Cultura //// 09.06.2019
Dupleich: "A mí me moviliza escribir a este tipo, si no sería imposible que movilice a otros"

Agencia Paco Urondo conversó con Marcelo Dupleich sobre "Mierda Pura", su más reciente historieta. Entrevista, por Leonardo Olivera.

Por Leo Olivera/Foto: Leonardo Suhring

 

Marcelo Dupleich es autor de historietas desde principios de los 90. Entre sus obras podemos encontrar cosas como El emperador y Celeste, además de muchas colaboraciones en históricas revistas como Fierro, Humor o El tajo. Es fundador y director de la escuela de artes integradas "La Ola", una de las escuelas más reconocidas de la ciudad de Buenos Aires, por donde pasaron verdaderas leyendas del género. Después de casi diez años sin publicar historietas, en 2018 salió Roberto, un tipo de mierda, su primera obra autopublicada. Este año presenta el segundo libro que lleva a Roberto como protagonista, Mierda pura.

Agencia Paco Urondo: Bueno, hablemos un poco de Mierda pura tu último libro publicado y la continuación de Roberto, un tipo de mierda. Pero antes, ¿quién es Roberto?

Marcelo Dupleich: Para mí Roberto es el mal. Por lo menos el mal que yo intento mostrar como límite, que es un mal berreta digamos. No es esa maldad maquiavélica, del tipo que quiere apoderarse del planeta, subyugar a los otros. Es la maldad desde la forma más gratuita y berreta. Porque ni siquiera hay un goce en esa maldad, es más bien un transitar sobre esa maldad. Por eso de alguna manera se coge perros también. Cuando yo pensaba con qué tipo de pareja podría estar un tipo así, con ninguna. Porque no siente empatía alguna, no se conmueve, ni siquiera disfruta el cogerse un perro, ahí no hay ni siquiera una necesidad fisiológica, pero la penetración también tiene que formar parte de esa forma de lo berreta.

APU: Leí la idea era hacer una trilogía sobre el personaje. ¿Es así?

MD: En principio sí, pero no sé si terminará en una trilogía. Digo, hay una intención de hacer mil libros de Roberto, pero digamos que el tercero, que terminé de escribir hace poquito, es el más terrible de los tres. Parecería que más allá no se puede ir, pero vamos a ver.

APU: ¿Qué te llevó a escribir una historia como esta?

MD: Primero, probarme que lo podía hacer. Permitirme moverme en esos extremos, sobre todo en un momento social como este, donde creo que está bien que alguien se pare en un lugar así. Porque me parece que sirve para visibilizar también lo terrible. Si hay algo con lo que estoy tranquilo es que ningún movimiento particular se me va a venir al cuello por lo que escribo, si vienen, vienen todos. Porque no hablo mal de algo, sino que me pongo del otro lado de todo, para mostrar un tipo que no puede ser. Creo que en algún punto la exageración funciona como espejo de la realidad.

Siento que en el primer libro hay algunas cosas medio humorísticas, de algún tipo de humor negro supongo, pero en el segundo libro todo es más denso, más pesado, como que se apelotona en la garganta. Y el tercero yo no sé ni como lo escribí. Cuando lo empecé estaba en Mar del Plata, un lugar que amo, y mientras escribía pensaba: "¿qué estoy haciendo?", pero no lo borraba. Me iba a la playa o algo así y cuando volvía, me permitía leerlo como si lo hubiera escrito otro. Hay límites que vos sentís que no se pueden traspasar y este tipo los hace mierda.

APU: Es loco porque decís "este tipo", como si no lo hubieras escrito vos.

MD: Está bien lo que decís, porque me sirve para decir algo que creo que es importante: yo soy el padre de la criatura, no delego esa paternidad, pero de alguna manera yo construyo al personaje y después él anda solo y me dice a mí por dónde tiene que ir.

APU: Abelardo Castillo en sus diarios habla sobre el "vértigo de lo feo". Dice que lo conmueve la belleza, pero que hay algo de lo feo que le genera una atracción que no puede evitar.

MD: Es que yo no creo que la belleza sea algo depurado, creo que también tiene algo de terrible. Cuando algo es demasiado bello, te perturba y ahí empieza lo otro. Creo que los grandes conceptos siempre se mueven en opuestos.

