Cultura //// 16.12.2017
DLSO: el encuentro con la canción perfecta

Una mirada sobre el show de la banda platense, Don Lunfardo y el Señor Otario en el Teatro Sur de la Ciudad de Buenos Aires. 

“El Pánico es ese saber repentino e intolerante que nos dice que todo está vivo”
Capitán Mission – El Fantasma Accidental – William S. Burroughs

Por Rodrigo Lugones.

Foto: Ballantines Fotografías

La última vez que este cronista estuvo en el Club Chacarita de La Plata se fue asfixiado. Atragantado de pastillas. Paniqueando. El lugar era una jaula de transpiración. Explotaba. El calor, insoportable. Cuando las luces se murieron y el sonido se encendió la ansiedad desapareció… pero solo por unos segundos. No lo soporté. En plena medicalización psiquiátrica, manejamos. La fuimos a buscar. A lamer el plato. No importó más nada. Había un goce allí. Una fiesta por vivir.

Vi nacer el día en el interior de mi Chevrolet, con la cara tapada con un buzo Adidas, evitando que el sol me incendiara los ojos. Atrapado en mí mismo. Apenas el rumor de las canciones del final del show de Don Lunfardo me llegaba como un susurro.

El mismo deseo nos arrastró hasta Pompeya el sábado 2 de diciembre. Al coto de caza. En momentos donde la Argentina parece ser un coto de caza. A ver si podíamos luchar contra estas, las bestias que habitan en mí. Si la noche y el futuro eran otros.

1:30 a.m. Un horario distinto. El show arrancaba temprano. 1:30 a.m. y temprano, sí, así son las cosas en el universo de Don Lunfardo y el Señor Otario. Hay algo de la tradición del “solos y de noche” que fue aprehendida por la banda (que también es) de La Plata y lentamente va rumbo a cumplir 20 años.

En la puerta, temprano, los stages avisaban a la gente que esta vez sí. Esta vez arrancaba temprano. Gente que había atiborrado una buena cantidad de micros descansaba en las escaleras de las entradas de los edificios a pura Budweisser, o comía algo en el restorán de Kevin, un yanqui de Filadelfia, amante de los “Sixsers” de la NBA,  que se puso un local de comidas rápidas hace tres años en el sur de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y veía un tanto extrañado, con ojos llenos de gracia, las imágenes que derramaba la noche. Nos soltó una risa extendiéndonos la mano y entró al local, luego de abandonar a Nero que nos esperaba justo en la puerta.

Cambio de costumbres. Cambios de épocas. El Teatro Sur abría las puertas en un horario raro. Tarde para el teatro, temprano para la banda. De todas formas, no nos fuimos hasta las 5 de la mañana. Después de navegar en encrespadas olas de lúpulo e inyectarnos en el pulso del over-drive que proponen los Lunfardo. Un baile sacado. Una eyaculación de miles de pogos. Un agite suicida.

Adentro El Piojo me entrega el fanzine de la banda, Rescatate. Ahora en formato chico. Papel ilustración. Lo estrujo y lo meto en el bolsillo. Lo miro sin verlo. Adentro se esconde un poema de  Lawrence Ferlinghetti, "El Perro". Leo algunas líneas cuando llego a casa. Dice así:

El perro trota libremente por la calle
entre charcos y bebés
gatos y cigarros
salones de billar y policías
Él no odia a los policías
Él simplemente cree que no sirven para nada
pasa frente a ellos
y también de las reses sangrantes
colgadas
frente al mercado de San Francisco.

La letra completa de la nueva canción “Coto de caza” (que para los más viejos se llama “Ojos de coto de caza”). En la última página, una foto de Rafael Nahuel, víctima del coto de caza en que se transformó Argentina.

Una versión definitiva de “Vivir”, una canción cyber-punk, fue uno de los picos más altos de la noche (el solo de slide de Marcos Tradatti es el cénit de la canción que nada sobre bases rítmicas electrónicas ci-fi). Hubo de todo. “Cosmonautas” (con un final interminable, de terror paranoico donde voces avisan que “naves vienen a llevarte”). Canciones de Fotógrafos del abismo. El álbum verde, con todas sus nuevas versiones de vivo. Tan gil como el destino, y felices en final feliz. Casi sugiriendo una despedida del año, una pronta navidad, una feliz navidad.

Volví al pogo. Un show de Don Lunfardo presupone un viaje en el tiempo. El clima es pre 2004. Un dato extraño: pocos celulares erguidos para registrar las imágenes del show. La gente mira con absoluta atención; le importa lo que está viendo, no tiene tiempo para los dispositivos móviles. Disfruta una euforia pulsional erótica. Rock and roll independiente. Do it yourself. La última banda de la contracultura underground argentina, los pontífices del rocanrol independiente cumplieron con un show que tuvo de todo.

Aún se aguarda la llegada, por lo pronto en formato digital, del nuevo disco producido por Martín Carrizo, y las reediciones de Paracaidistas en franco retroceso y Fotógrafos del Abismo, el segundo y tercer álbum de estudio de la banda.

La música que alivia el dolor de existir fue pura celebración. Delirio. Banderas. Un viaje en el tiempo, me repite Nero, insistente, mientras subimos al auto y nos alejamos, con algunas querellas (¿por qué no?) por las calles de Pompeya.