fbpx El mundo es un pañuelo: los diez días de Juanita y Aurora en Corea del Sur | Agencia Paco Urondo | Periodismo militante
Cultura //// 24.03.2019
El mundo es un pañuelo: los diez días de Juanita y Aurora en Corea del Sur

Crónica extraída del libro "El mundo es un pañuelo. Viajes al exterior de Madres de Plaza de Mayo", tomo II, presentado por la Asociación Madres de Plaza de Mayo y la Editorial de la Universidad Nacional de La Plata (EDULP), y coordinado por Luis Zarranz. El libro forma parte de la Colección Madres de Plaza de Mayo de la editorial: los tomos plasman una investigación colectiva de cinco años. 

"Esto no es un libro, es un documento histórico: es un testimonio vivo de una lucha singular que protagonizaron mujeres argentinas. La historia de la ÚNICAS, literalmente, que se animaron a luchar en el momento más oscuro de nuestro país" 
Cristina Fernández de Kirchner

Por Paloma Baldi

Corea del Sur – Junio de 1994

Juana de Párgament y Aurora de Fraccarolli, de Gualeguachú, partieron desde Ezeiza el 6 de junio de 1994 con destino a Seúl, Corea del Sur. De alguna manera, el viaje había comenzado mucho antes, cuando en febrero las Madres recibieron la primera carta de invitación.

Desde entonces, y hasta que se subieron a la combi de COLURNBUS S.A. que las llevó al aeropuerto, intercambiaron diversos faxes con una asociación surcoreana de derechos humanos: el Comité de Abogados para una Sociedad Democrática, una organización de letrados de orientación liberal (en el sentido norteamericano del término), de intensa actividad [1].

En marzo, la propuesta ya había tomado forma y estaba resumida en seis ítems anticipados por la siguiente afirmación: “En nuestro plan, estamos pensando invitar a dos representantes de las Madres de Plaza de Mayo y un experto académico en el tópico de impunidad y democratización” [2].

En adelante, a través del intercambio, las Madres, la organización surcoreana y la traductora se dispusieron a cerrar uno a uno los pormenores del viaje. Así, acordaron que las dos representantes de la Asociación se hospedarían en la casa de la madre de un preso político en Seúl.

Las Madres también consideraron necesario aclarar su absoluta independencia del gobierno argentino: “Nos permitimos aclararles que nuestro accionar permanentemente es no tener que recurrir para nada a lo que fuera dependiente del Gobierno Constitucional Argentino, de tal forma que bajo ningún concepto desearíamos que nuestras representantes fueran patrocinadas por la Embajada Argentina, esto nos permite, como siempre, tener las manos y el pensamiento no comprometido con lo estatal”, afirmaron en respuesta a la consulta sobre si pedir patrocinio para el viaje.  

El asunto del experto académico suscitó una pequeña polémica. Desde el Comité, se precipitaron a proponer: “Hay una sugerencia, invitar al mismo tiempo a Mr. José Zalaquett [3] como tercera persona, experto en impunidad”, decía en el segundo ítem del fax enviado el 16 de marzo; también agregaban: “¿Esta propuesta es aprobada por ustedes o sugieren firmemente a otra persona? En último caso, a quién sugieren”.

La respuesta de las Madres salió el 29 de marzo: “Con respecto a la presencia de Mr. José Zalaquett, les informamos que nosotras lo conocimos hace mucho tiempo como una persona importante, pero actualmente no sabemos su posición sobre la impunidad y la democratización”. Unas semanas después, ya habían decidido qué experto las acompañaría: “Con nosotras viajará un reconocido abogado de derechos humanos, el doctor Héctor Noli”, informaron.  

Una vez confirmada la comitiva integrada por Juana de Pargament, Aurora de Fraccarolli y Héctor Noli, la traductora Sonia Cho envió un fax en español dirigido a Juanita en el que decía: “A partir de hoy me encargo de comunicar e informarles a ustedes todo el proceso relacionado con este encuentro”.  Además, les confirmó que el Comité se haría cargo del costo total de los billetes de avión y les pidió las reseñas bibliográficas de las Madres que visitarían Corea del Sur, así como también las de sus hijos.