APU: Creo que hay algo de ese "vértigo" que te agarra cuando lees a Roberto. Sentís ese apelotonamiento en la garganta que vos decías, esa incomodidad, pero por otro lado, no podes parar de leerlo. Y cuando terminás te quedan cortos los libros, querés seguir leyendo.

MD: Eso es lo mejor que me podes decir, mejor que cualquier otro piropo. De alguna manera, si bien yo termino cansado cada vez que hago un libro, siempre quiero continuar. Si vos lees mis historietas, yo no creo que las historias terminen, porque no creo en los finales. Yo corto una historia en determinado momento, pero tranquilamente puede seguir. Es más, para mí las historias en el cine empiezan cuando terminan. La historia para mí no termina cuando el héroe cruza el mundo, encuentra a la chica y la besa, sino lo que pasa la noche siguiente, cuando capaz no se le para y ella se va con el heladero. Para mí los finales pueden ser algo pretencioso, entonces yo elijo cortar las historias, capaz por eso quedan las ganas de seguir leyendo.

APU: ¿Cómo es tu proceso de escritura?

MD: Yo pienso a los personajes y de ahí salen situaciones, esas situaciones terminan derivando en historias por cómo se van moviendo los personajes. Yo determino la situación, pero son los personajes los que me dicen qué pasa. Yo sé que cuando escribo y cuando dibujo tomo riesgos por escribir como escribo y por dibujar como dibujo, pero principalmente por no subestimar al lector. Yo creo que en el ambiente de la historieta hay mucha pretensión, muchos mandatos. Yo no sé cómo tiene que ser la historieta, el dibujo o la pintura. Lo único que sé es lo me interesa hacer y ver.

No me pasa que por ser dibujante con un buen dibujo me conformo, yo quiero que me conmuevan. Hay tipos que dibujan muy bien, que pintan muy bien, pero no me dicen nada. Y después están los distintos, los artistas, tipos que te sacuden. La pieza de Van Gogh, por ejemplo, hay otros que la hubieran pintado mucho mejor: con la perspectiva más correcta, con una paleta más rica, con una pincelada más cuidada, pero ¿vas a criticar la pieza de Van Gogh? Nadie más podría haber pintado eso. Un pintor o un dibujante son tipos que viven, y vos no te podés despegar de eso. El tema con el oficio es que se tiende a ver como una cosa prolija, cuidada, pero no tiene que ver necesariamente con el arte. Hay pintores que tienen muchísimo oficio, que son bestias técnicamente, pero a mí no me mueven un pelo. Como hay muy buenos escritores, o hasta muy buenos historietistas.

Tenés que decir cosas que te muevan a vos. A mí me moviliza escribir a este tipo. Y me moviliza después dibujarlo. Si no, sería imposible que movilice a otros. Yo me alejé de la historieta por eso, porque sentía que el chiste que estaba contando y del que todos se reían, a mi no me hacía reír más.

APU: ¿Por qué elegiste a Diego Parés y a Daniel Melingo para escribir los prólogos?

MD: A Parés lo elegí porque es mi hermano. Me parece el dibujante más dúctil de la Argentina, un tipo que puede pasar de un estilo al otro con mucha soberbia, en el mejor de los sentidos. Y por otro lado porque es un tipo que yo adoro, al que sé que le gusta mi laburo. Siempre pedirle un prólogo a alguien es una incomodidad. Porque si vos le pedís un prólogo a un tipo así, después te tenés que bancar la que venga. Yo sabía que para el lado que fuera, iba a ser honesto.

A Melingo lo conocí por una entrevista que le hicieron en el Quiebre, una revista en la que a veces colaboro. Cuando saqué el primer libro, se lo hice llegar, y al día siguiente salió en las redes, con una foto del libro, diciendo que le había encantado. Ahí me envalentoné y le pedí el prólogo para el segundo, porque para mí no solo es un tipo admirable, sino que además le queda muy bien el libro. Y ahí sí, ya no tenía la más mínima idea de qué podía llegar a hacer, pero la verdad fue una experiencia espectacular.

Después de eso casi que me animo a decirte que los próximos prólogos se lo voy a pedir a gente que no sea del mundo de la historieta, porque lo que se armó fue algo tremendo. La verdad que me quedé lleno de agradecimiento con Melingo, con Parés y con un montón de gente, con Pablo Lobato, que moderó la presentación y que yo creo que hoy es un personaje sustancial para la gráfica argentina.

La verdad que todo lo que viene pasando con Roberto es increíble. Han sido todos muy generosos con este tipo despreciable.