fbpx Baschetti: “Ese restablecimiento del orden no fue otra cosa que la desaparición de miles de personas” | Agencia Paco Urondo | Periodismo militante
Cultura //// 05.04.2020
Baschetti: “Ese restablecimiento del orden no fue otra cosa que la desaparición de miles de personas”

En este nuevo aniversario de la dictadura cívico militar en Argentina, dialogamos con el historiador Roberto Baschetti, quien revela información imprescindible para comprender al conjunto de fuerzas civiles y militares que planificaron y ejecutaron el genocidio. Por Miguel Martínez Naón.

Fotos: Salvador Lole García

Por Miguel Martinez Naón

 

 

Agencia Paco Urondo: Gracias a tu voluntad y solidaridad peronista se ha podido rescatar la historia de muchos y muchas militantes, sus historias cotidianas, sus oficios y anhelos, su destino final. Armaste una página con la historia de cada uno en orden alfabético (www.robertobaschetti.com) ¿cómo ha resultado para vos esta experiencia de recopilar estas historias durante tantos años? ¿Qué respuestas has recibido?

Roberto Baschetti: Para responder a esta pregunta debo hacer un poco de historia previa. Preparando mis libros de la Resistencia Peronista, sobre todo los relacionados al período 1976 a 1980, fueron surgiendo un cúmulo importante de nombres de militantes secuestrados y desaparecidos. Ahora bien, en la esfera pública de los DD.HH. y sobre todo al principio del regreso de la democracia, no había voluntad de reivindicar la opción y la acción política de esos asesinados por el régimen, y la disputa y la polémica se centraban más en que desde el Estado se reconociera que ya no estaban entre nosotros y que habían sido asesinados por ese mismo Estado y por lo cual, los culpables debían pagar.

Hasta llegó a haber una madre de un compañero desaparecido –madre que ahora abreva en Cambiemos y nucleó a los intelectuales de derecha de ese espacio político macrista- que dijo que a su hijo se lo habían llevado por “error” porque estaba en la libreta de direcciones de un “guerrillero”.

Dadas así las cosas me pareció necesario e impostergable reivindicar la militancia política de los compañeros ausentes. Porque si no hacíamos nada al respecto, se los estaba matando dos veces: una cuando lo hizo el Estado represor y otra cuando se le negaba su ideología política, su militancia, en fin; las razones por las cuales esos hombres y mujeres estuvieron inclusive, decididos a dar la vida por un ideal.

Amplié mi lectura diaria. Descubrí que en cada lugar, en cada facultad, en cada ámbito barrial; el pueblo, la gente, los compañeros que sobrevivieron al genocidio comenzaron a reivindicar y a honrar a sus muertos.

 

APU: ¿Quiénes fueron los primeros los primeros lectores tu página?

R.B: Un caso típico. Jovencitos de pueblos pequeños, graduados en periodismo o historia y con sensibilidad social, lo primero que hacían era buscar información entre sus mayores, romper el silencio impuesto, recuperar datos, agrupar a los “desaparecidos” de esa zona y darlos a conocer en toda su magnitud. Mi archivo hizo el resto.

Así fui conformando esa página a la que hacés referencia (www.robertobaschetti.com) y donde hay alrededor de cinco mil compañeros del palo, de todas las vertientes del peronismo revolucionario. Y hecha realidad esta página –que se nutre y enriquece día a día- se ha conformado un nuevo doble fenómeno.

Por un lado jóvenes y otros que ya no lo son tanto, que gracias a lo que leen en mi sitio web se enteran de que aquel ser querido u olvidado de la familia (según los casos, en una u otra categoría), no fue como les dijeron en el ámbito familiar: Muertos en un accidente de tránsito o de avión, o se fueron inexplicablemente y nunca más volvieron, o la muletilla recurrente, “de eso no se habla”. Ahora saben, por mis escritos, que los ausentes, eran tipas y tipos militantes con convicciones claras y firmes. Y que por eso los mataron.

El otro fenómeno es que como ocurría con aquellas páginas que confeccionó Rodolfo Walsh y su equipo en plena dictadura (ANCLA y Cadena Informativa), el pueblo, la gente, el vecino, el amigo, el exiliado, el ex preso político, acerca información. Y así en muchísimos casos me hago del dato que no tenía, del testimonio que suma o de la foto que me faltaba para ilustrar la reseña de tal compañero.

La página en sí ya no me pertenece a mí solo, es en sentido figurado de todos, como una identidad colectiva que crece día a día. Inclusive he aportado información a los juzgados federales que lo han requerido y debí testimoniar en juicios contra represores y asesinos, varias veces.

Podemos afirmar que es un triunfo popular enmarcado como siempre en la consigna: Memoria, Verdad y Justicia.      

APU: Se está cumpliendo un nuevo aniversario del golpe genocida del 24 de marzo de 1976, ¿cómo recordás aquel día?

R.B: ¿Cómo recuerdo aquel día? En particular no lo tengo presente. No me viene a la memoria ningún dato distintivo. Si puedo afirmar que el golpe se veía venir ya con mucha antelación; solo faltaba saber el día exacto. Al respecto, solo alcanza con releer los diarios de la época.

La pregunta del millón es quien lo propició y por qué. Quien lo ejecutó ya lo sabemos.

Y aquí debo hacer un análisis exhaustivo.