Dos días después, el 20 de mayo, las Madres recibieron otro fax, esta vez de HeoDoo-Chuck, una madre surcoreana.

“Algunos países latinoamericanos como Argentina, países asiáticos como Corea del Sur y países africanos son ángulos de la muerte de los derechos humanos. Hay una canción que dice así: ‘En una sociedad sin libertad nada puede ser libre’. En Corea estamos en mayo, los árboles verdes de las calles están brotando. En mayo nosotros siempre recordamos el pasado olvidado. Eso es la lucha por la democracia en la ciudad de KwangChu que ha de ser recordado como un momento muy importante en nuestra historia coreana. La primavera del año 1980 es la parte oscura de nuestra historia cuando los militares políticos encabezados por los ex presidentes ChunDoo-Hwan y Ro Tae-Woo dieron el golpe de Estado para usurpar el poder. La dictadura militar que ha oprimido con fuerza militar los levantamientos populares comenzados en la región austral de Corea, en la ciudad KwangChu, ejerció unas políticas terroristas y mucha gente tenía que callarse. Y en ese tiempo hubo un joven que murió inmolándose el 9 de junio de 1980 en Seúl después de informar a la gente unos mensajes de indignación por la injusticia del levantamiento de KwangChu. Ese joven era mi hijo”.

Debajo, la firma de HeoDoo-Chuck, de la Comisión Coreana de las familias de fallecidos para la reunificación nacional y democracia. El texto era un pantallazo de la situación coreana y acercaba la lucha de dos partes tan distantes del mundo.

La tarde del 3 de junio de 1994, las Madres respondieron la carta con la firma de Juanita:

“Nosotras, las Madres de Plaza de Mayo, seguimos por el camino que nos marcaron nuestros hijos, por eso somos la continuación de sus ideas y sus sentimientos, luchando por el respeto a la vida contra la muerte y para que estos gobiernos autoritarios que rigen nuestros destinos, desaparezcan para cambiar la vida y el sistema de estos pueblos sojuzgados y oprimidos”.

Finalmente, el 7 de junio, después de casi treinta horas de vuelo, la comitiva aterrizó en Corea del Sur. Juanita escribió en su diario de viaje: “Recibida espectacular. Madres con gran cartel de bienvenida (madres de muertos, inmolados y desaparecidos), madres coreanas” [4]. Además las esperaban alrededor de treinta periodistas que, según Juanita, “se peleaban por retratar”.

Después de las fotografías, se saludaron con representantes de los siete organismos surcoreanos que habían contribuido para el encuentro –“los religiosos, con trajes especiales”, un detalle que quedó inmortalizado con tinta azul en la primera hoja de la crónica de viaje–.

Para las Madres era increíble que en un lugar tan distante, y tan ajeno en algún punto, pudiera darse ese intercambio y, a la vez, existiera la posibilidad de fraternidad entre madres que vivían situaciones tan distantes y al mismo tiempo similares.

La historia de Corea es apasionante y un exponente claro del tablero mundial que era el planisferio durante la Guerra Fría. Desde 1910 a 1945, Corea fue invadida y ocupada por Japón. Después de que el país nipón fuese derrotado en la Segunda Guerra Mundial, las Naciones Unidas diseñaron un plan para la administración de Corea, dividiéndola en dos: zonas de administración: la Unión Soviética al norte y los Estados Unidos al sur. Las políticas de la Guerra Fría dieron como resultado dos gobiernos separados. En junio de 1950, Corea del Norte invadió Corea del Sur, dando inicio a la Guerra de Corea (1950-1953)que, con más de tres millones de civiles muertos, constituye una de las guerras más sanguinarias de la historia. Después de tres devastadores años de lucha que involucraron a la República Popular China, la Unión Soviética y a Estados Unidos, la guerra terminó con un acuerdo de alto al fuego y aproximadamente los mismos límites. Los dos países nunca firmaron un acuerdo de paz y desde entonces la tensión entre ambos ha sido prácticamente continua [5].

