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Cultura //// 13.10.2019
Automotores Orletti: "El Jardín de la memoria"

Imágenes de la visita al ex centro clandestino de detención, tortura y exterminio O.T. 1.8 inquietan mi pluma a escribir sobre La Memoria más allá de la praxis del recuerdo, bordeando una historia colmada de reducciones, tachaduras, y signos de pregunta. Por Natalia Carrizo.

Fotos: Natalia Carrizo

Por Natalia Carrizo

 

Automotores Orletti

Desde afuera, hubiera sido posible mirar la fachada sin suponer el horror; el tamaño del lugar, y de la crueldad que retumbó en sus paredes, sería muy difícil de desentrañar desde la plazoleta que descansa en la vereda de enfrente, acunada por el sonido de trenes que vienen y van. Pero ahora un cartel anuncia: Espacio para la memoria y la promoción de los derechos humanos. Ex centro clandestino de detención, tortura y exterminio “Automotores Orletti”. Debajo un grafiti pide: “Cárcel común, perpetua y efectiva”.

Orletti, también conocido en la dictadura como “El Jardín”, previamente había sido un taller mecánico, luego fue una casa habitada por una familia, y más tarde, un taller clandestino de confección de prendas de vestir. Al lado del inmueble funciona una escuela, que ya estaba en curso también en aquella larga noche negra; niños jugando a una pared de distancia del cautiverio de tantos compañeros. Me pregunto si alguna vez alguno de esos niños habrá escuchado algo más que música al otro lado de su patio de juegos.

El montaje de este centro clandestino estuvo a cargo de la SIDE; un inmueble privado arrendado por Eduardo Ruffo a Santiago Cortell para el “almacenamiento de mercaderías en tránsito”. Desde allí operó el grupo de Aníbal Gordon, ex jefe de la Alianza Anticomunista Argentina.

Esa relación, Triple A en democracia / SIDE en dictadura, pone de manifiesto, una vez más, que la semilla de lo ocurrido durante el Proceso fue germinada en democracia; resuena como una alerta sobre todas las violencias institucionales, articulaciones con el poder económico, y tácitos pactos de silencio de la sociedad civil, incluso en el presente.  

La visita

Ingresamos y nos reunimos en la planta baja para comenzar la visita guiada por el lugar, así da inicio una actividad cultural que nos convoca para llenar de poesía, música, y arte esas paredes; para seguir honrando de luchas el hoy, acompañando del reclamo de Madres Víctimas de Trata.  Me parece una gran interpretación de la memoria; memoria no es recordar lo que pasó, es continuar trabajando para que no se siga repitiendo. La memoria es una función presente.

Hice otras visitas en otros espacios recuperados que fueron centros clandestinos, sin embargo, mientras camino por Orletti se me agolpa una emotividad diferente. El Turco nos cuenta sobre la historia del inmueble, sobre el Operativo Cóndor y los compañeros latinoamericanos detenidos allí en el marco de la coordinación internacional del exterminio, sobre la importancia de recuperar sus nombres, sobre el funcionamiento de ese lugar. 

En mi escucha algo suena diferente, lo distingo, lo singular es su voz, la emoción en su voz, y esa decidida intención de no apuntalar su discurso en la narrativa de los hechos más macabros, los que todos sabemos, los que se pueden oír en los testimonios grabados del juicio a las juntas, recopilarse de las causas posteriores o leerse del Nunca Más; una decisión de no ceder al manto morbo. Eso me abre la puerta a otro estado, conjunción de sensaciones encontradas, una mezcla de tristeza e impotencia ante el pasado, de profundo pesar por todo lo sabido que grácilmente se ahorra otra repetición en la victoria de lo que elige callar, y también, una potencia delgada e infinita, la apacible alegría de saber por qué estamos ahí… No nos han vencido.

