Cultura //// 18.03.2019
Des(Cosidas): estamos desbordadas

(Des) cosidas es una performance colectiva que busca visibilizar a las mujeres víctimas de femicidio en el 2018 por medio de una acción que las nombra y denuncia lo terrible y peligroso del diario vivir para las mujeres en la Argentina.

Por Giselle Aronson y Silvina Gruppo
Fotos: Mónica Melián y Gastón D´Amico

El 8M volvió a hacer visible que la lucha feminista es multitudinaria, viva, ruidosa, brillante y diversa. Esa marea de cuerpos seguirá alzando la voz en las distintas esferas profesionales, laborales y domésticas. Al día siguiente del paro de mujeres nos volvimos a atar los pañuelos violetas y verdes y nos encontramos en el Museo Histórico Municipal de Ituzaingó para el abrazo y la lucha.

Laura Domínguez y Viviana Ramos Di Tommaso son artistas visuales, cada una persigue su propia exploración estética, pero, urgidas por la necesidad de participar de la lucha política desde lo que saben hacer, se unieron bajo el nombre Las Domínguez de Ramos y vienen realizando distintas performances en donde el arte y la militancia se mezclan y logran hacer del horror una poesía cruda llena de voces. El resultado es un llamamiento conmovedor a la justicia y a la memoria.

En esta oportunidad se trató de una acción colectiva para visibilizar a las víctimas de femicidios de 2018. El observatorio de mujeres Mumalá registró que doscientas cincuenta y nueve mujeres fueron asesinadas por el solo hecho de ser mujeres. La propuesta de Las Domínguez de Ramos rompe con la naturalización de las estadísticas y le devuelve a cada mujer muerta el grado más básico de su identidad: el nombre, el tiempo de pronunciarlo, el tiempo de bordarlo en una tela.

Al llegar al Museo Histórico Municipal de Ituzaingó se encontraban doce lienzos enormes en los que estaban bordados a mano, con hilo rojo, los nombres y apellidos de las mujeres asesinadas durante 2018.

Cristina Reinhold se encargó de bordar. Eligió un hilo rojo, calculó el largo, enhebró una aguja, anudó. Marcó un vaivén, por debajo, por arriba de la tela. Bordó el nombre de otra mujer y repitió la tarea doscientos cincuenta y nueve veces, con cada uno de los nombres de las mujeres víctimas de femicidios.

Doce resultaron los lienzos bordados, los nombres en rojo. El bordado no estaba cerrado, del final de cada nombre sobresalía la punta del hilo. Alguien podía tirar y deshacer el bordado, desaparecerlo, volver el lienzo blanco, la sombra de un nombre que estuvo y ya no está. En poquísimos segundos, alguien podía desarmar la labor que a unas manos les llevó meses de hilo, aguja, vaivén, tela, encadenar la forma en un nombre de mujer.

Algunas leíamos en voz alta los nombres, apellidos y edades de las mujeres muertas y, al mismo tiempo, otras descosían los bordados de las telas. Empezó como algo pausado, cada una por vez, pero la necesidad de alzar la voz nos fue ganando y se hizo imposible esperar el turno, mientras las víctimas eran des-bordadas, también nosotras nos íbamos desbordando, perdíamos los límites individuales para ser parte de un conjunto colectivo que alzaba la voz y dejaba caer las lágrimas. Fue sumamente violento ver cómo de un tirón desaparecía un trabajo manual que habría llevado tanto tiempo y dedicación. Y, peor aún, era saber que se trataba de un gesto simbólico mínimo: con la misma impunidad con la que desaparecían las letras de la tela, se había terminado con una vida.

Le pusimos nuestra voz a esos nombres y fuimos descosiendo y desbordándolos, desbordándonos en el acto, en las lágrimas, el grito, la mirada, el temblor.

¿Cuánto tiempo se precisa para descoser un nombre que ha sido impreso en una tela? ¿Cuánto tiempo lleva evocar a cada una de esas mujeres y la edad que tenían? ¿En cuántos minutos se asesina una vida? ¿Qué dimensión cobra el momento en que se borra del lienzo la existencia de una mujer, una trama que se hizo de manos, ojos, memoria, cuerpo, historia, voces?

¿Puede realmente borrarse un nombre?

No. No si existen y resisten acciones e intervenciones como esta.

Los lienzos ya no exhiben los nombres en rojo, fueron des-cosidos, pero aún son legibles, queda la estela fantasmal formada por el recorrido que hicieron las agujas, como si se trataran de cicatrices en la tela, en la memoria.

Performance: (Des)cosidas. Acción colectiva para visibilizar a las mujeres víctimas de femicidio. Propuesta de Las Domínguez de Ramos.

Des(Cosidas) from Las Dominguez de Ramos on Vimeo.