Antes de partir hacia las actividades previstas según el itinerario que habían acordado, Juanita y Aurora brindaron detalles sobre la Asociación en una conferencia de prensa que dieron en el Aeropuerto Internacional de Kimpo; ubicado en el límite oeste de la ciudad de Seúl y reemplazado en el 2001 por el Aeropuerto Internacional de Incheon.

Finalmente, no se alojaron en la casa de una madre sino en un hotel. De cualquier modo, el encuentro con las mujeres surcoreanas era una prioridad y fue lo primero que hicieron: “Nos encontramos con las madres y en la habitación del hotel nos reunimos para conocer el programa, hablar de la situación coreana e intercambiar material”.

Por la noche, Juanita, Aurora y Héctor fueron a cenar a una cafetería con las madres surcoreanas “para hablar en detalle de la situación de Corea y cómo actuar en este momento”. Tenían claro que lo primero que debían hacer era informarse de las demandas urgentes.

El 8 de junio partieron al encuentro con un periodista del KoreanNewspaper. Los registros periodísticos están guardados en el Archivo, en una carpeta que contiene cada recorte de diario en el que fueron mencionadas. Las fotos son en blanco y negro. En una de ellas, sus rostros ocupan el primer plano: están con el puño alzado y la boca abierta, escoltadas por una multitud.

Terminada la entrevista, participaron de un acto público donde presentaron la película La voz de los pañuelos, para sorpresa de las Madres subtitulada en el idioma local. La actividad fue emocionante, ya que incluyó un debate público, abrazos con las madres coreanas y una enorme concurrencia de jóvenes.

Sobre este encuentro, las Madres detallaron en su cuaderno que “fue enorme la concurrencia, los cantos con los puños levantados, sentados y parados entonando cantos revolucionarios”. Los jóvenes cantaban sus canciones de protesta mientras portaban en la mano las fotos de desaparecidos o inmolados coreanos.

Si bien Juanita y Aurora estaban acostumbradas a participar de actividades de fuerte contenido emotivo, se encontraron con una ceremonia que las sorprendió. Las atrapó la idea de “todas las madres con sus vestidos de organdí blanco”, tal como usaban las luchadoras madres surcoreanas: del otro lado del mundo el color blanco –como el pañuelo– también era una bandera de lucha, y el distintivo entre la democracia y el autoritarismo. “Hubo discusiones de representantes del campo, de los sin empleo, de las iglesias, se hizo un baile espectacular (…) algo moderno y hermoso. Canciones y más canciones. Hablaron madres de caídos en la lucha y luego nosotras. Todo imponente”, apuntaron las representantes de la Asociación. Las Madres leyeron una proclama conjunta: “Ni olvido ni perdón para los asesinos de nuestro pueblo”.

La situación de lucha en Corea del Sur estaba signada por las consecuencias de la dictadura del general ChunDoo-hwan [6], quien dirigió el país con mano de hierro entre 1980 y 1988. El 17 de mayo de 1980, forzó al Consejo de Ministros para que ampliara la ley marcial, enviando tropas a distintas partes del país, cerrando universidades y prohibiendo las actividades políticas. El país se transformó en una cárcel a cielo abierto.

Al día siguiente, la presencia de las Madres ya generaba repercusiones en la sociedad surcoreana. En el diario de viajes, anotaron: “Traslado de hotel por ser indeseables”. Así está escrito con tinta azul y en letra manuscrita, inmortalizando el momento. “Indeseables” podría ser una ofensa y sin embargo, para ellas, era una pista que las situaba del lado correcto de la historia. De alguna manera, el desprecio de los que odian siempre fortaleció su amor por los excluidos. No se detuvieron, entonces, en los gestos de desdén de los que garantizaban un status quo opresor: juntaron sus bultos y partieron a otro hotel. Desde ahí, fueron entrevistadas por varios medios periodísticos.

