Cultura //// 22.10.2017
Dónde están los aviones de los vuelos de la muerte

Dónde están los aviones que, durante la última dictadura militar, transportaron los cuerpos de los detenidos-desaparecidos que serían arrojados al mar. Quiénes fueron los pilotos encargados de dar la orden de abrir la puerta trasera durante el vuelo y expulsar los cuerpos desnudos al vacío, adormecidos por el pentotal o el ketalar.
 

Por Fabiana Montenegro

Dónde están los aviones que, durante la última dictadura militar, transportaron los cuerpos de los detenidos-desaparecidos que serían arrojados al mar. Quiénes fueron los pilotos encargados de dar la orden de abrir la puerta trasera durante el vuelo y expulsar los cuerpos desnudos al vacío, adormecidos por el pentotal o el ketalar.

Esas son las preguntas  que dan el puntapié inicial a la investigación que la periodista y ex desaparecida Miriam Lewin inicia junto al fotógrafo italiano Giancarlo Ceraudo para intentar reconstruir la trama macabra de los vuelos de la muerte. Pero no es solo el interés del objeto en sí sino que, la localización de las naves permitió encontrar documentación para identificar a los responsables y llegar a los Tribunales.

Skyvan. Aviones, pilotos y archivos secretos (Sudamericana) cuenta de manera novelada cómo fueron localizadas las naves que cumplieron esa función y se reconstruyen sus historias, como la del viejo Skyvan que décadas después se encontró en el aeropuerto de Fort Lauderdale, Florida. Su fuselaje semejante a un ataúd transportó en 1977 a las monjas francesas Alice Domon y Léonie Duquet, a la fundadora de las Madres de Plaza de Mayo Azucena Villaflor y otras personas que habían sido secuestrados por un grupo de tareas al mando de Alfredo Astiz. 

Los miércoles era el día del "traslado" en el campo de concentración. Los secuestrados que los veían partir intuían qué significaba eso aunque no se animaran a aceptarlo, como los judíos cuando creían que los nazis los deportaban a campos de trabajos forzados, no  a las cámaras de gas y al exterminio.

El libro se constituye así en una pequeña victoria sobre el olvido y el terror de aquellos días, cuando traslado, en realidad, quería decir muerte.