura. Pero no me digas que ‘te traemos la cultura’”, marcó la actriz y comunicadora Belén López. “Estar en calle Corrientes o en el Gran Rex no es sinónimo de ‘bueno’. De última, va en gustos personales, y en todo caso es sinónimo de comercial, porque sólo llegan allí los que pueden producir a altísimos costos”, completó al tiempo que caracterizó el modelo cultural propuesto como propio de la vieja zoncera madre de la oposición entre civilización y barbarie.
 
Billetera mata galán
Devaluado en Secretaría, el ex Instituto Cultural de la provincia se corresponde con las prioridades de su par de Bahía Blanca. El argumento más frecuente para negar financiación a los proyectos locales es el de la falta de presupuesto, lo que no obstaculizó a la cartera municipal la contratación de un cuerpo de asesores para su titular o el pago de una parte importante de los gastos de logística necesarios para llevar a cabo el festival, como restaurantes o servicios de iluminación, según da cuenta el portal Gobierno Abierto. Los fondos se cuentan de a miles. Por si acaso, el director del Instituto bahiense dispuso de la tapa del suplemento cultural del domingo en La Nueva Provincia, donde enfatizó que buscaba “calidad”, y de sucesivas publicaciones en las que el gobierno municipal, el diario local y la agencia Télam fueron incrementando el número de asistentes a las veladas bahienses de AcercArte. Conforme se sumaban críticas, los ya dudosos cuarenta mil asistentes contados inicialmente se convirtieron luego en sesenta mil y por último en redondos cien mil: uno de cada tres bahienses, o dos estadios llenos a reventar como el que el mismo sábado despidió a Diego Milito.
 
La agenda que el Estado no leyó
La invitación gubernamental decía que “por primera vez la cultura sale a tu encuentro”, aunque no es cierto que sea la primera oportunidad en que el Estado dispone de espectáculos de renombre nacional para su asistencia libre y gratuita. Pero, sobre todo, es falso que Bahía Blanca y su región carezcan de referencias culturales y deban esperan el mensaje iluminado de las luces capitalinas de neón.
El divorcio del eslogan estatal con la realidad social concreta es entonces doble. En la ciudad y la zona proliferan salas de teatro, academias de música, ediciones de libros, proyectos académicos de sus varias universidades, iniciativas autogestionadas, carteleras temáticas de cine, murgas barriales y muestras pictóricas, entre otras muchas iniciativas.
El mismo viernes en que las calles que rodean la céntrica plaza Rivadavia estaban cerradas por el imponente escenario de “AcercArte”, se presentó en la Universidad Nacional del Sur el más reciente libro de Fortunato Mallimaci, reconocido intelectual que nació en Punta Alta y pasó sus años de estudio y militancia en Bahía Blanca, y se desarrolló un torneo de ajedrez con que el Departamento de Economía de la UNS asoció deporte y pensamiento estratégico, sólo por mencionar algunos de los ítems de una agenda cultural que suele ser rica. Por la noche, mientras se montaban los escenarios frente a la plaza Rivadavia, en las orillas mismas de otra se presentaba una obra íntegramente realizada por artistas locales. 
La plaza central de Villa Mitre tiene aires de pueblo, y quizá ese es el secreto por el que su noche es más libre y dulce. Frente a ella se encuentran la radio Urbana y la sala ATS, donde el viernes se concretó el preestreno de “Criollos”, obra de Jorge Nayach, sobre cuentos de Wimpi y Boris Elkin, que tendrá sus primeras funciones este fin de semana. Con el decorado de la sala simplificando la vista, aquello que sobresale es el espíritu mismo del teatro. Cuatro actores y actrices, utilizando históricas gorras o facones que imprimen su energía acumulada, construyen arquetipos tan reconocibles como entrañables o despreciables de nuestro ser profundo: el comisario de Marcelo Koth que oscila entre el rol del cancerbero y las licencias del chamamé, el ferroviario de Silvia Dipaul que mezcla viajes y amoríos y el puestero de Nora Marfil, que refleja al mismo tiempo las angustias del peón y un rural anticipo del “no te metás”. Son las voces de Pago Chico, que no necesitan de las luces de las grandes capitales para saberse vivas y latiendo.
 
(Fotos: Afiches Buena Onda, Facebook)