Esa misma tarde, participaron de un acto público frente a la catedral, en el centro de Seúl, en donde participó la madre de Kim Sun-Myung, un preso político acusado de espía que llevaba 44 años encerrado en la cárcel, y que era una luchadora emblemática para las organizaciones del país: “Fue un acto grande con estrado, todo el mundo sentado en el suelo con la foto de algún familiar. Hubo número musical, canciones de protesta (…) y discursos. Todo muy emocionante”, narraron las Madres.

Después de los discursos, hubo un momento muy significativo: en el escenario, intercambiaron pañuelos. Era una manera de abrazar a los hijos de Argentina, de Corea y de todo el mundo.

Luego, el cronograma tenía prevista una movilización cuyo desarrollo se vio afectado por efectivos policiales: “La cantidad de policía fue tal que negaba el paso a la manifestación. Estuvimos horas cantando cantos revolucionarios e insultando a milicos, pero no pudimos pasar”, registraron las Madres.

Después de ese primer choque con la policía en las calles, las Madres quisieron indagar un poco más sobre la historia coreana, de la que habían tenido una aproximación por fax. Hasta ese momento, lo que habían vivido no distaba mucho de lo que vivían cotidianamente en Argentina, como si las fronteras no existiesen y, en realidad, la única frontera fuera tan solo una: la que divide a quienes luchan por la justicia de quienes defienden la impunidad.

Así, supieron que en 1980 hubo una gran matanza, que se conoce como Masacre de Gwangju: un alzamiento popular entre el 18 y el 27 de mayo que terminó con el asesinato de entre mil y dos mil civiles a manos de la dictadura coreana.

Durante aquel periodo, los ciudadanos coreanos se levantaron contra la dictadura de ChunDoo-hwan y tomaron el control de la ciudad hasta que fueron derrotados por el ejército surcoreano. Mientras la dictadura se mantuvo en el poder, los medios de comunicación tergiversaron la historia y contaron la masacre como una rebelión impulsada por simpatizantes comunistas. Años más tarde, el 18 de mayo sería establecido como el día de la conmemoración, en donde se harían diversos actos para recordar a aquellos luchadores [7].

A la lista de coincidencias entre las batallas de las madres coreanas y las argentinas se sumaba la palabra “mayo”: para unas y otras era el kilómetro cero de su historia lucha.

El 10 de junio, Aurora y Juanita participaron de otro acto, con miembros del partido de izquierda. Las Madres apuntaron que era “algo conservador”. En su cuaderno, también relataron que “habló el presidente (del Partido), luego el vicepresidente y dos más para terminar el discurso con el puño y un grito de ‘libertad’. Las Madres también hicieron uso de la palabra allí y, finalmente, las invitaron a compartir un té verde.

Al mediodía, Héctor Noli tenía un encuentro con abogados. La idea de viajar con un experto en la temática de impunidad perseguía el objetivo de que éste hiciera una presentación sobre el concepto basándose en la situación argentina. Más tarde, se encontraron con las personas y organizaciones que habían colaborado para concretar su viaje a Corea: Sarangbang Center forHuman Rights& International Solidarity [8] y Abogados para una Sociedad Democrática. Luego, mantuvieron otra reunión con madres coreanas, que se extendió hasta la medianoche.

Antes de dormirse, repasaron los apuntes de su cuaderno para ver cuáles serían las actividades del día siguiente: esta vez era el turno de conmemorar a los coreanos caídos en lucha. Por eso, el 11 de junio fueron al anfiteatro al aire libre de la Universidad de Hanyang [9] para participar del “acto de homenaje conmemorativo por los mártires, por la democracia y por el pueblo”.  Las Madres, otra vez, lo describieron maravilladas: “Fue imponente”. 

Tras la ceremonia, marcharon por una importante avenida. Otra vez, la presencia policial fue descomunal. “Como era tan importante el gentío, del lado derecho, en filas de dos o tres, los policías caminaban a la par de la marcha. Así llegamos a caminar los cuatro kilómetros programados, el despliegue policial fue impresionante”, registraron.

