Cultura //// 02.12.2018
El miedo calzado en setenta pares

Porque la ficción y la realidad no pueden dejar de pensarse como tensión de una construcción, presentamos "El miedo calzado en setenta pares". Crónica literaria sobre otro linchamiento sucedido en Rosario, por Norman Petrich.

Foto: "El David Moreira",Tec. Mixta Sobre lienzo.150 x 110 cm. De Raúl Gómez.

Por Norman Petrich

 

El martes ocurrió un nuevo linchamiento en pleno centro de la ciudad de Rosario. Por intentar robar una mochila, una turba decidió que el muchacho tenía que aprender de la única forma que parece ser aceptable: a los golpes. Sólo una chica con su pañuelo verde intentó a los gritos hacerlos entrar en razón mientras, el resto de la gente alentaba a los justicieros al grito de ¡matálo, matálo!; hasta que un hombre corpulento se interpuso y logró hacerlos dudar. La llegada de la policía no mejoró las cosas: lejos de actuar haciendo respetar la ley prefirieron demorarse en tomarle los datos al último participante del suceso, mientras querían averiguar por qué se había metido. La intervención de estas dos personas evitó que tengamos una nueva muerte como la de David Moreira.

Este texto no busca responder sino preguntar por qué la gente se para a ver cómo se trazan líneas que separan en lugares donde, parece ser, la palabra enemigo lleva gorra visera.

el-david-moreira

 

(cuando por primera vez/ encontré mi casa revuelta/ no lloré

dice mi vecino

caminaba por las calles/ pensando/ que alguien caminaba por las calles

sabiendo mis secretos/ pero no lloré

cuando se llevaron lo poco/ que había dando vueltas en el patio

sentí bronca/ pero no lloré/ ni lo hice las tres noches

en las que me quedé escondido/ vigilando/ despierto

 

sólo derramé lagrimas/ cuando al fin volvieron/ y logré hundirles  mis zapatos

en su carne blanda/una/ y/ otra/ vez

pero no lloré por lo que me habían robado

sino por todo/ lo/ que/ en/ ese/ instante/ sentía estaba perdiendo)

 

(Lagarto pasa con el torso desnudo,/ la juventud contradice al frío

el paso de cumbia/ es pose/ es pase/ que va de su celular/ a mi oído:

¿huelo mal?/ escondé tu mano/ ¿no sabés lo que se dice/ o acaso sos

de los que no oyen?

yo ya estaba aquí/ antes de que tanta lente vigilante/ enseñara a ver

como posible atacante/ a mi piel que se mueve/ en lo oscuro de la noche)

 

(Lagarto dice que si las manos/ van en busca de billetes/ a los bolsillos

y no encuentran nada/ de allí no deben salir,/ se pierden las manos

al mirarse las palmas/ y ver que las líneas del futuro

tienen forma de gatillo:/ en una mano dice matar

en la otra dice morir/ mejor dejarlas bien adentro)

 

(ellos  nacieron muertos/ dice mi vecino/ crecieron muertos/

vieron caer a los amigos/ que ya estaban muertos/ de la misma forma

 en que se ve caer a los otros/ cuando el muerto comienza a disparar

 

para ellos/ papá noel ya estaba muerto/ los reyes magos estaban muertos

como ahora el farmacéutico está muerto/ pero de esto último/ ya hablan las noticias

de eso/ y de que se pudran/ que se pudran bien adentro

que no crucen la línea de sombras/ nunca más)

 

Lagarto escupe./ Lagarto habla./ No sé cuál de las dos cosas/ está haciendo ahora:

 

mi viejo siempre les decía a los pibes/ que para salir TODOS de acá/

había que ser/ buenos soldados de Perón/ algo entendieron y algo no,/ los pibes

ellos creen hoy/ que la única salida/ es ser soldados del Pera,/ y donde el Pera va,

no vuelve a ser gris/ el color del cemento

 

porque aquí     dice mi vecino/ el estado se repliega/ hasta su no existencia

aquí/ el estado es el Pera/ en estos lugares lejanos/ a esos/ donde señala al río

la proa del monumento             

 

(Lagarto dice que fue entonces/ cuando desembarcaron/ los hombres de verde    

sus chalecos y fusiles/ pasaron/ a formar parte del paisaje/ ocuparon  territorios

donde/ las manos no terminan/ en las uñas/ sino en la pared)

 

hay ganas de hacer algo/ dice mi vecino/se habla de hacer algo

pero hay miedo de hacer algo/ y ya no se hace

 

pero qué esperábamos?/ qué esperábamos decir, realmente?/ porque real era  decir

estamos cansados/ y cansados de esperar/ nos lanzamos de un modo tal

que fue imposible cerrar un concepto/ fue posible llegar a ningún lado

nadie pudo ya/ detener/ esto que se reescribe/ antes de que/ lo termine de escribir

y escribo para sentir/ que me/ aferro a algo

mientras algunos festejan/ como un gol sobre la hora/ que el miedo calzado en setenta pares/ graba a las patadas/ “perdiste”/ en la cabeza/ de un ya reducido Lagarto

 

jugarse a todo o nada/ el puñado de años/que llevás encima/ solía decir mi vecino

es comprarse todos los boletos/ para una muerte absurda

 

de este lado de la línea/ la muerte no adjetiva/ contestaba Lagarto

de este lado/ la muerte es/ solamente/ la muerte

 

allí      dice mi vecino/ parado allí/ desde ese lugar/ que algunos señalan

y dicen allí/ lugar que no te pertenece/ o en el mejor de los casos

no eres el único que pertenece/ cómo se hace para decir/ escribo/ y no escribimos

y aun más,/ escribir/ y no cerrar el puño/ para luego extender el índice

en forma horizontal/ mientras el pulgar se dobla/ subiendo y bajando

y algo/ en algún lugar/ reciba los imaginarios impactos

de este brutal lenguaje que nace)

 

y si mañana fuera un espejo?/ dice mi vecino/ si fueran tus manos abiertas

y las empañaras con tu aliento? escribirías allí tu nombre

o nombre por el que te llaman/ los que te conocen?

 

escribiría que soy/ si somos/ cuando son nuestros rostros/ los que se reconocen

en las salidas/ del hoy/ lo que se parece mucho/ a decir venceremos

 

 

de fondo/ (y cada vez más fuerte)/ puede oírse una banda de sonido

(confirmado, es el noticiero de la noche)

que repite/no hay piedad/ no/ hay/ piedad

 

(continuará?)

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Niño Gato.Tec mixta sobre cartón. 60 x 40 cm. De Raúl Gómez