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Cultura //// 05.05.2019
Dominique Roger: la fotógrafa de la Unesco

"Un camino hacia la Paz", presentación del libro de la fotógrafa francesa al servicio del organismo durante más de 30 años. La exposición del libro se puede visitar en el Espacio Cultural de la OEI (Paraguay 1514, CABA) hasta el próximo martes 7 de mayo a las 19:00h.

Nota y Fotografías: Lucía Barrera Oro

Agencia Paco Urondo: ¿Cuál es su primer recuerdo como fotógrafa?

Dominique Roger: Uy, se remonta lejos. Cuando entré en la Unesco al principio tomaba las fotografías oficiales, institucionales, un trabajo más protocolar. Durante esos primeros 10 años (desde los 60 a los 70) me dediqué a fotografiar el patrimonio cultural de la humanidad: Lubia, la inundación de Venecia, la reconstrucción de Abu Simbel (Egipto), Borobudur (Indonesia). Luego, la Unesco se lanzó en una enorme campaña de alfabetización en el mundo y realicé 125 misiones en 77 países, produciendo la memoria visual y fotográfica de la Unesco. En este momento se está digitalizando todo ese material de 30 años de trabajo, ya se han digitalizado 17,000 fotografías.

20-dominiqueroger-cultura-Luc-a-Barrera-Oro-0201APU: ¿Cuál considera que fue el mayor desafío de su trabajo en la Unesco?

DR: Para mí el mayor desafío era poder registrar las clases que dictaban los profesores a los estudiantes con la mayor naturalidad posible y siendo lo más fiel al testimonio que pudiera y sin interrumpir esos procesos de aprendizaje.

APU: ¿Y la mayor gratificación?

DR: Creo que siento gratificación por todo lo que he vivido.

Bárbara Brühl Day, la traductora de Dominique agregó: Ella siempre fue bien recibida en los lugares a donde iba. Se trasladaba sola con todo su equipo fotográfico hacia las aldeas, aunque en la primera presentación no mostraba sus cámaras, para no generar un rechazo. Iba siempre con su sonrisa y de a poco entablaba una relación de simpatía y empatía con los lugareños.

 

 

APU: ¿Qué cambios (tanto sociales como técnicos, propios del soporte fotográfico) ha notado o vivido a lo largo de su carrera? ¿Cómo los ha llevado?

DR: Cuando empecé a trabajar en las misiones mi equipo era analógico y tenía una cámara para fotografiar en blanco y negro y otra para las diapositivas en color. La verdad que los llevé bastante bien, es mucho más fácil tener un sólo aparato para trabajar y no tener que llevar cuatro objetivos encima y no necesitar de los rollos fílmicos. Te voy a contar una anécdota: yo volvía de hacer un muy buen reportaje sobre la alfabetización en Etiopía, en medio de la selva donde había unas cascadas hermosas. Cuando llegué y mandé a revelar los rollos a un laboratorio en París, por un error se velaron todas las fotos. Fue horrible. Mi jefe me dijo que volviera pero nunca es igual a la primera impresión. El segundo accidente que tuve fue en Hong Kong: en el check-in de la aerolínea apoyé mis equipos en el piso, al lado mío, y alguien me los robó. Menos mal que fue en Hong Kong, porque pude llamar a París y pedir autorización a la Unesco para comprar al menos un equipo (una sola cámara y un solo objetivo) para poder trabajar durante los meses que durara la misión.

03-dominiqueroger-cultura-Luc-a-Barrera-Oro-0020APU: ¿Creería que hay una diferencia en la mirada o en la forma de mirar femenina en comparación con la masculina?

DR: Sí, la mirada de las mujeres siempre ha sido más indulgente, mucho más abierta y próxima a comunicar que la de los hombres. Yo me imagino siempre qué debían pensar esos hombres que me veían viajando sola, siendo joven, mujer y fotógrafa.

BRD: En el libro ella cuenta muchas anécdotas de países musulmanes, en los que por ejemplo tenía que inventarse una historia sobre ella que no era cierta: iba con fotos, usaba un anillo de casada, como para poder integrarse y estar segura.

APU: ¿Ha vivido alguna situación incómoda o tenido alguna dificultad en los viajes justamente por el hecho de ser mujer y fotógrafa?

DR: Sí, la primera misión en Argelia fue difícil, porque fue justo luego de la declaración de independencia en 1962, y los franceses no eran bien vistos. Menos siendo una mujer francesa sola. Las relaciones eran bastante tensas y difíciles, en lugar de ayudarme me dejaban de lado o se cerraban en su idioma. En el restaurant del hotel, por ejemplo, me servían última para hacerme comprender que estaba fuera de lugar. Esa fue la única vez que tuve esa sensación de no estar incluida.