Al día siguiente, las Madres participaron de una misa en una iglesia con curas progresistas. Terminada la ceremonia, el sacerdote hizo mención a su presencia y entonces Juanita y Aurora tomaron la palabra: “Hablamos de la lucha por la democracia, por la Verdad, la Justicia, la Memoria y la unión de los pueblos”, apuntaron entre sus notas. Después de dedicar esas palabras a los fieles, la esposa del pastor las llevó a almorzar y luego partieron hacia el aeropuerto para tomar un avión hacia otra ciudad. “Como si fuera un taxi, a los cuarenta minutos llegamos a otra localidad”, anotaron sorprendidas por estos detalles modernos que en Argentina estaban restringidos a una elite. 

Una vez arribadas, las esperaba una gran delegación de madres de vestido blanco, “por sus hijos muertos”, detallaron Juanita y Aurora en su diario. Con ellas, compartieron el encuentro y, posteriormente, una cena, que las Madres describieron contentas: “Fue en un restaurante muy especial, hermoso, donde nos esperaban autoridades del pueblo y diputados. Una cena espectacular, autóctona con discursos y regalos. Luego concurrimos a un hotel”. Como en cada viaje, cada regalo está guardado en la sede de la Asociación y forma parte de su legado al pueblo.

A las ocho de la mañana del día 13 de junio, Juana y Aurora compartieron un desayuno con la Asociación para la Democracia y la Reconfiguración Nacional, una organización que bregaba por la unión de ambas Coreas en un Estado democrático. Más tarde, participaron de la junta de firmas para la identificación de los culpables, una planilla que luego sería entregada a la fiscalía para juzgar a los responsables de los crímenes durante la dictadura. La lucha para la identificación de los perpetradores era homóloga a la lucha contra los indultos y la impunidad en Argentina. Por eso a las Madres no les tembló el pulso en estampar su firma en la hoja. Ese día, reunieron setecientas firmas en total. Juanita y Aurora acompañaron a los familiares a la fiscalía para la entrega del petitorio que exigía juicio y castigo para los asesinatos surcoreanos.

A las once de la mañana se reencontraron con Noli y después del almuerzo participaron de una exposición de fotos que culminó con un discurso de ambas. Las fotos de las Madres en la muestra ocuparon las páginas de buena parte de la prensa coreana al otro día.

Al día siguiente, se tomaron el tren para llegar a la cárcel de De Jun en donde  desde hacía 44 años estaba detenido Kim Sun-Myung, preso político de la dictadura. Las Madres de Plaza de Mayo pidieron verlo, junto con la presidenta de la Asociación de Familiares de Víctimas del Proceso de Democratización del país, pero la solicitud fue denegada. Así lo consignaron en el diario del viaje: “Como no querían recibir el pedido, le preguntamos a la autoridad si era dueño de su vida para negarnos verlo. Se esperó toda la tarde frente a cientos de policías que hacían de valla y llegaron las fuerzas de choque. La autoridad de la cárcel negó a un diputado negociador la entrevista de las Madres con el pretexto de la protesta de la calle y haber pasado la hora para visitas”.

Si bien las Madres ya habían vivido algunos encontronazos con las fuerzas de seguridad surcoreanas, este caso era distinto porque estaban presenciando cómo se ejercía de manera autoritaria el poder. Por eso lo narraron de manera más explícita en sus anotaciones: “Hoy no es el garrote lo que golpea a los presos políticos, es la negación, la denigración y la falta de respeto a los detenidos y frente a los familiares, cuyo sufrimiento es permanente. El mundo entero unido debe dar una mano para que estos presos logren ya la libertad”, asentaron. Y describieron la cárcel como “realmente siniestra”. Ya desde el cuarto del hotel, escribieron: “Con bronca por la negación de la visita, partimos llegando de vuelta a Seúl”. Agregaron un dato que las dejó alarmadas: “Quedan muy pocos hombres y mujeres que no hayan estado en la cárcel” [10].

