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Cultura //// 03.11.2019
Arte callejero: detrás de los cuarenta segundos

Gran parte de la sociedad sigue viendo incompatible la idea de arte y trabajo. La lectura de las posiciones gubernamentales y de tres trabajadores del arte callejero de San Juan, ayuda a redescubrir sus aristas. Por Franco Muñoz.

Por Franco Muñoz

 

La mayoría de las/los artistas entienden al trabajo como cualquier actividad en la que se invierte tiempo y energía a cambio de una remuneración económica. Sin embargo, gran parte de la sociedad sigue viendo incompatible la idea de arte y trabajo. La lectura de las posiciones gubernamentales y de tres trabajadores del arte callejero ayuda a redescubrir sus aristas.

Romina Torres, Directora de Políticas e Industrias Culturales, explica que las acciones del gobierno provincial en estos últimos cuatro años se dividieron en dos. Por un lado, desde el Ministerio de Gobierno se enfocaron en facilitar los permisos legales para que las/los artistas se expresen en el espacio público y evitar represión policial. Se armaron mesas de diálogo en las que confluyeron funcionarios de las áreas de Cultura y Derechos Humanos, miembros de la Policía de San Juan y artistas del Movimiento de Artistas Callejeros de San Juan (MACS). Torres destaca que hay más comunicación entre todos los actores y que frente a casos de violencia, el Estado busca una rápida solución: “Ahora se toman ese tipo de recaudos. Cuando pasan, son casos puntuales”.

Mayra Olivares en foto.

Por otro lado, Industrias Culturales ha trabajado con MACS para crear programas sociales como “Viví la plaza”, un evento con actividades recreativas circenses y teatrales en las plazas de San Juan. Desde esta Dirección se incentiva a que las/los artistas se asocien debido a que es más sencilla su contratación y pago, y así no obligarlos a ser monotributistas. Además, la directora plantea que desde la Dirección entienden que su objetivo está en profesionalizar la cultura. Primero, capacitar al artista para que se autoperciba como trabajador y segundo, lograr que la sociedad la entienda como un trabajo: “Una parte es que el trabajador de la cultura se considere como tal (es lo más importante) y después que la sociedad también lo avale. La sociedad no va a decir que un médico no es un trabajador, pero a lo mejor niega esa condición a un artista”.

El esquema actual de acciones está enmarcado en el Programa Emprendedor Cultural, que busca potenciar todo el proceso productivo de las Industrias Culturales. A futuro, las metas son fortalecer más la parte de formación y lograr mayores espacios para comercialización. “Todavía no terminamos de contar, pero han ingresado más de mil expedientes de Emprendedor Cultural. Eso habla también de que hay gente que está entendiendo lo que son las industrias culturales”, detalla. Sin embargo, lo que las/los artistas viven todos los días en la calle muestra otras realidades.

Francisco Yubero estudia en la Escuela de Música de la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ) y toca la trompeta en “el faro” (el código que usan entre las/los  artistas callejeros para hablar de estar en un semáforo) para bancar sus gastos personales. Elige trabajar en la calle, siente que la mayoría del público le muestra su cariño y que el Estado, que para él podría funcionar como un “trampolín para los artistas”, se acuerda de ellas y ellos sólo para eventos esporádicos, como la anual Fiesta Nacional del Sol (FNS).

 Francisco Nahuel en foto.

Francisco Nahuel es trabajador circense en esquinas y en otros proyectos y, junto a su compañera Mayra Olivares, sostienen su familia gracias al “faro”. Francisco destaca la falta de valoración de la sociedad de su trabajo y Mayra pone el acento en el prejuicio de la gente cuando los ven trabajar y estar con su hijo. Al respecto, su compañero agrega: “Cuando estamos en la calle no podemos estar los dos trabajando a la vez, porque ahí sí sería un descuido para el bebé. Ya va a llegar el momento en que aprenda a quedarse sentado mirando la función de los padres. Nos acompaña porque somos sus padres y somos los que estamos trabajando”.

La mayor oferta laboral que brinda el Gobierno provincial se condensa en la FNS, evento en el que aceptan trabajar porque reconocen que es una de las pocas seguridades que la provincia ofrece. Además, Nahuel destaca cómo los mismos municipios ponen trabas para que las/los artistas se expresen en los espacios públicos: “Inclusive en las mismas plazas, si no sacas un permiso con meses de anticipo no podés actuar. Se hace un poco difícil saber qué voy a estar haciendo el 8 de diciembre ahora. Son las pautas que te pone la municipalidad para utilizar los espacios ‘públicos”.

Francisco sintetiza parte de sus reclamos en que la falta de apoyo del Estado está en contactar a las/los artistas sólo para algunos eventos, la inexistencia de un registro para facilitar el contacto y una escasa visión de una política pública a largo plazo. “Es todo un proceso. No es que el Gobierno apoya y el mes que viene todos los artistas de circo salen de la crisis, están a flote, tienen contraprestaciones. Eso no es así", destaca.

Roberto Tawa hace funciones de títeres en colectivos durante la semana y sábados y domingos, arma su espectáculo infantil en el Parque de Mayo. Para él, "el arte callejero es una forma autogestiva de trabajo". Como los anteriores, destaca que el Estado provincial sólo los busca para eventos como “Viví la plaza”, quien paga a través de un expediente que se cobra meses después de la función. Roberto Tawa se posiciona en la idea de arte como herramienta de transformación y siente que la comunidad aún sigue sin verlos como trabajadores de la cultura.

Francisco Yubero en foto.

Sólo basta salir a la calle y hablar con las pibas y los pibes que trabajan en el “faro” para ver cómo el arte callejero es un tema complejo. Hay otra realidad que no se soluciona con presentar proyectos y esperar a que se aprueben, en trabajar con los artistas para eventos agendados de acá a meses y pagarles mucho tiempo después. Es una falta de visión de una política pública a largo plazo. Porque en el mientras tanto hay chicas y chicos que trabajan todos los días para mantenerse, que luchan contra el estigma social de que el arte no es trabajo. La presencia del Estado no tiene que estar en mega-eventos sino en la cotidianeidad. Detrás de esas acciones esporádicas, está la libertad individual del artista para elegir trabajar de lo que le gusta. Nahuel retrató la situación en una imagen clara: “Acá se muestran cuarenta segundos de semáforo, pero es lo que he aprendido en los últimos diez años de mi vida. No es solamente los cuarenta segundos que ve la gente, es lo que uno le dedica”.