Vamos al piso superior, nos muestra el trabajo que han hecho en las paredes para recuperar los colores de la pintura de ayer y facilitar el testimonio de los sobrevivientes que fueron secuestrados en aquel lugar. Nos cuenta sobre la disposición de las habitaciones y sus usos: oficinas, celdas, sala para los milicos, sala de tortura, celda para niños. Sé de la fuga que culminó en el cierre del funcionamiento de este centro; en la sala de tortura veo una viga, un alambre y una soga que cuelgan de ella, pienso en Graciela zafando de allí, en José… Me voy desprendiendo del relato.

En la calle el sol cuece el asfalto y, sin embargo, el frío que se mece allí es tan brutal que es posible oírlo horadando los propios huesos. Pienso que los muros quizá tienen su propia memoria. Pienso que estamos allí para hacer de esa memoria, de ese ayer tan imposiblemente cruento, tan injustamente sórdido, una nueva posibilidad llena de vida, de impulso por la vida. Esa es mi fuga.

Me abstraigo del horror. Nosotros que recorremos el lugar, aquellas paredes de grito mudo, y la voz del Turco tan llena de emoción, somos, unidos en este instante, una sola flor que crece porfiada entre las grietas del cemento de la historia. Somos la raíz que profundiza su arraigo en la tierra para que el tallo encuentre el sol. Somos los ojos que encuentran la flor rompiendo la gris ciudad, y ríen ajustando arrugas que tienen, como los muros, su propia memoria.

Memoria es cultura (y viceversa)

Reflejo de luchas, caminatas en círculo, lacres de silencio roto, fotos en blanco y negro, nombres, fechas, testimonios, relatos, investigaciones, comparaciones de ADN, búsquedas incansables… Haciendo método del no-olvido llenamos de memoria la cultura de nuestra sociedad; ahora es tiempo de llenar de cultura la memoria. Ese es el ejercicio presente, la función viva que la convierte en mucho más que un oficio del recuerdo.

EnRedArtes es una actividad convocada por el Colectivo de Poetas por la Memoria, la Verdad y la Justicia, Madres Víctimas de Trata y Bloque de Trabajadorxs Migrantes. Poesía, teatro y música circundando vida en estas paredes, un reflejo incesante hacia la dignidad. Y ese reflejo se convierte en lucha, no es por el hábito de luchar, sino por la necesidad de defender una dignidad tan frecuentemente amenazada y arrebatada.

Leo ‘No están perdidas’ como cierre de la representación teatral del grupo Les Bardini que ilustra el secuestro y cautiverio de las mujeres víctimas de trata. Luego habla Margarita Meira, ella fue privada de su hija, Susi, hace unos años supo fue asesinada. Todavía pide justicia, es una voz que lucha para que nuestro presente no se ande olvidando que a esta hora exactamente, en cientos de prostíbulos, hay mujeres secuestradas, denigradas y obligadas a prostituirse; es decir, siendo sistemáticamente violadas, comercializadas, esclavizadas. Y para que tampoco olvidemos que esto ocurre con la complicidad de muchos miembros de las fuerzas de seguridad, y funcionarios de juzgados, intendencias, gobernaciones; es decir, con la connivencia de personas que se sirven de su poder en el aparato del Estado. Su voz toca estas paredes que tanto saben del dolor.

Aquí estamos, resignificando espacios que sirvieron al Terrorismo de Estado; que ahora nos sirven, y nos toca llenarlos, poner el cuerpo donde sólo parece querer huir, quizá como reflejo de lo que las paredes recuerdan. Ahora toca rehabitar, reivindicar, y llenar toda esa memoria de cultura, poner la cultura y la memoria al servicio de las luchas urgentes de hoy; para que florezca una flor en el cemento de la historia del inmueble que se conoció como El Jardín; para que florezcan mil flores, cientos de miles de flores en este y todos los espacios… Para que se nos quede afirmado en la cultura y en la memoria eso de que no pueden detener la primavera.

Para más información sobre las visitas

https://www.facebook.com/exccautomotoresorletti