Según lo previsto, el 15 de junio, era el turno de Héctor Noli, quien debía hablar en un simposio y exponer lo que había trabajado para abordar la temática de la impunidad en Argentina. Noli expuso su visión como abogado de la Asociación sobre la situación argentina, el avance del neoliberalismo y las imposiciones del imperio. De esta manera, denunció que “el gobierno de Raúl Alfonsín, además de determinar el marco de juzgamiento, decidió que los militares debían ser juzgados por sus pares y por ello instruyó al Consejo Supremo de las FFAA”. También sus colegas coreanos hicieron sus exposiciones. Luego hablaron las Madres, primero Juanita y después Aurora. “Antes de irse, tuvieron la oportunidad de escribir el nombre de la Asociación Madres de Plaza de Mayo sobre una gran piedra que colocaron junto a un declive donde había otras muchas piedras similares”, según figura en el Periódico de las Madres [11].

Un día antes de emprender el regreso, el 16 de junio, visitaron un cementerio situado en la cima de una montaña de la ciudad de GwanGoChu. Para ellas era algo infrecuente y duro, porque, como anotaron, “tocaba nuestras heridas”, pero entendían que era un compromiso impostergable y querían trasmitir esa voluntad de convertir el dolor en lucha.

Esa misma noche participaron de una de las últimas actividades, junto a las madres coreanas y también junto a mujeres en situación de prostitución “que los invasores explotaron primero y luego las dejaron presas y olvidadas”. La actividad terminó con cantos y las palabras de Juanita y Aurora.

El 17 de junio, ambas emprendieron el regreso a Argentina, junto con Noli. Antes de partir, compartieron un almuerzo con diversas organizaciones. Camino al hotel para buscar sus maletas e ir hacia el aeropuerto, las alcanzaron sus compañeras coreanas, con un regalo que, de alguna manera, sintetizaba esa multiplicación de voces que había sucedió durante estos días: “Llegaban madres corriendo, trayendo un megáfono de regalo”, anotó Juanita.

Las Madres retornaron con varios aprendizajes y lecciones encima y con las herramientas necesarias para propalar lo vivido.
 

Referencias

[1] Fue creada en 1988, cuandodiversos abogados surcoreanos comenzaron a defender activamente a los presos de conciencia y ofrecieron su apoyo al movimiento de democratización. La defensa colectiva condujo al establecimiento en 1986 de Abogados por la Justicia Legal, organización conformada por treinta abogados unidos por su deseo de promover la democracia en Corea del Sur.En respuesta a los cambios sociopolíticos y la creciente participación de abogados más jóvenes en el movimiento de democratización, se estableció un grupo más cohesionado, MINBYUN-Abogados para una Sociedad Democrática' (MINBYUN), el 28 de mayo de 1988. Su objetivo era el desarrollo de una estructura sistemática y organizativa en respuesta a las violaciones de los derechos humanos, para impulsar el movimiento de democratización en Corea del Sur. Actualmente, proporciona asesoramiento legal y cooperación a organizaciones no gubernamentales (ONG) que trabajan por el progreso social del país.

[2] Archivo de la Asociación Madres de Plaza de Mayo.

[3] (1942— ) Jurista y académico chileno, de destacada labor en la defensa de los Derechos Humanos durante la dictadura de Augusto Pinochet entre 1973 y 1990. Tras el golpe de Estado, se involucró con el Comité Pro Paz, una organización establecida por varias iglesias cristianas y miembros de la comunidad judía por iniciativa del cardenal católico Raúl Silva Henríquez, ejerciendo como director del departamento legar hasta la disolución del Comité, en 1975. Ese mismo año, agentes de la Dirección Nacional de Inteligencia (DINA) chilena, lo arrestaron y lo llevaron al centro de detención de Tres Álamos. Fue liberado en 1976, arrestado nuevamente unos meses después y, posteriormente, enviado al exilio. No regresó a Chile hasta 1986.Durante sus años en el extranjero, se desempeñó como jefe del Comité Ejecutivo Internacional de Amnistía Internacional de 1979 a 1982.Durante la transición de Chile a la democracia, fue designado por el presidente Patricio Aylwin para servir en la Comisión Nacional de la Verdad y la Reconciliación, una comisión creada en 1990 para investigar las violaciones de los derechos humanos cometidas por el régimen militar. En 1999 y 2000 formó parte de una mesa de diálogo sobre derechos humanos entre miembros de las fuerzas armadas y abogados de derechos humanos.De 2002 a 2005 se desempeñó como miembro de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Actualmente dirige el Centro de Derechos Humanos de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile.En 1994, la UNESCO le otorgó el Premio de Educación en Derechos Humanos de ese año.En 2003 fue galardonado con el Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales de Chile.