Ya durante el tercer gobierno peronista (1973-1976), una suma de factores desfavorables, aceleraron su fracaso. Pueden mencionarse entre ellos: el enfrentamiento a muerte entre la derecha y la izquierda peronista, la avanzada edad de Perón, la desacertada elección que hizo de muchos de sus colaboradores más directos y/o importantes por los cargos que detentaban: una inepta Isabel Martínez puesta a gobernar, un lunático López Rega que debió huir del país por la repulsa generalizada, Jorge Osinde (uno de los culpables de la matanza de Ezeiza, el 20-6-73) confirmado en su custodia luego de los hechos, Villar y Margaride comisarios represores en la Policía Federal, Massera ascendido en la Marina de Guerra. Y por otro lado la aparición de la Triple A, que se sabe eran también las Tres Armas implantando el terror y haciendo el trabajo sucio antes del golpe.

El periodista, escritor y polemista televisivo en el programa “Intratables”, Ceferino Reato, en el curso del 2011, sacó un libro cuyo tema es el ataque armado de Montoneros al cuartel militar del RIM 29 en Formosa, un 5 de octubre de 1975. Su título es “Operación Primicia” y ya, un subtítulo –intencionado- acompaña la falacia instalada: “El ataque de Montoneros que provocó el golpe de 1976”.

Que Montoneros haya caído en la espiral de violencia sucedida en aquella época e inclusive la haya potenciado es cierto. Que muchas de sus decisiones principales (paso a la clandestinidad, por ejemplo) con el tiempo se hayan mostrado erradas, también es cierto. Pero de allí a inferir que el golpe del ’76 fue por su culpa, única y exclusivamente, es algo que no se ajusta a la verdad.

El hecho fundamental que llevó a los golpistas al baño de sangre que padecimos, se debió a la organización y avance de las “Coordinadoras de Gremios en Lucha”, durante el “Rodrigazo” (julio de 1975), cuando por primera vez en la historia argentina, millares de obreros, masivamente, pasaron por encima de sus vacilantes burocracias sindicales y enfrentaron cara a cara al poder económico. Y paralizaron el país hasta lograr su cometido.

Ahí el “establishment” comprendió rápidamente que ya no había marcha atrás ni negociación posible: los sindicalistas ortodoxos ya no paraban a nadie con la “camiseta peronista” y encima las nuevas agrupaciones sindicales revolucionarias –donde el PRT y Montoneros, además del Peronismo de Base, hacían punta- tenían un trabajo territorial muy desarrollado, negociaban directamente con la patronal haciendo cumplir a rajatabla sus derechos como trabajadores y además marcaban los ritmos de producción de las empresas. Algo que se sabe molesta bastante a todos esos bien-pensantes que cacarean con la inviolabilidad de la propiedad privada, pero nada dicen sobre la explotación obrera.

 

APU: Te estás refiriendo a los responsables civiles de la represión…

R.B: Sí, desde el poder se dieron cuenta a quien había que destruir urgentemente y entonces también se entiende la colaboración de las empresas monopólicas e imperialistas con la represión, acercando a la misma, los legajos con foto y todo, de aquellos gremialistas y sindicalistas que defendían a sus compañeros de trabajo. 

Los grupos de tareas iban por la noche a sus casas y los hacían “desaparecer” para siempre. O directamente se daban una vuelta por la fábrica y se los llevaban maniatados y encapuchados para generar el terror entre sus compañeros de trabajo.

Actualmente, ya se investiga la participación de Techint, Loma Negra, Mercedes Benz, etc. en hechos de esa naturaleza. Y ya hay algunos culpables sentenciados. Recalco en tal sentido, la aseveración de la investigadora del FLACSO, Victoria Basualdo, cuando afirma que “la organización en las fábricas era una amenaza para los empresarios” y que por lo tanto delegados y comisiones internas sufrieron “la represión más sangrienta”. (Reportaje en Tiempo Argentino. 18-12-2011).

En el mismo sentido va una investigación estadística de la Comisión Nacional sobre Desaparecidos (CONADEP). Asevera que el porcentaje de obreros “desaparecidos” alcanza el 30,2%. Súmese a este guarismo, un 17,9% al rubro empleados, el 5,7% a docentes, el 5,0% a trabajadores autónomos y el 1,3% a periodistas. Lo que da un porcentaje total del 60,1 por ciento de laburantes asesinados.

Concluyo mi análisis con una reflexión final que apunta en el mismo sentido. En agosto de 1975, estos grandes grupos capitalistas fundaron la APEGE (Asociación Permanente de Entidades Gremiales Empresarias). Su función política fue preparar el caldo social necesario para promover un golpe de Estado. Es decir, buscar el acaparamiento de productos, forzar la iliquidez monetaria, acelerar la inflación, provocar el desabastecimiento, dar cabida al lock-out patronal. Seis meses más tarde el golpe era un hecho.

APU: ¿Y cómo se conformó esta asociación?

R.B: La APEGE estaba integrada entre otras entidades, por el Consejo Empresario Argentino (Techint, Acindar, Macri, Fortabat, Pescarmona, Bulgheroni, Clarín, La Nación, Bunge & Born, etc.), la Sociedad Rural, CARBAP (Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa), la Cámara de la Construcción y ADEBA (la Asociación de Bancos Argentinos. Privados, claro está).

Pues bien, al cumplirse un año del golpe cívico-militar (marzo de 1977), la antes citada APEGE a través de una solicitada publicada en los principales diarios del país “considera un deber ineludible expresar su reconocimiento a las Fuerzas Armadas y de seguridad, por la decisión, coraje y eficacia con que asumieron la responsabilidad de restablecer el orden”. Convengamos que ese restablecimiento del orden no fue otra cosa que el secuestro, la desaparición, tortura y asesinato de miles de personas, la desaparición y la apropiación de niños indefensos y el posterior asesinato de sus madres parturientas.

Me queda absolutamente claro, quienes fueron los máximos culpables y beneficiarios a la vez, de ese golpe de Estado del que ahora se cumplen 44 años.