Cultura //// 18.08.2017
Diarios del odio: un arma de combate

Crónica de la puesta en el Centro Cultural Haroldo Conti de la obra dirigida por Silvio Lang, sobre el poemario homónimo de Jacoby y Krochmalny compuestos por una selección de comentarios de lectores realizados en las ediciones digitales de La Nación y Clarín durante el gobierno kirchnerista.

Por Gabriela Ram

Es sábado de veda electoral, falta menos de 12hs para que comiencen las PASO 2017, y en el 29 un muchacho pregunta a otro dónde es la parada de la ex ESMA. Somos varios los que bajamos en el mismo lugar, porque en el Conti están los Diarios del odio inaugurando el ciclo de Teatro y Política. Obra performática, recital pop evangélico y pastiche Queer dónde el grupo ORGIE dirigido por Silvio Lang, pone el cuerpo al poemario homónimo de Jacoby y Krochmalny. Los poemas están compuestos por una selección de comentarios de lectores, realizados en las ediciones digitales de La Nación y Clarín, durante el gobierno Kirchnerista.

La sala del Centro Cultural Haroldo Conti está repleta y hay mucha gente sin entrada esperando, al menos, un pedazo de suelo para ver un grupo de cuerpos prestados al odio. Es ahí, en ese espacio que nos pertenece, en ese suelo que bien sabe de odio y resignificación, donde se van a disolver los individuos cuando baje la luz. Se percibe una tranquilidad en ese nosotros desprovisto de enemigos, un nosotros que se reafirma a través de su propia trinidad: arte, cultura y política. Esa sacrílega trinidad, de este lado del mundo, se materializa en lucha. Y es esa materialidad de la lucha, ese poner el cuerpo a una referencialidad histórica concreta, lo que hace de esta obra de Lang, un acontecimiento necesario de estos tiempos. La puesta en escena de los Diarios del odio es un arma de combate. Nada se esquiva, todo se pone de manifiesto y no hay temor alguno en llamar a cada cosa por su nombre. Las sensaciones, las ideologías y las personas tienen su nombre concreto. En el marco de tanto espanto declarado, un teatro que se hace cargo de poner cuerpo y voz a la política que nos atraviesa hoy, es una forma de respirar. La relación dialéctica entre escena y política es una marca distintiva en los trabajos de Silvio Lang. Tanto en sus puestas (Meyerhold, freackshow del infortunio/El Fiord/Las Thénon/Integral Pavlovsky/Salón Skeffington), como en su producción teórica, de investigación e intervención escénica del espacio publico.

En esta puesta de Lang y el grupo ORGIE, los poemas del odio se transforman en temas de un recital pop evangélico. En otro plano una masa de cuerpos expone un manifiesto coreográfico traductor de lo discursivo. Por momentos la masa representa manifestaciones sociales, represión policial, desalojos, rituales, tomas de territorio, fiesta y odio. Hay cuerpos que se recortan de la masa y desde un palco donde está la banda oficial, son invitados como vecinos a dar su discurso de opinión en clave musical. La obra sostiene la organización temática aplicada por Jacoby y Krochmalny en el poemario. Cada poema refiere a un eje de las políticas del kirchnerismo que más odio despertaron en el sector de la sociedad que hoy, en algunos casos con orgullo infundado y otros con pudorosa cobardía, se declaran oficialistas: políticas de DD.HH, de memoria, precios cuidados, ley de identidad de género, inclusión social, etc.

Pareciera que en esta obra performática todo funciona por oposición a las formas que el neoliberalismo, de la mano del macrismo, pretende imponer sobre nuestros cuerpos, sobre nuestras relaciones e instituciones. Ante un modelo de homogenización y estandarización, la obra responde con diversificación. Ante un gobierno que nos subestima mediante la manipulación mediática, esta obra pone en escena la verdad cruda del odio que la derecha maceró durante años. Un motor de venganza que hoy se encuentra liberado tanto en las calles como en las fuerzas represivas. Ante una discursividad pastoral puesta en marcha por los dirigentes de Cambiemos de la mano de Peña, el gran pai marketinero, la obra utiliza el lenguaje literal del odio. Un lenguaje sin adorno ficcional que es voz del actual rebaño oficialista.
Quien conoce de dónde nace esta obra performática va con cierta disposición al sufrimiento y con el estómago preparado para todo. Entramos sabiendo que el pacto ficcional es relativo. Los cuerpos del publico no están quietos, hay una tensión y expresión directa que los lleva a moverse en sus butacas. Las expresiones a modo de palabra no demoran en aparecer. El publico también necesita decir lo suyo ante tanta carne. Sin los acertados destellos de parodia, el material no sería posible de digerir, aunque en el fondo sepamos que ahí solo hay verdad. Ese desprecio y odio manifiesto es tan verdadero como las miles de personas que marchamos diciendo Ni una menos, no al 2x1, no a la baja, ningún pibe preso, libertad a Milagro Sala y APARICIÓN CON VIDA DE SANTIAGO MALDONADO.

En tiempos dónde no hay respiro y la única certeza es que nos gobierna el peor de lo enemigos, es urgente encontrar nuevas formas de decir-nos. En Diarios del odio podemos encontrarnos dichos, vernos por oposición. Es un relieve en la escena teatral, moldeado con brutal convicción; y es en ese ímpetu en el que nace una belleza estético política. Ante la ausencia de justicia social, surge en este ritual la justicia poética para salvarnos.

Todo termina, el publico aplaude y asiente con la cabeza. Nos sentimos expuestos y a salvo casi todas las personas que estamos en la sala. Pero hay una mujer, delante mío, que insulta a su marido por llevarla a un lugar de porquería, dónde ella "claramente no tenía nada que ver". Él, cabizbajo, le pide disculpas por no saber que era "una obra de homosexuales". Yo, no puedo dejar de imaginarlos, sentados frente a la computadora leyendo La Nación y haciendo sus comentarios del odio. No deja de haber en esto, una encarnación de la mismísima justicia poética.

¿A quién le pertenece el odio? Odio de clase, al negro, al de abajo. Odio y temor al poder popular, a la autonomía y a la justicia social. Odio a la libertad sexual y a la revolución, que será feminista o no será. ¿Qué puede un cuerpo?

Diarios del odio, de Silvio Lang y el grupo ORGIE, se presenta esporádicamente en diferentes espacios. Ingrese aquí para ver las próximas presentaciones
Dramaturgia y dirección: Silvio Lang
Asistencia de dirección: Sofía D´Amelio
Actúan: Marcos Arriola, Marcio Barceló, Eva Calderone, Augusto Chiappe, Tomás Deías Spreng, Julián Dubié, María Jesús González Landeta, Ramiro Guggiari, Rodrigo Hache, Hugo Martínez, Soledad Marrero,  Rodolfo Opazo, Valentín Piñeyro, Flor Sánchez Elía, Nahuel Vec, Nehuen Zapata, Gianluca Zonzini.
Composición y dirección musical: Valentín Piñeyro
Entrenamiento de movimiento: Rodolfo Opazo
Diseño de maquillaje y máscaras: Emanuel Nem
Asistencia de maquillaje: Jimena Azzati
Asesoría de vestuario: Endi Ruiz
Asesoría teórica: Pedro Yagüe / Santiago Azzati
Registro y documentación audiovisual: Yasmin Reguero / Magalí Matilla / Daniela Horovitz / ORGIE
Diseño gráfico: Julián Dubié
Producción: Madriguera