[4] Archivo de la Asociación Madres de Plaza de Mayo.

[5] El 27 de abril de 2018 se produjo un hecho histórico cuando los líderes de ambas Coreas se comprometieron a poner fin a la guerra luego de dar a conocer la "Declaración de Panmunjom para la Paz, la Prosperidad y la Unificación de la Península Coreana". El documento expresó el acuerdo entre el líder de Corea del Norte, Kim Jong Un, y el presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, que mantuvieron un encuentro sin precedentes en la frontera entre ambos Estados. Allí, se dieron la mano, cada uno del lado de su país, y luego, cruzaron a ambos lados de manera conjunta y simbólica.

[6] (1931— ) Es un militar y político surcoreano que condujo a su país desde 1980 hasta 1988. Lideró un golpe en las Fuerzas Armadas para influir en el gobierno, y en 1980 ordenó disolver la Asamblea Nacional a través de otro golpe de Estado, para presentarse luego a las elecciones presidenciales como único candidato.Su mandato estuvo marcado por un mayor acercamiento a Estados Unidos, el desarrollo de la economía nacional y una serie de políticas autoritarias que terminarían provocando su caída en 1987, cuando tuvo que enfrentar movilizaciones sociales en favor de medidas democráticas y el restablecimiento de las libertades civiles.​ La reforma constitucional de octubre de 1987 marcó el inicio de la Sexta República de Corea del Sur. En 1997, fue condenado en 1997 por su implicación en el golpe de Estado de 1979, por la represión violenta del levantamiento de Gwangju y por corrupción política.

[7] La masacre de Gwangju tuvo un impacto profundo en la política e historia de Corea del Sur. Tras el envío de fuerzas especiales contra los ciudadanos, la legitimidad de ChunDoo-hwan quedó dañada de manera significativa. El suceso también allanó el camino para los movimientos posteriores en la década de 1980 que, con el tiempo, llevaron la democracia a Corea del Sur. La masacre de Gwangju se ha convertido en un símbolo de la lucha de los surcoreanos contra los regímenes autoritarios y su lucha por la democracia.

[8]Surgió por un grupo de activistas de derechos humanos que en 1993 decidieron formar una organización llamada 'Sarangbang' (una palabra coreana que significa 'sala de reuniones'). Comenzó a publicar Human RightsDaily, el primer periódico especializado en derechos humanos de Corea. El año siguiente estableció la Biblioteca de Recursos e Información sobre Derechos Humanos, y en 1997 creó la Base de Datos de Recursos de Derechos Humanos.

[9] Es una universidad de investigación privada en Corea del Sur. El campus principal se encuentra en Seúl. Su nombre y la filosofía educativa es “Amor en verdad y Acción”.

[10] Kim SunMyung fue considerado el preso político más antiguo del mundo por Amnistía Internacional (Al), tras permanecer 44 años detenido. Fue encarcelado el 15 de octubre de 1951, en plena guerra de Corea, bajo la acusación de ser un agente de Corea del Norte. En diciembre de aquel 1995 en que las Madres estuvieron en Corea del Sur fue liberado, a los 71 años, tras una amnistía decretada por el presidente surcoreano, Kim Young Sam. La medida incluía a 3.169 convictos de delitos no violentos y fue adoptada para conmemorar el 501 aniversario de la liberación de la península coreana de los japoneses. Antes de ser liberado, había iniciado una huelga de hambre para ser incluido en la decisión presidencial. Según AI, permanecía detenido por negarse a convertirse al anticomunismo que gobernaba la política de Seúl.

[11] Periódico de las Madres de Plaza de Mayo. Nº 110, Julio de 1994.