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Cultura //// 10.05.2020
El arte salva: educación en contextos de encierro

Márgenes, documental de José Martín Delgado realizado en ámbito carcelario, viene como anillo al dedo para cuestionarse los privilegios en medio de esta pandemia. Agencia Paco Urondo conversó con Claudia Castro, profesora de teatro en la cárcel de mujeres de Azul. Por Milagros Carnevale.

Por Milagros Carnevale

 

Márgenes: educación en contextos de encierro es una serie documental de cuatro capítulos cortos que muestra la incidencia de los momentos educativos y artísticos en las vidas de las personas privadas de su libertad. En este contexto apocalíptico que estamos transitando, encerradas y encerrados (si es que tenemos ese privilegio), ver esta serie aporta una nueva perspectiva, no sólo sobre esta nueva cotidianeidad sino también acerca del boom mediático del que son protagonistas las cárceles hoy día. Hoy, “educación en contextos de encierro” es una frase que nos interpela a todos y a todas. Agencia Paco Urondo conversó con Claudia Castro, la profesora del taller de teatro “Mujeres protagonistas” en la cárcel de mujeres de Azul. El capítulo 2 de Márgenes está dedicado a ellas. 

Castro es profesora de teatro en la Facultad de Arte de la UNICEN (Universidad Nacional del Centro) sede Tandil. En el 2013, Lucía, una alumna de la carrera de Realización de Artes Audiovisuales presentó un proyecto para trabajar en las cárceles de las regiones de Azul y Olavarría. “Lo único que yo sé hacer es dar clases de teatro”, dijo Claudia en ese momento. Así, empezó a dar un taller en la Unidad Penitenciaria N° 52, una cárcel de mujeres.

El taller tiene en promedio una asistencia firme de 16 participantes. “Cuando arrancamos eran cinco, y después hemos llegado a tener 25”, recuerda Claudia. Es un contexto desafiante, ya que organizan las clases teniendo en cuenta que no es siempre posible que vayan todas. “Empezamos con un taller más de juego, y hoy algunas están escribiendo sus propios textos, algunas se animan a hacer monólogos y mostrarlos”, agrega. Hoy, está parado por la pandemia.

Gracias al acceso a Internet que algunas presas tienen, Claudia y Betty (que la acompaña en las clases y también aparece en la serie) han podido facilitarles páginas web para ver espectáculos online gratuitos, y así mantener el contacto con el teatro. Las clases virtuales no son una opción porque la sala de usos múltiples está siendo preparada para atender un eventual brote de coronavirus. La Unidad N° 52, una cárcel de máxima seguridad, tiene capacidad para 100 personas. Actualmente habitan 120, por lo que no se vive el hacinamiento que se ve en otras cárceles, como la de Devoto. En cuanto al COVID 19, no hay casos en esta cárcel de mujeres en Azul. Sin embargo, Claudia señala que un factor de riesgo es la alta rotación de personal de seguridad que trabaja en la Unidad.

La metodología de trabajo del taller es aprovechar al máximo las dos horas que tienen. Al final de la clase, se arma una ronda para hablar. En ese espacio a veces se cuela algún comentario en relación con sus situaciones personales. El espacio artístico no es frecuente en las cárceles. Algunas de las habitantes de la Unidad N° 52 están terminando la primaria, o la secundaria. Muy pocas acceden a la universidad adentro de la cárcel.

“Siempre lo que planteamos es que hay un tema de acceso a los derechos educativos que no se cumple afuera. (…) Lo que sucede mucho, más quizás en la cárcel de varones, es que la condición del delito se relaciona con esta vulnerabilidad. Es pobreza, marginalidad y falta de oportunidades”, dice Claudia. En este contexto es clave el espacio que tiene la UNICEN en las unidades penitenciarias, para garantizar el acceso a la educación de las personas que están adentro. “La privación de libertad es el castigo por el delito. Debería estar garantizada la salud pública, la alimentación, el estudio”, agrega la profesora. Sin embargo, el acceso  por ejemplo a la salud bucal, es nulo. La mayoría de las detenidas tienen problemas dentales tremendos.

 

Agencia Paco Urondo: ¿Conocen las causas por las cuales estas mujeres están cumpliendo condena?

Claudia Castro: Somos personas como cualquier otra y no queremos sentirnos atravesadas por el prejuicio, entonces nos parece que una manera de trabajar con algún grado de objetividad es no conocer las razones por las que están ahí. De todas maneras, lo que sabemos es que la mayoría está alojada en esa unidad por tráfico o venta de estupefacientes. También hay detenidas por condenas largas, lo cual tiene que ver con algún grado de delito mayor. Sabemos que hay casos de mujeres que han atentado contra la vida de alguien por razones de violencia de género, pero no sabemos quiénes son. Lo que queremos es crear un espacio de libertad, donde todas somos iguales.

 

APU: ¿Cuál es el acceso a la medicación que hay en la Unidad?

C.C: Hay un médico que atiende las urgencias, que cuando es imprescindible, las lleva al hospital de ser estrictamente necesario. Por otro lado, sabemos que no hay lo básico. Hay una salita de primeros auxilios, pero no hay antibióticos, es muy limitado. Por estas razones ha habido en otras unidades tantos reclamos. En este tiempo, además, las familias no están pudiendo acercarles algunos alimentos o cuestiones básicas, y eso también complica, porque en tiempos más normales al menos una vez por mes reciben alimento y ropa. Hubo algunas acciones de la Comisión Provincial de la Memoria y de diferentes actores sociales de la provincia que han estado trabajando con el servicio penitenciario para poder resolver estas situaciones.

 

APU: En cuanto a la enseñanza de teatro, ¿nota diferencias en la manera que tienen de aprender las mujeres privadas de su libertad?

C.C: Esa fue una inquietud que tuvimos en el comienzo. Pero siempre decimos lo mismo: una vez que estamos trabajando es como estar en cualquier taller de teatro en cualquier espacio, en una biblioteca, en un centro cultural barrial, porque la disposición al trabajo siempre ha sido altísima. El clima de alegría y de confianza que se vive, constituyen una clase que podría estar sucediendo en cualquier otro espacio. A veces tenés la dificultad de alguien que no tiene la escolaridad primaria que le permita leer un texto de corrido, entonces ahí hay que adaptar la metodología para que todas puedan trabajar. Salimos tremendamente emocionadas de cada clase. Siempre decimos que nos traemos más nosotras de lo que les podemos dejar a ellas. Nos esperan con muchas ganas, no participan por obligación, para mostrar buena conducta o algo así. Esto nos demuestra que el arte cura, el arte salva.